Hola, me llamo Jonatan Medina, tengo 24 años y soy oriundo de la provincia de Catamarca, de un pueblito llamado Santa María ⛰️.
Actualmente vivo en la Ciudad de Buenos Aires. Soy el segundo de cuatro hermanos, y se preguntarán: «¿Cómo llegaste ahí?». No se trata de cómo llegué, sino de qué me motivó a viajar tan lejos de casa. Fue ese amor por la música y el deseo de querer ser un profesional haciendo lo que siempre quise desde pequeño.
Les cuento una breve reseña.
Cuando tenía la edad de 6 años comencé con un sueño: ¡estar en un escenario! ¿Pero de qué manera? Tuve un mentor desde pequeño, adivinen quién fue. Mi padre, Manuel Alberto Medina (48). Actualmente vive... me preguntarán de qué manera; bien, es una historia muy particular. Mi padre es músico desde muy pequeño; estuvo en diversas bandas locales del pueblito en donde vivimos. Él me llevó desde que tengo memoria a sus shows. Todos dirán: «¿Pero no eras muy chico?». La verdad es que no; solo bastó con verlo a él en el escenario, las luces reflejando sobre su rostro, apreciar su sonrisa y la emoción de estar ahí y, más aún, tocando el instrumento que siempre amó: ¡el teclado! 🎹.
Se encendió una chispa dentro de mí cuando mis latidos se aceleraban cada vez que escuchaba los sonidos pasar por mi sentido auditivo. Supe que eso era para mí.
Decidí pedirle a mi padre que me enseñara a tocar el teclado y me dijo: «Pero, hijo, no tenemos presupuesto para comprar uno ahora; solo tenemos la opción cuando vamos a los ensayos, pero aún siendo así vas a necesitar uno». Mirándome a los ojos, me dijo: «Tengo una idea 💡, vamos a comenzar por hacer un teclado de cartón para que conozcas su forma y las notas dentro de él».
Aún recuerdo a mi padre cuando me dijo: «¡Toma, Jonatan, aquí tienes tu teclado, inicia por aprenderte las notas!». Solo bastó con ello para dar inicio a una pasión inmensa por la música.
A mis 8 años de edad subí a un escenario por primera vez acompañado de mi padre, y fue la mejor experiencia que tuve en mi vida. El contacto con la gente, con la música y con las notas fue increíble.
Un día mi padre, luego de ver el entusiasmo y la capacidad que iba desarrollando cada vez más en esto de la música, me dijo: «¿Por qué no armamos una banda propia?». ¿Saben cuál fue mi respuesta? Muy nervioso por no saber cómo sería y siendo tan pequeño, le dije: «¡Sí, lo hagamos!».
Un dato que no les he contado es que mi padre crió una familia culta de música, tanto que también les enseñó a tocar un instrumento musical a dos de mis tres hermanos.
Teniendo la base musical armada, a la edad de 10 años, junto a mi padre y hermanos formamos nuestra primera banda llamada “El Código”. ¡Un sueño hecho realidad!
Dando vuelta la página, este año 2026 ingresé a la Escuela de Suboficiales del Ejército Sargento Cabral como ¡músico militar!, aspirando a formar parte de la Banda Militar «Combate de San Lorenzo» con el instrumento de nombre fliscorno contrabajo en Si bemol (que, para los que no lo conocen y para hacerlo más fácil de reconocer, es la tuba).
La música se lleva en la sangre; ¡no dudes en seguir tu camino y luchar por cumplir tus sueños!
A todas las personas que hoy tienen un sueño: no esperen el momento perfecto ni los recursos ideales para empezar. La pasión y el esfuerzo valen mucho más que las excusas o la falta de presupuesto. Si algo te apasiona de verdad, empieza con lo que tengas a mano, aunque sea un teclado de cartón.
El camino no siempre es fácil ni queda cerca de casa; requiere valentía dejar atrás el pago chico, superar los miedos y bancarse la distancia. Pero la disciplina, el trabajo en familia y el amor por lo que uno hace siempre abren puertas. No dejen que nadie les diga que no se puede. La música —y cualquier meta que se propongan— se lleva en la sangre y en el alma. Anímense a luchar por lo suyo, empiecen hoy y conviértanse en los protagonistas de su propia historia.