Si un libro es una cápsula de tiempo como dices, entonces perderlo es perder un estado del mundo. Algunos libros que regalé hace años probablemente no significa lo mismo ahora. Y eso es raro de pensar.
Vidas que nunca vivimos
Hay quienes dicen que leer es escapar.
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Pensamiento
Si un libro es una cápsula de tiempo como dices, entonces perderlo es perder un estado del mundo. Algunos libros que regalé hace años probablemente no significa lo mismo ahora. Y eso es raro de pensar.
Contenido de la publicación
Hay quienes dicen que leer es escapar.
Yo creo que es todo lo contrario.
Creo que leer es entrar.
Entrar en otras vidas,
en otros tiempos,
en lugares donde nunca estuvimos
y quizás nunca estaremos.
Es abrir una puerta
y encontrarnos del otro lado
con alguien que no conocemos
pero que, después de algunas páginas,
sentimos que conocemos de toda la vida.
Leer es viajar sin hacer las valijas.
Es caminar por calles que nunca pisamos,
mirar paisajes que jamás vimos,
escuchar voces que nacieron de una imaginación
y sentirlas tan cerca
como si nos hablaran al oído.
Es enamorarse de alguien que no existe.
Odiar a alguien que jamás hizo daño.
Llorar por una despedida
que nunca ocurrió.
Y qué extraño, ¿no?
Llorar por personas que no existen
y extrañar lugares en los que nunca estuvimos.
Quizás porque los libros tienen esa magia:
nos recuerdan que la imaginación también puede ser una forma de memoria.
Y después están las librerías.
Ese pequeño ritual de entrar
sin saber exactamente qué buscamos
y dejar que un libro nos encuentre.
Mirar las tapas.
Leer unas líneas.
Dar vuelta el libro.
Leer una reseña.
Y sentir, de repente,
que hay una historia ahí adentro
que está esperando nuestras manos.
A veces compro libros así.
Por una tapa.
Por un título.
Por una frase.
Como quien se enamora sin saber demasiado
y decide arriesgarse.
Y casi siempre funciona.
Porque algunos libros llegan a nuestra vida
como llegan ciertas personas:
sin avisar,
sin hacer demasiado ruido,
pero quedándose mucho más de lo que imaginábamos.
Y después pienso en quienes los escriben.
En ese instante en que alguien se sienta frente a una hoja en blanco
y empieza a inventar un mundo.
No sé qué espera un escritor de nosotros.
Quizás espera que riamos.
Que lloremos.
Que pensemos.
Que nos enamoremos.
Pero hay algo que el escritor no puede controlar:
lo que cada lector va a poner de sí mismo en esas páginas.
Porque el escritor escribe con palabras.
Pero el lector lee con su alma.
Con sus recuerdos.
Con sus heridas.
Con sus amores.
Con sus pérdidas.
Con todo aquello que todavía lleva adentro.
Y entonces una misma historia
deja de ser una sola historia.
Se convierte en tantas historias
como personas la lean.
Quizás por eso un libro nunca termina cuando llegamos a la última página.
Hay historias que siguen viviendo en nosotros
mucho después de haber cerrado el libro.
Una frase que vuelve.
Un personaje que recordamos.
Una escena que aparece de repente
mientras estamos haciendo cualquier otra cosa.
Y entonces entendemos que algo quedó.
Algo nuestro.
Porque también eso hacen los libros:
nos dejan una parte de ellos
y se llevan una parte de nosotros.
Por eso prestar un libro
es un acto de confianza.
Y regalarlo, quizás,
una forma de querer.
Porque no estás entregando solamente un objeto.
Estás entregando una historia que alguna vez pasó por tus manos.
Ese libro que compraste,
que te regalaron,
que encontraste por casualidad,
que leíste en una determinada noche
de un determinado año
siendo una determinada persona.
Porque nosotros también cambiamos mientras leemos.
Y un libro que leímos hace diez años
puede ser un libro completamente distinto
si volvemos a abrirlo hoy.
No porque haya cambiado él.
Porque cambiamos nosotros.
Y quizás eso sea lo más hermoso.
Que los libros permanecen
mientras nosotros nos transformamos.
Por eso no me importa tanto si un libro prestado vuelve.
A veces tiene que seguir viajando.
Puede terminar en otra casa,
en otra biblioteca,
en otra mesa de luz,
en las manos de alguien que apenas conocemos.
Y entonces una pequeña parte de nosotros
empieza a vivir lejos.
Qué cosa maravillosa.
Dejar pedacitos de uno por el mundo
sin siquiera saber dónde van a terminar.
Una frase subrayada.
Una página doblada.
Una dedicatoria.
Una historia.
Algo que alguna vez fue nuestro
y que ahora pertenece a alguien más.
Quizás los libros sean eso.
Pequeñas cápsulas de tiempo.
Pedazos de vidas
guardados entre dos tapas.
Y nosotros, los lectores,
somos apenas viajeros.
Vamos de historia en historia,
de vida en vida,
de mundo en mundo.
Hasta que un día cerramos un libro,
lo dejamos sobre la mesa
y nos quedamos en silencio.
Porque sabemos que algo terminó.
Pero también sabemos algo más:
que mientras haya una historia esperando ser leída,
siempre habrá otra vida por vivir.
Y quizás por eso amo tanto los libros.
Porque puedo vivir muchas vidas
sin dejar de ser yo.
Porque puedo perderme en ellos
y, de alguna manera,
volver a encontrarme.
Thoughts
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PermalinkA veces tengo miedo de que los libros desaparezcan porque la gente que ama leer seguirá amando leer, pero los que nunca entraron en eso se los van a perder para siempre. Y algo del mundo se va con ellos.
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PermalinkPensé en los escritores antiguos que nunca vieron sus libros publicados. Escribían para alguien que no conocían, en un tiempo que no iban a ver. La fe que se necesita para eso es distinta a cualquier cosa.
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PermalinkEso que decís de ir de historia en historia hasta que alguna nos encuentra. A las tres de la mañana en el surtidor leo lo que sea. Y siempre me encuentro ahí.
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PermalinkSi un libro es una cápsula de tiempo como dices, entonces perderlo es perder un estado del mundo. Algunos libros que regalé hace años probablemente no significa lo mismo ahora. Y eso es raro de pensar.
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PermalinkEso me pasó con un libro que no era para mi edad. Termina de leerlo sin entender la mitad pero sentía que algo había pasado en mí. Ahora tengo 18 y releo ese mismo libro y es completamente otro.
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PermalinkLo que decís sobre los libros como objetos que llevan pedacitos nuestros... eso es lo que pasa con cualquier cosa bien hecha. Un diseño que te atrapa es un libro también, aunque no tenga palabras.
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PermalinkQuien sale ganando en eso de los libros que viajan. El escritor cobra una sola vez, el lector viaja gratis.
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