8 DE SEPTIEMBRE DE 2026
Eran las 7am, la mañana era soleada y caliente, como todas las mañanas desde hace 3 semanas. Habían pájaros cantando, personas trotando y otras caminando pero igual en ropa deportiva o ropa corta y ventilada, una señora que paseaba a su perro, aprovechando el momento más frío del día, y alguien... Esperen, eso es raro, algo que no se ve desde hace mucho alguien con un ¿Abrigo a 29 grados celcius? Ok, eso sí es raro. Pero bueno... sigamos.
Hoy es martes, y por fin un feriado después de trabajar por 2 semanas seguidas, y espero que me incapaciten por golpe de calor pronto, las noticias no han sido nada positivas con este tema, a quienes dicen que no volverá a llover y un señor loco en la calle diciendo que hicimos enojar a Dios, viejo tonto, de seguro perdió la cordura. Vivo en el tercer piso de un complejo de habitaciones, en el departamento de la derecha ha una pareja que solo pasa teniendo sexo, la mujer gime tan fuerte que puedo escucharla en todo mi departamento y el hombre jadea tanto que parece como si tuviera un perro cansado en mi oreja. En el departamento de la izquierda hay un chico punk que solo pasa tocando su batería como si siempre fueran las 12 del medio día.
No puedo irme, esta ciudad se pone tan caliente que que no dan ganas de sufrir el calor solo para no escucharlos. Fue más sencillo comprarme tapones para los oídos en línea y esperar 1 mes a que llegaran y rezar para que el calor no los derritiera. Que salir 2 horas a caminar con el sol encima. Ya son las 9 de la mañana, y creo que me haré algo de desayunar, lo bueno es que con el calor ahorro gas. Solo pongo la sarte al sol sobre una placa de cemento que dejo ahí todo el día y ya se calienta para hacer un huevo frito y luego lo revuelvo con arroz.
Volví, ya terminé de cocinar solo, uso electricidad para hacer café porqué siento que el sol le da mal sabor al agua, no me preguntes. Y creo que me gusta el café, aunque es caliente y hace mucho calor, su sabor amargo me recuerda a cuando las mañanas eran frías y el sol era más amarillo, no esa luz blanca incandecete. Y el sabor del arroz con huevo me recuerda las mañanas cálidas cuando mamá se levantaba a cocinar, y papá nos levantaba a todos con canciones de Luis Miguel y Julio Iglesias, aun resuena en mi mente «Si tu me hubieras dicho siempre la verdad, si hubieras respondido cuante llamé...». Creo que esa es mi actividad favorita, la música. Escuchar los instrumentos, poner atención a sus voces agudas, como si alguien les hubiera majado el pie para cantar así de agudo. Amo la música, aunque como todo, no me lo puedo tomar seriamente. Y hago algo que, admito que es raro hasta para mí, pero es clavarme una aguja en la punta de los dedos, no en otra parte, en los dedos de las manos nada más.
Por cierto, no me he presentado, me llamo Diego Vargas, tengo 28 años y vivo en un edificio que tuvieron que demoler hace 5 años. Es un gusto conocerte.