Hoy quiero que charlemos sobre esos tiempos donde parece que el mundo se desordena, donde lo que creíamos firme se mueve, donde estamos confundidos, con el corazón frágil, buscando respuestas, algo que todos hemos pasado en algún momento de nuestras vidas, los momentos de crisis y como poder sobrellevarlos tanto para nosotros como para alguien que lo esté necesitando, porque esa es la idea, tener herramientas para poder sobrellevarla o ser herramienta para quien lo necesite.
Hay un psicólogo social, de apellido Moffatt que piensa que la persona en crisis no necesita discursos largos, sino presencia, escucha y una palabra clara que ordene el caos interno. Él dice que la crisis es un “momento decisivo”, un punto de quiebre donde se puede caer, pero también donde se puede crecer,
Hay una imagen en la biblia que me lleva a ese punto exacto y de manera sorprendente lo vincula con esto que llamamos ‘el momento crítico’: ese instante en que la persona se encuentra en un estado emocional de desorganización, donde sus recursos habituales no alcanzan, y el entorno parece lleno de ‘tinieblas’. La crisis puede sentirse como un abismo: sin forma, sin control, sin claridad.
En Genesis 1:2-4 dice “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.”
Pero, así como en Génesis, la presencia va antes que la intervención. Antes de hablar, antes de ordenar, antes de iluminar, Dios se hace presente. Y esto es exactamente lo que proponemos en la asistencia en crisis: estar, sostener, acompañar mientras la persona está atravesando el caos emocional.
Luego Dios dice: ‘Sea la luz’, y la luz no solo aparece: también organiza, separa, da estructura y sentido. Este autor, Moffatt dice que ese es el momento en que ayudamos a clarificar, ordenar, distinguir lo urgente de lo importante, recuperar la capacidad de pensar y decidir.
La Palabra nos muestra que Dios no teme al desorden; lo atraviesa y lo transforma. De la misma manera, cuando acompañamos a alguien en crisis, entramos en su caos no para juzgarlo, sino para ayudarlo a encontrar su luz, esa primera chispa de claridad que inaugura un nuevo comienzo.
Porque, así como ‘fue la tarde y la mañana un día’, la crisis también puede convertirse en inicio, en una posibilidad de algo nuevo.”
La biblia a medida que la vamos leyendo nos enseña que en cada crisis: Jesús escucha, contiene, ordena, sana, guía, y renueva. Dios no nos evita las crisis, pero sí promete caminar con nosotros en cada una.
Jesús se acerca a la persona quebrada, al que llora, al que tiene miedo, al que no entiende lo que está viviendo, y no lo juzga… lo contiene.
Cuando Pedro se está hundiendo, Jesús no le da una clase: le extiende la mano.
Cuando los discípulos están encerrados por miedo, Jesús no los reprende: les dice “Paz a vosotros”.
Cuando la mujer pecadora cae a sus pies, Él no la humilla: la restaura.
En la biblia podemos ver a un Cristo, como mejor acompañante en crisis, y nos enseña cómo acompañar a otros: con amor, con verdad, con presencia, con esperanza.
Hoy quiero que juntos miremos cómo lo que propone en este caso este autor, se ilumina y se potencia cuando lo miramos desde la vida de Jesús.
Porque si hay alguien que sabe entrar en la crisis humana, es Aquel que murió, resucitó y abrió camino donde no había ninguno.
Hay cuatro pasos a seguir y volver a comenzarlos de ser necesarios
El primer paso es la escucha inmediata, la escucha como descanso, la presencia como primer auxilio, ver a Jesús como presencia que calma, porque en crisis, se necesita esa atención sostenida que permite que la persona se estabilice.
En la biblia, Jesús aparece como presencia que no abandona y que calma la tormenta interna.
En Mateo 11:28 dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, lo vemos deteniéndose frente al sufrimiento, del ciego Bartimeo, de la mujer con flujo de sangre, no hay apuro, hay encuentro.
El segundo paso es nombrar la situación sin juzgar, es poder poner en palabras sobre lo que se está viviendo, sin culpas ni sermones.
Jesús hace algo muy parecido en Marcos 10:51 cuando le pregunta al ciego Bartimeo: “¿Qué quieres que haga por vos?”, no presupone, no invade: habilita la voz del otro. La palabra del sujeto es el inicio del alivio.
El tercer paso es ordenar el caos emocional, devolver estabilidad
La biblia muestra a Jesús calmando tormentas externas y también internas., en Marcos 4:39 dice «Y sobrevino una gran calma”. La calma no es ausencia de conflicto, sino un orden nuevo, más respirable.
Jesús también ayuda a las personas a comprender lo que sienten y dar sentido, pregunta nombra, ordena, en San Marcos 12:24-27 dice “Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos. Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, ¿el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis.”
No es negar la crisis; es devolver estabilidad.
El cuarto paso es reconectar con recursos personales y formar redes de contención, se busca que la persona recupere apoyos: vínculos, rutinas, fe, espacios protectores.
Sabemos que Jesús sana, pero muchas veces dice «ve y muéstrate», «regresa a tu casa», «no estás solo», “Levántate”, “Ve y lávate”, “Da de comer” …
En Juan 16:33 dice: «En el mundo tendrán aflicción, pero ánimo: yo he vencido al mundo»
Jesús siempre da una acción posible, da pequeños actos restaurativos: En Juan 14:27 les dice “Mi paz les dejo, mi paz les doy”, la paz se practica, no es teórica, hay que tener acciones simples que devuelven sensación de control.
La palabra ofrece una esperanza que no niega el dolor, pero lo atraviesa, es necesario reconstruir una perspectiva futura, no ilusoria, sino posible, acompaña el proceso
La esperanza se vuelve una herramienta, no una frase hecha, es la confianza en un Dios que transforma, que redime, que reconstruye, es una presencia amorosa, con contención, claridad, pasos concretos y respeto por el proceso de la persona.
En 1 Corintios 13:13 dice “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.”
Nosotros como psicólogos sociales decimos que nadie se salva solo, y En el evangelio, sabemos que eso es así, la restauración también es comunitaria.
En Gálatas 6:2 “Lleven las cargas los unos de los otros” y en Efesios 4:25-32 “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo
El Evangelio nos enseña que en cada crisis: Jesús escucha, contiene, ordena, sana, guía, y renueva, guía a la persona a retomar el camino a ir hacia una nueva vida
Dios no nos evita las crisis, pero sí promete caminar con nosotros en cada una.
Jesús nos dice: en 2Corintios 5:17 “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”
Que seamos iglesia que acompaña, que escucha, que abraza, que guía.
Y que cada crisis sea una oportunidad para ver la mano de Dios obrando en medio del caos.
Amén ❤️