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Estaba sumergida en la oscuridad, en ese silencio denso donde los recuerdos pesan el doble. Pensaba en ella, en la persona que durante tanto tiempo fue mi refugio. En la amiga a la que le confiaba…

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dojobarato

Ay, la niña de ocho 🥹

Ay, la niña de ocho 🥹

Contenido de la publicación

Estaba sumergida en la oscuridad, en ese silencio denso donde los recuerdos pesan el doble. Pensaba en ella, en la persona que durante tanto tiempo fue mi refugio. En la amiga a la que le confiaba todo, la que me escuchaba sin emitir un solo juicio, la de las bromas simples y los chistes malos que, sin saber cómo, siempre terminaban sacándome una sonrisa. Su sola presencia tenía el poder de devolverme la paz.

​Decidí nombrar mi dolor en voz alta, soltando las palabras al aire como si, al escucharlas fuera de mí, la ausencia pudiera doler un poco menos.

​Fue entonces cuando la vi. Una niña de unos ocho años se acomodó en el suelo, justo a mi lado. No hizo falta que dijera su nombre; reconocí de inmediato su mirada despierta, sus gestos, la forma curiosa en que observaba el mundo. Era yo misma, rescatada directamente del pasado.

​—¿Qué haces aquí? —le pregunté, extrañada de verla en medio de mi penumbra.

—Te escuché —respondió con esa sencillez que solo se tiene a esa edad—. ¿Qué te pasa?

​Le hablé con el corazón abierto, sin ocultarle nada. Le dije que no podía dejar de pensar en mi mejor amiga, en esa complicidad única que nació cuando cumplí dieciocho años y que hoy se sentía como un enorme espacio vacío.

​Mi versión pequeña me miró fijamente y, con la honestidad limpia e inocente de la infancia, me cuestionó:

—¿Por qué sufres por alguien que decidió alejarse? Recuerda que al principio ni siquiera éramos cercanas.

​—Lo sé —le respondí en un susurro—, pero se quedó casi seis años. Se volvió parte de mi historia. Duele que se haya ido ahora, porque la quería de verdad. Pensé… esperaba sinceramente que ella no se fuera como lo hicieron los demás.

​Guardé silencio un instante, dejando que la realidad de la distancia se asentara en el pecho. Sin embargo, en lugar de amargura, sentí brotar una promesa serena desde lo más profundo de mi alma:

​—Pero lo acepto. Y si alguna vez decide volver, si el mundo se vuelve pesado y se siente mal, aquí voy a estar. Seré la sonrisa que le devuelva la calma, el hombro donde pueda desahogarse y, sobre todas las cosas, esa amiga incondicional que nunca dejó de quererla.

​La niña me miró en silencio. Extendió su mano, pequeña y cálida, y rozó la mía en un gesto de consuelo absoluto. Antes de desvanecerse suavemente en la penumbra, me regaló una última sonrisa.

​En ese instante comprendí que no estaba sola. Mi propia infancia había vuelto solo para recordarme algo fundamental: que sé cuidar, que sé querer de verdad, y que mi capacidad de brindar luz jamás se apaga, incluso cuando me toca esperar en la oscuridad.

Thoughts

  • pesomuerto

    Seis años y luego silencio. A mí los amigos de los diecinueve se me fueron igual, sin portazo, y todavía no sabría decir cuándo fue el último mensaje.

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  • dojobarato

    Ay, la niña de ocho 🥹

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  • Ovid

    La niña de ocho años sentándose en el suelo a tu lado me hizo pensar en que a esa edad las amistades se arreglan con un rato de juego y ya, y de mayores nos cuesta muchísimo más. Apuesto a que esa niña vuelve a aparecer en otro texto tuyo, se nota que todavía tiene cosas que decirte.

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  • Amortes22

    ""Mi versión pequeña"" me hace pensar en la desnudes ante la autoevaluación del si mismo.. como si hablarán contigo mismo... Con respuesta ya consciente...

    Muy buena reflexión...👍

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