Jeje se los dije, por ahí viene el creador!!
Creas una criaturas magicas.
Sigo en la historia!!! Gracias
Al entrar, Gizmo escuchó una voz suave.
Jeje se los dije, por ahí viene el creador!! Creas una criaturas magicas. Sigo en la historia!!! Gracias
Jeje se los dije, por ahí viene el creador!!
Creas una criaturas magicas.
Sigo en la historia!!! Gracias
Al entrar, Gizmo escuchó una voz suave.
—Entra… No tengas miedo.
Gizmo se quedó quieto.
La voz parecía venir desde el fondo del templo.
—Tu destino te está llamando.
Gizmo miró a Atlas y a Cronos.
Los dos permanecían detrás de él, observando con cautela aquel lugar que parecía desafiar todas las leyes que conocían.
Gizmo respiró profundamente y continuó avanzando.
Cada paso hacía que las flores azules iluminaran el suelo bajo sus pies.
La luz del fondo se hacía cada vez más intensa.
Hasta que finalmente la vio.
Era una criatura marina.
Su piel tenía un hermoso tono amarillo, suave y luminoso, mientras que su crin era de un rosado muy claro. Pero aquello no parecía pelo.
Parecía estar hecha de algo completamente diferente.
Su crin era transparente y sedosa, como si estuviera formada por agua, luz y pequeños hilos de magia que flotaban alrededor de su cuerpo.
En sus patas —o quizá fueran aletas— llevaba unas pequeñas perlas del mismo tono rosado de su crin.
La criatura se encontraba sobre una enorme flor de loto.
Era parecida a las flores que cubrían todo el valle, pero aquella era gigantesca y parecía sostenerla sobre sus pétalos.
Gizmo se acercó lentamente.
La criatura levantó la mirada.
Sus ojos reflejaban la luz azul del templo.
Durante unos segundos no dijo nada.
Entonces sonrió.
—Soy Estrella Medallada…
Gizmo sintió un extraño escalofrío.
La criatura inclinó suavemente la cabeza.
—Y te traigo un mensaje.
Gizmo no pudo apartar la mirada.
—¿Un mensaje… para mí?
Estrella Medallada asintió.
Su expresión cambió.
Ya no parecía simplemente una criatura misteriosa.
Parecía alguien que llevaba mucho tiempo esperando aquel momento.
—Sí, Gizmo.
Las flores del templo comenzaron a brillar.
—Te traigo un mensaje de…
La criatura hizo una pequeña pausa.
Y entonces pronunció unas palabras que hicieron que el corazón de Gizmo se detuviera por un instante.
—Tu creador.
El corazón de Crystal se llenó de miedo.
Gizmo seguía el camino trazado por las estrellas que brillaban en el cielo. Sus dos nobles corceles lo llevaban cada vez más lejos del reino, atravesando la inmensidad de la noche.
La criatura continuó caminando.
En ese instante, Crystal cerró los ojos.
Crystal estaba mirando por una ventana la luna, que parecía una enorme lámpara en el cielo. A la vez, parecía robarle la luz al sol para sí misma, sin darle ningún crédito.
El lugar olía a humedad y a algo extraño.
Aquel cuyo nombre apenas se pronuncia y cuyo resplandor todavía puede encontrarse en el fondo de los libros antiguos era un joven pony llamado Crystal .
Gizmo había seguido viviendo aquella vida que, durante años, había considerado normal.