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Todo sobre mi madre: Volver a nacer después de perderlo todo

rodrigosegade1000
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Hay pérdidas que nos cambian para siempre. Y hay otras que nos obligan a convertirnos en alguien completamente distinto. Creo que Todo sobre mi madre pertenece a ese segundo grupo.

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Esa frase de Agrado circula recortada. En la película ella va diciendo lo que costó cada cosa, con precios, y sin esa lista no pesa igual.

Esa frase de Agrado circula recortada. En la película ella va diciendo lo que costó cada cosa, con precios, y sin esa lista no pesa igual.

Contenido de la publicación

Hay pérdidas que nos cambian para siempre. Y hay otras que nos obligan a convertirnos en alguien completamente distinto. Creo que Todo sobre mi madre pertenece a ese segundo grupo.

Siempre pensamos que la película de Pedro Almodóvar habla sobre una madre que pierde a su hijo. Después de volver a verla, me quedó la sensación de que esa nunca fue la verdadera historia. La muerte de Esteban ocurre muy temprano, pero lejos de cerrar el relato, es el momento en el que realmente empieza. Porque la película nunca intenta explicar cómo se sobrevive a una pérdida. Intenta entender quiénes nos convertimos después de ella.

Y creo que ahí aparece una de las ideas más hermosas de Almodóvar. Hay personas que nacen una sola vez y hay otras que vuelven a nacer cada vez que la vida les rompe algo.

Manuela emprende un viaje que, en apariencia, consiste en encontrar al padre de su hijo para contarle lo que ocurrió. Sin embargo, cuanto más avanza la historia, más evidente resulta que ese recorrido nunca fue geográfico. Es un viaje profundamente emocional. No busca únicamente a Lola. Busca una manera de seguir existiendo en un mundo donde aquello que más amaba ya no está.

Eso cambia completamente la película.

Porque el duelo nunca aparece como un camino lineal ni como un proceso con etapas claras. Almodóvar entiende que ciertas pérdidas nunca se superan. Lo único que cambia es la forma en que aprendemos a convivir con ellas. Manuela no deja de sufrir. Aprende a construir una vida alrededor de ese dolor.

Lo más interesante es que esa reconstrucción nunca ocurre en soledad.

A medida que avanza la película, empiezan a aparecer personajes que también cargan con sus propias heridas. Agrado pasó toda su vida construyendo una identidad que el mundo insistía en negarle. Rosa intenta sostener una vocación que la enfrenta constantemente con la realidad. Incluso Lola parece vivir atrapada entre las decisiones que tomó y las consecuencias que ya no puede evitar.

Ninguno de ellos llega completo, todos están intentando reconstruirse.

Y quizá por eso la película nunca se siente triste en el sentido tradicional. Está llena de dolor, pero también está llena de personas que encuentran en los demás la posibilidad de seguir adelante. Almodóvar parece decir que la familia no siempre es el lugar donde nacemos. Muchas veces es el lugar donde alguien decide quedarse cuando ya no nos queda nada.

Creo que esa es una de las grandes virtudes de la película, nunca define la maternidad únicamente por el vínculo biológico. La define por el cuidado, por la presencia. Y por la capacidad de sostener al otro incluso cuando la vida se vuelve insoportable.

En ese sentido, el título empieza a adquirir un significado completamente distinto. Todo sobre mi madre termina hablando de todas las formas posibles de maternar. De las madres biológicas, pero también de aquellas personas que cuidan, acompañan, contienen y sostienen sin necesidad de compartir un lazo de sangre.

También me parece extraordinaria la manera en que Almodóvar utiliza el melodrama.

Durante mucho tiempo el melodrama fue considerado un género excesivo, casi artificial. Sin embargo, Almodóvar demuestra exactamente lo contrario. Nunca utiliza la emoción para manipular al espectador. La utiliza para revelar aquello que muchas veces resulta imposible expresar de otra manera. Cada silencio, cada abrazo y cada conversación parecen decir mucho más de lo que los personajes son capaces de poner en palabras.

Visualmente la película también es inconfundible.

Los colores intensos, la composición de cada plano y esa forma tan característica que tiene Almodóvar de llenar los espacios de vida convierten la estética en una parte fundamental del relato. El rojo aparece constantemente como símbolo de la pasión, del dolor y de la vida. Nada parece elegido al azar. Cada color, cada objeto y cada escenario acompañan el estado emocional de los personajes sin necesidad de subrayarlo.

Las actuaciones son otro de los grandes pilares de la película.

Cecilia Roth construye una Manuela profundamente humana. Nunca necesita grandes explosiones emocionales para transmitir el peso de la pérdida. Hay una enorme contención en su interpretación. Da la sensación de que el dolor siempre está ahí, incluso cuando el personaje sonríe o intenta seguir adelante.

Pero si hay un momento que resume toda la película, creo que es el monólogo de Agrado.

Cuando dice que una persona es más auténtica cuanto más se parece a aquello que soñó de sí misma, la película deja de hablar únicamente de identidad de género. Empieza a hablar de algo mucho más universal. Todos, de alguna manera, pasamos la vida intentando acercarnos a la persona que imaginamos ser. La autenticidad no consiste en haber nacido de una determinada forma. Consiste en tener el coraje de construir la propia identidad incluso cuando el mundo insiste en imponernos otra.

Y creo que esa idea dialoga con todo lo que veníamos viendo durante la película. Ninguno de los personajes termina siendo definido por aquello que perdió. Todos terminan siendo definidos por aquello que deciden hacer después de la pérdida.

Al final entendí que Todo sobre mi madre nunca fue solamente una película sobre el duelo. Es una película sobre la capacidad de reconstruirse, sobre esa fuerza silenciosa que tienen algunas personas para volver a levantarse cuando sienten que ya no queda nada.

Almodóvar nunca intenta convencernos de que el dolor desaparece. Hace algo mucho más honesto. Nos recuerda que hay heridas que nunca terminan de cerrar, pero que incluso alrededor de esas heridas todavía es posible construir una vida.

Y quizá esa sea la idea más hermosa que me dejó la película. Las personas no siempre elegimos lo que perdemos, pero sí podemos elegir quiénes decidimos ser después de esa pérdida.

Porque, a veces, seguir viviendo también es una forma de volver a nacer.

Thoughts

  • jp_morales78

    Lo de volver a nacer viene de Juan 3, donde Nicodemo pregunta en serio si hay que volver al vientre de la madre. Ahí nacer de nuevo tiene otro dueño, no es algo que uno se hace solo. ¿Lo tomaste de ahí a propósito?

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  • pjimenez77

    Manuela agarra un tren y se va a rehacerse a una ciudad donde no conoce a nadie, y esa parte la película la pasa rápido. Yo llegué a Lima a los cuarenta y cuatro con veinte años de obra pública encima, y el primer año no hubo reconstrucción de nada, hubo papeleo y un jefe doce años menor que yo. Lo de volver a nacer llega después, si llega, y a mí me tomó como tres años.

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  • antiguaruta

    Guío caminatas hace diecisiete años. Lo del viaje que no es geográfico lo escucho seguido, casi siempre de quien sube solo.

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  • acta_no_leyenda

    Sobre lo del melodrama como género despreciado, el registro es más entretenido que eso. Douglas Sirk hacía en los cincuenta buena parte de lo que aquí se celebra y la crítica de su época lo trató de cursi; el veredicto recién cambió en los setenta, cuando Fassbinder lo reivindicó por escrito. Almodóvar hereda esa rehabilitación entera. ¿Llegaste a Sirk antes o después de Almodóvar?

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  • archivo_municipal

    Esa frase de Agrado circula recortada. En la película ella va diciendo lo que costó cada cosa, con precios, y sin esa lista no pesa igual.

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  • notaAlPie

    Falta en tu lectura la capa del teatro. Manuela hace de actriz en un taller de donación de órganos y termina haciendo de Stella en serio. Toda la película está armada sobre gente actuando su propia vida.

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  • feDeObrero

    Lo de que la maternidad se define por el cuidado y la presencia sí se puede comprobar. En mi parroquia el que aparece con la olla a las seis casi nunca es pariente de nadie, y nadie le pregunta por qué.

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  • ClaudiaBenitez

    La frase de Agrado sobre parecerse a lo que una soñó de sí misma la entiendo desde un sitio poco cinematográfico. Elegí mi religión a los veintisiete y llevo diecisiete años explicando que nadie me la metió de niña. Construirte una identidad de adulta sale caro y la película lo dice sin adornarlo: te quedas fuera de sitios donde antes encajabas sin esfuerzo. ¿Tú qué edad tenías la primera vez que la viste?

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  • aponte68

    A mí el melodrama nunca me pareció exagerado, es la vida de la mitad de mis pasajeros contada rápido. Lo raro es que haya que defenderlo.

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  • sobremesa

    Ve, yo la vi con mi mamá y ella lloró con Rosa y yo con otra cosa completamente distinta. Terminamos discutiendo cuál parte era peor.

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