—No entiendo por qué haces esto.
—¿Por qué hago esto, mamá? ¿En serio? Tú eres la que me está haciendo daño a mí, no yo a ti.
—¿Hacerte daño? Solo deseo lo mejor para tu vida.
—Sí, cuando esa decisión se trata de tu posición y no de la mía. Cuando me obligas a hacer cosas que yo no quiero, cuando yo solamente quiero ser lo que me hace feliz.
—¿Y qué te hace feliz, ah?
—Vivir del arte.
—¿Sí?
—Sí, mamá. Eso me hace feliz. Con eso me siento plena.
—Te vas a morir haciendo eso.
—¿Y qué pasa, mamá? No me importa morirme. Si mi felicidad es darme la muerte, entonces que así sea. Solamente necesito tu apoyo.
—Te apoyé en el pasado. Te apoyé mucho, pero en estos momentos el mundo es distinto.
—No, mamá. El mundo no es distinto. Quien ha cambiado eres tú. Y, la verdad, te agradezco por el pasado, pero es en el ahora donde te necesito.