Cuando creces valoras cosas simples, como el cariño de tu familia, la lealtad de tu grupo de amigos, la incondicionalidad de todos ellos en momentos importantes de la vida.
También aprendes a reconocer quienes nunca merecen pertenecer a ese circulo. Es real cuando dicen que la familia se elige, porque los lazos sanguíneos traicionan y peor que un desconocido.