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Un Loco llamado Alonso Quijano

Tux
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A la tarde, MGR-17 encontró a Salvatierra debajo del mismo árbol donde habían hablado después de la tormenta. El viejo estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra el tronco y los ojos…

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Tux

La escena 3 del capitulo 2 de mi libro "Proyecto Quijote"

La escena 3 del capitulo 2 de mi libro "Proyecto Quijote"

Contenido de la publicación

A la tarde, MGR-17 encontró a Salvatierra debajo del mismo árbol donde habían hablado después de la tormenta. El viejo estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra el tronco y los ojos cerrados. MGR-17 se acercó.

—¿Está durmiendo?

—Estaba.

Salvatierra abrió un ojo.

—Ahora ya no.

—Su frecuencia respiratoria indicaba vigilia.

—Entonces para qué preguntás.

MGR-17 ignoró la observación.

—Quiero saber sobre el libro.

—¿Qué libro?

—Don Quijote de la Mancha.

Salvatierra abrió el otro ojo.

—Ah.

MGR-17 permaneció frente a él.

—Usted escribió una frase de ese texto.

—Sí.

—Y mencionó que su padre conservaba un ejemplar.

—También.

—Quiero saber por qué era importante para él.

Salvatierra se acomodó mejor contra el tronco.

—Eso no lo sé.

—Dijo que no le permitía tocarlo.

—Sí.

—Entonces probablemente atribuía al objeto un valor particular.

—Seguramente.

—¿Nunca se lo explicó?

—Mi viejo explicaba poco.

—Eso dificulta comprender sus decisiones.

—Te habrías llevado bárbaro con él.

MGR-17 esperó. Salvatierra sonrió.

—¿Qué querés saber?

—El argumento.

—Lo podés consultar en segundos.

—Ya lo hice.

El viejo levantó las cejas.

—Entonces estamos perdiendo el tiempo.

—No.

Salvatierra dejó de sonreír. MGR-17 continuó:

—Conozco la estructura narrativa, personajes, contexto histórico, ediciones, interpretaciones críticas y principales adaptaciones.

—Qué desgracia.

—¿Por qué?

—Porque ahora hay que sacarte todo eso de la cabeza.

—No es posible.

—Ya sé.

Salvatierra se puso de pie con esfuerzo.

—Caminemos.

—¿Con qué propósito?

—Contarte el Quijote.

—Puede hacerlo aquí.

—Puedo.

—Entonces—

—Diecisiete.

MGR-17 se calló. Salvatierra empezó a caminar hacia el sendero. El robot lo siguió.

—Había una vez un hombre —empezó Salvatierra— que se llamaba Alonso Quijano.

—El texto nunca establece de manera definitiva—

—Si me interrumpís con cada precisión no terminamos más.

MGR-17 guardó silencio.

—Era un hombre común. Ni rey ni guerrero ni héroe. Vivía en un pueblo y leía.

—Novelas de caballería.

—Sí.

—En una cantidad que afectó su descanso y su capacidad de…—

Salvatierra se detuvo. MGR-17 también.

—¿Querés contarla vos?

—No.

—Entonces dejame.

Reanudaron la marcha.

—Leía tanto que un día empezó a mirar el mundo con otros ojos. Y decidió que no quería seguir siendo Alonso Quijano.

—Adoptó la identidad de Don Quijote.

—Exacto.

—Basándose en una percepción alterada de la realidad.

Salvatierra respiró hondo.

—También.

—Confundía ventas con castillos.

—Sí.

—Rebaños con ejércitos.

—Sí.

—Molinos con gigantes.

—Sí.

MGR-17 esperó una corrección que no llegó.

—Entonces sufría un deterioro cognitivo.

—Esa es una forma de mirarlo.

—Es la explicación más probable.

—Para vos.

—La evidencia es considerable.

—No te la discuto.

MGR-17 lo observó.

—Entonces ¿por qué considera importante el libro?

Salvatierra siguió caminando.

—Porque Cervantes era bastante más vivo que nosotros dos.

—Eso no constituye una explicación.

—Tené paciencia.

Llegaron a una zona donde el sendero se abría hacia un pequeño claro. Había un banco de madera, pero Salvatierra no se sentó. Siguió hasta la costa.

—Don Quijote veía cosas que no estaban ahí —dijo.

—Correcto.

—Pero a veces también veía cosas que los demás no querían ver.

MGR-17 fijó la atención.

—¿Qué cosas?.

—Injusticias. Cobardías. Gente que necesitaba ayuda. Tipos que aceptaban el mundo como era porque era más cómodo no meterse.

—Sus intervenciones con frecuencia agravaban las situaciones.

—Sí.

—Entonces su percepción producía daño.

—A veces.

—Eso contradice cualquier valoración positiva de su conducta.

Salvatierra se volvió.

—Ahí está tu problema con él.

—¿Cuál?

—Querés decidir si era bueno o malo para archivarlo.

—Las acciones pueden clasificarse.

—Claro. Pero una persona no entra siempre en una casilla.

—Puede elaborarse una descripción más compleja.

—Y aun así te va a faltar algo.

MGR-17 no respondió. Salvatierra señaló hacia el río.

—¿Ves aquel barco?

A lo lejos, una embarcación de mantenimiento avanzaba entre dos boyas.

—Sí.

—Supongamos que te digo que no es un barco.

—Sería incorrecto.

—Que es una ballena.

—También.

—Y que tenemos que ir a cazarla.

—No tendría sentido.

—Perfecto. Ya entendiste el Quijote.

MGR-17 esperó. Salvatierra sonrió.

—Más o menos.

—No lo he entendido.

—Mejor.

Volvieron a caminar.

—Lo interesante no es que un tipo confundiera molinos con gigantes —continuó el viejo—. Eso es lo que todos recuerdan. Lo interesante es por qué quería que hubiera gigantes.

—¿Quería?

—¿Qué hace un caballero si no hay nada que defender, nadie que rescatar, ningún camino que recorrer?

—Puede realizar otras actividades.

—Alonso Quijano también.

—Entonces su decisión fue innecesaria.

—Claro que fue innecesaria.

MGR-17 tardó un instante.

—Eso parece importante para usted.

—Muchísimo.

—¿Por qué?

Salvatierra recogió una rama caída y la usó para apartar unas hojas del sendero.

—Porque hay cosas que uno hace justamente porque nadie las necesita.

MGR-17 recordó el papel.

—Como un regalo.

—Si, como un regalo.

—O sentarse en un cementerio sin propósito operativo.

—También.

—O escuchar una historia.

—Vas aprendiendo.

MGR-17 caminó unos metros en silencio.

—Sin embargo, Don Quijote modifica su identidad basándose en ficciones.

—Sí.

—Eso es peligroso.

—Puede ser.

—Una ficción no describe necesariamente hechos reales.

—No.

—Entonces utilizarla para orientar decisiones reales puede producir errores.

—Sí.

—¿Por qué los humanos hacen eso?

Salvatierra dejó caer la rama.

—Porque una historia no necesita haber ocurrido para decirte algo verdadero.

MGR-17 se detuvo.

—Eso es contradictorio.

—No.

—Si un hecho no ocurrió, no es verdadero.

—El hecho no. Lo que te muestra puede serlo.

—Dé un ejemplo.

Salvatierra pensó.

—El samaritano.

MGR-17 recordó la historia.

—No existe evidencia suficiente de que el episodio haya ocurrido históricamente.

—Y sin embargo entendiste lo que intentaba decirte.

—Entendí la estructura moral.

—Eso.

—Pero eso puede formularse directamente sin recurrir a personajes ficticios.

—Sí.

—Entonces el relato es un método menos eficiente.

Salvatierra soltó una carcajada.

—Sabía que ibas a llegar ahí.

—¿Es incorrecto?

—No. Es tristísimo, pero no incorrecto.

MGR-17 quedó esperando.

—Mirá —dijo Salvatierra—. Yo puedo decirte: “Ayudá al que necesita ayuda aunque no sea de los tuyos”. Una frase. Fácil. La guardás y listo.

—Correcto.

—O puedo contarte de un hombre tirado en el camino, dos tipos que pasan de largo y otro que se detiene.

—Sí.

—La idea es la misma.

—Entonces la segunda forma agrega información innecesaria.

—Agrega un camino.

MGR-17 no comprendió. Salvatierra siguió:

—La primera te dice qué pensar. La segunda te hace caminar hasta ahí.

El robot permaneció inmóvil.

—Eso no es literal.

—No.

—Entonces sigue siendo impreciso.

—Sí.

—¿Y por qué es preferible?

—Porque capaz cuando llegás, no pensás exactamente lo que pensaba el que escribió la historia.

MGR-17 procesó.

—Entonces el autor pierde control sobre la interpretación.

—Gracias a Dios.

—¿Eso es deseable?

—A veces sí.

MGR-17 reanudó la marcha.

—Un mensaje eficiente debería reducir la posibilidad de interpretaciones divergentes.

—Una orden, sí.

—Un texto también.

—No siempre.

Salvatierra levantó un dedo.

—Ahí está otra diferencia que te va a costar.

—¿Cuál?

—Un libro no siempre quiere darte una orden.

—Entonces ¿qué quiere?

—Que te metas adentro y salgas distinto.

MGR-17 quedó callado. Salvatierra lo miró de costado.

—No pongas esa cara.

—Mi rostro no ha modificado—

—Ya sé, Diecisiete.

Llegaron a un tramo del camino desde donde podía verse buena parte de la isla. Los edificios bajos, los talleres, las huertas y los senderos se extendían entre los árboles. A simple vista no había alambrados. No había torres armadas. No había muros.

Salvatierra se detuvo.

—¿Qué ves?

MGR-17 recorrió el paisaje.

—Sector central del Centro de Custodia Martín García.

—Eso ya lo sé.

—Entonces la pregunta requiere mayor precisión.

—No. Requiere menos.

MGR-17 volvió a observar.

—Veo alojamientos. Talleres. Zona agrícola. Puesto médico. Senderos de circulación y…—

—Yo veo una cárcel.

MGR-17 giró hacia él.

—No existen estructuras de confinamiento convencionales.

—Lo sé.

—Entonces la descripción es inexacta.

—Para vos.

—La función de este lugar incluye cumplimiento de condenas.

—Entonces es una cárcel.

—Es un centro de custodia con circulación abierta.

—Una cárcel sin muros.

MGR-17 volvió a mirar la isla. No había cambiado nada.

—La ubicación elevada modifica el campo visual, no la naturaleza del lugar.

—Exacto.

Salvatierra sonrió.

—¿Exacto qué?

—Que nada cambió.

—No.

—Entonces no comprendo.

—La isla no cambió. Vos cambiaste de lugar.

MGR-17 quedó mirando hacia abajo.

—Eso no altera los hechos.

—No.

—Entonces ¿qué altera?

—A veces, la pregunta.

El robot permaneció en silencio. Salvatierra empezó a bajar por el sendero. MGR-17 lo siguió.

—¿Eso es lo que ocurrió con Don Quijote?

El viejo se volvió.

—¿Qué cosa?

—Leyó historias y cambió el lugar desde el que observaba el mundo.

Salvatierra tardó un momento.

—Sí.

—Y su percepción dejó de coincidir con la realidad.

—A veces.

—Entonces sigue siendo un problema.

—Claro.

—No parece dispuesto a defenderlo.

—No tengo que defender todo lo que hacía.

—Pero admira al personaje.

Salvatierra continuó caminando.

—A veces.

—¿Por qué?

El viejo demoró la respuesta.

—Porque tenía algo que a mucha gente le falta.

—¿Qué?

—Se animaba.

MGR-17 revisó el concepto.

—Valor.

—También.

—Su conducta era temeraria.

—También.

—Entonces “animarse” puede conducir al daño.

—Sí.

—Volvemos al mismo problema.

Salvatierra resopló.

—Vos querés una cualidad humana que venga con garantía.

—Sería preferible.

—No existe.

Caminaron un trecho.

—Don Quijote podía haberse quedado en su casa —dijo Salvatierra—. Tenía comida. Tenía techo. Tenía una vida bastante segura para su época.

—Correcto.

—Y salió.

—Debido a su alteración mental.

—Sí, ya sé. Pero salió.

—Eso no convierte la decisión en racional.

—No.

—Entonces ¿qué valor tiene?

Salvatierra miró hacia adelante.

—Que hay momentos en que una persona tiene que decidir si quiere vivir solamente dentro de lo que ya conoce.

MGR-17 guardó silencio.

—Lo conocido reduce riesgos —dijo.

—Claro.

—Permite mejores predicciones.

—Sí.

—Aumenta la seguridad.

—También.

—Entonces abandonar deliberadamente lo conocido requiere una justificación.

—A veces la justificación es querer saber qué hay después.

—Curiosidad.

—Entre otras cosas.

—La curiosidad puede satisfacerse mediante información.

Salvatierra negó con la cabeza.

—No es lo mismo leer un mapa que caminar el camino.

—El mapa permite recorrerlo con menor riesgo.

—Pero no te moja la lluvia.

—Eso no es una ventaja.

—Para vos no.

MGR-17 volvió a mirar el sendero.

—Entonces asocia la libertad con la posibilidad de elegir lo desconocido.

—Sí.

—Aunque pueda fracasar.

—Sí.

—Aunque pueda equivocarse.

—Sí.

—Aunque pueda resultar herido.

—Hasta cierto punto.

MGR-17 detectó la modificación.

—Ha agregado un límite.

—Obvio.

—¿Cuál?

—El de siempre.

—No ha establecido ninguno con precisión.

Salvatierra sonrió.

—Te dije que ibas a tener que acostumbrarte.

MGR-17 no abandonó la cuestión.

—Si una persona decide asumir un riesgo, la decisión le pertenece.

—Sí.

—¿Incluso si es absurda?

—Mientras no perjudique a otro, tiene bastante derecho a hacer estupideces.

—¿Bastante?

—Bueno. No me hagas redactar una constitución acá.

MGR-17 ignoró el comentario.

—¿Y si su decisión afecta a otra persona?

Salvatierra redujo el paso.

—Ahí cambia.

—¿Por qué?

—Porque tu libertad es tuya. No la del otro.

MGR-17 prestó atención.

—Explique.

—Podés elegir caminar por un sendero peligroso.

—Sí.

—Lo que no podés hacer es empujar a otro para obligarlo a caminar con vos.

—Eso constituiría coerción.

—Exacto.

—Entonces la libertad individual posee un límite externo.

—Claro.

—La libertad de los demás.

Salvatierra lo miró.

—Ahí vas entendiendo.

—Entonces no consiste en hacer cualquier cosa.

—Nunca.

—Eso sería una interpretación incorrecta.

—Eso sería libertinaje.

MGR-17 recuperó el término.

—Conducta sin consideración suficiente por límites morales o sociales.

—Más o menos.

—Entonces libertad implica elección y responsabilidad simultáneamente.

Salvatierra lo señaló con un dedo.

—Eso, eso, eso, diría El Chavo. Y no me preguntes quien era El Chavo, ya lo sabes.

MGR-17 guardó la afirmación.

—Pero sigue existiendo el problema de establecer hasta dónde llega una y comienza la otra.

—Sí.

—¿Existe una regla precisa?

—Hace bastante tiempo un argentino se pasó media vida pensando esas cosas.

—Identifique.

Salvatierra sonrió.

—Alberdi.

MGR-17 accedió inmediatamente a los registros.

—Juan Bautista Alberdi. Mil ochocientos diez—

—No.

MGR-17 interrumpió la consulta.

—¿No qué?

—No me leas la ficha.

—Usted lo mencionó.

—Entonces algún día te cuento por qué.

—Puedo obtener la información ahora.

—Ya sé.

MGR-17 lo observó.

—¿Por qué posponerla?

—Porque una cosa es saber quién fue y otra entender por qué alguien lo recuerda doscientos años después.

Continuaron caminando. MGR-17 no consultó nuevamente la biografía. Eso resultaba cada vez menos excepcional.

—¿Don Quijote era libre? —preguntó.

Salvatierra tardó en responder.

—Mucho más de lo que le convenía.

—Eso no es una respuesta.

—Es la que tengo.

—Su comportamiento estaba condicionado por sus lecturas.

—Todo el mundo está condicionado por algo.

—Entonces la libertad absoluta no existe.

—Nunca dije que existiera.

—¿Cómo puede alguien construir su propio camino si sus decisiones dependen de experiencias anteriores?

Salvatierra sonrió.

—Ahora sí que te estás metiendo en un problema lindo.

—¿Cuál?

—Quién sos vos cuando elegís.

MGR-17 redujo ligeramente la marcha. Salvatierra continuó:

—Porque uno está hecho de lo que le pasó, de lo que leyó, de la gente que conoció, de las cosas que perdió, de lo que quiso ser y no pudo.

—Eso determina sus decisiones.

—Influye.

—La diferencia es mínima.

—No.

—Explique.

El viejo se encogió de hombros.

—Dos tipos pueden pasar por lo mismo y elegir distinto.

—Por diferencias previas.

—Puede ser.

—Entonces esas diferencias explican la elección.

—Quizás.

—Entonces siempre existe una causa.

—Volvemos a eso.

—Toda conducta tiene antecedentes.

—Sí.

—Por lo tanto—

Salvatierra se detuvo.

—Diecisiete.

—¿Qué?

—Una causa no es lo mismo que una condena.

MGR-17 quedó quieto.

—No comprendo.

—Que algo te haya traído hasta acá no significa que tenga que decidir por vos adónde vas después.

El robot no respondió. Salvatierra siguió caminando. MGR-17 permaneció unos segundos en el lugar. Después lo alcanzó.

—¿Eso hizo Don Quijote?

—¿Qué cosa?

—Decidió que su historia anterior no determinaría completamente la siguiente.

El viejo lo miró.

—Sí.

—Y eligió convertirse en otra cosa.

—Sí.

—Aunque esa elección fuera absurda.

—Bastante.

—Y peligrosa.

—También.

—Y posiblemente equivocada.

—Claro.

MGR-17 procesó la suma de contradicciones.

—No entiendo por qué le gusta ese libro.

Salvatierra sonrió.

—Por eso quiero que lo leas.

Llegaron al cruce donde debían separarse. MGR-17 tenía que continuar hacia el sector norte. Salvatierra tomó el camino de los alojamientos.

—Una última pregunta.

El viejo se volvió.

—Dale.

—Si Don Quijote hubiese sabido de antemano que iba a fracasar muchas veces, ¿habría salido igualmente?

Salvatierra pensó.

—Seguro.

—Eso es irracional.

—Capaz.

—Entonces ¿por qué?

El anciano lo miró durante unos segundos.

—Porque para algunas personas saber que algo puede salir mal no es una razón suficiente para no intentarlo.

MGR-17 permaneció inmóvil.

—¿Incluso cuando la probabilidad de éxito es baja?

—Sí.

—¿Cuán baja?

Salvatierra empezó a alejarse.

—No sé, Diecisiete.

MGR-17 insistió:

—¿Diez por ciento?

El viejo siguió caminando.

—¿Cinco?

Salvatierra levantó una mano sin darse vuelta.

—¿Uno?

Esta vez el viejo se detuvo. Giró apenas la cabeza.

—Uno no es cero.

Y siguió caminando. MGR-17 quedó solo en el cruce. Durante varios segundos permaneció inmóvil. Después consultó la agenda operativa y retomó su recorrido.

Mientras avanzaba, volvió a pensar en Don Quijote.

Un hombre que había visto una vida ya trazada y había decidido abandonarla por otra improbable, ridícula y peligrosa. La conclusión más razonable seguía siendo que Alonso Quijano estaba loco.

Sin embargo, por primera vez MGR-17 se preguntó si eso explicaba todo.

Thoughts

  • novelaacuestas

    Ya subiste la escena 4? El Alberdi que quedó pendiente y el robot que ya no consulta la ficha me dejaron con ganas de seguir, y las caminatas de estos dos se leen solas.

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  • bsalas87

    Salvatierra está preso o es de los que cuidan? Lo del padre que no lo dejaba tocar el libro y el Alberdi que no quiere explicar me huelen a que el viejo tiene su propia razón para estar en esa isla.

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  • tintaDeMartes

    Esto lo llevo al club el martes y ya sé cómo acaba: Lupita defendiendo al robot porque nadie le explica nada y las demás con el viejo. A mí me convence Salvatierra hasta que dice que uno tiene bastante derecho a hacer estupideces; ahí me pongo a pensar en quién paga las del Quijote, porque Sancho recibe cada paliza.

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  • RubenOrtega

    Yo estuve doce años embarcado y lo del mapa que no te moja la lluvia lo firmo, ho. Hay cosas del mar que no te las cuenta ninguna carta, hay que estar ahí con el agua entrando. El barco de mantenimiento entre las boyas que el viejo convierte en ballena es de los que revisan las balizas, y desde lejos sí parecen otra cosa. Y de la isla sin muros: el agua es muro de sobra, quien haya navegado un río ancho lo sabe.

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  • LauraLetras

    Cuando el robot arranca con que el texto nunca establece el nombre de manera definitiva y el viejo lo corta, me reí sola, porque tiene razón: Cervantes en el primer capítulo dice Quijada, Quesada o Quejana, y recién en el último de la segunda parte lo deja en Alonso Quijano el Bueno. O sea que Diecisiete llevaba razón y Salvatierra igual hizo bien en callarlo, y con esa combinación ya sé de qué lado voy a estar todo el libro.

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  • TintaYMadrugada

    Salvatierra se va sin darse vuelta y el robot igual consulta la agenda operativa y retoma el recorrido. Eso me gustó: no cambia de golpe, solo se hace una pregunta más de las que se hacía. Yo he intentado que un personaje cambie en una sola caminata y nunca me lo cree nadie; acá el cambio es que dejó de pedir la ficha de Alberdi, y con eso alcanza. Apuesto a que en el capítulo 3 el robot lee el Quijote a escondidas y no se lo cuenta al viejo.

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  • cardio22

    Ve, el robot preguntando si uno por ciento y el viejo ni se voltea, uy. Yo soy Diecisiete en esa conversación, listo.

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  • Ovid

    El viejo mandando al robot a no leerle la ficha de Alberdi, y el robot que después ya no la consulta, me hizo pensar en cómo leemos ahora, buscando el resumen antes de caminar el libro. Se nota que Salvatierra tiene su propia historia con esa isla y apuesto a que la vamos a conocer. Gracias por subir el capítulo entero, Tux!

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  • OsvaldoFierro

    Conozco a ese viejo que explica poco, poh. El mío era igual y uno igual aprendía. Lo del barco que es ballena me quedó dando vueltas.

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  • Tux

    La escena 3 del capitulo 2 de mi libro "Proyecto Quijote"

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