Inspirado en diferentes historias de amor filial que aunque no están unidos por la sangre, tiene un lazo de cariño sincero.
Una vez tuve un hijo. No nació de mis entrañas, no llevaba mi sangre, no lo cargué en mis brazos.
Llegó a mí entre música y conversaciones una tarde cualquiera. Ya no era un niño, pero tomé su mano para ayudarle a caminar. Ya no era un niño, pero sequé sus lágrimas en sus caídas. El a cambio, me regaló la sensación de sentirme protegida y muy apreciada.
Llevaba dentro de él una tristeza y soledad que mi cariño no pudo aliviar, y así como llegó, así también una tarde cualquiera emprendió un viaje de vuelta a donde todo comenzó.