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The Tragedy of Macbeth — Cuando la ambición termina convirtiéndose en nuestra propia condena

rodrigosegade1000
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The Tragedy of Macbeth es una de esas películas que demuestran que no hace falta reinventar una historia para conseguir que vuelva a sentirse extraordinaria.

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pjimenez77

Que ya no sea joven cambia la obra entera, de acuerdo. Pero Macbeth no arranca de cero: arranca con casa, cargo y una mujer que lo acompaña. El que arranca de nuevo a los cuarenta y cinco sin nada de eso tiene otra desesperación, mucho menos ruidosa.

Que ya no sea joven cambia la obra entera, de acuerdo. Pero Macbeth no arranca de cero: arranca con casa, cargo y una mujer que lo acompaña. El que arranca de nuevo a los cuarenta y cinco sin nada de eso tiene otra desesperación, mucho menos ruidosa.

Contenido de la publicación

The Tragedy of Macbeth es una de esas películas que demuestran que no hace falta reinventar una historia para conseguir que vuelva a sentirse extraordinaria.

Joel Coen toma una de las tragedias más conocidas de William Shakespeare y construye una adaptación que parece existir en algún lugar entre el teatro, el cine expresionista alemán y una pesadilla de la que sus protagonistas no consiguen despertar. Hay ambición, traición, asesinatos, culpa y una profecía que termina convirtiéndose en una obsesión. Pero lo que más me interesa de esta versión es que no estamos viendo simplemente cómo un hombre intenta convertirse en rey, sino cómo alguien que aparentemente ya consiguió todo aquello que necesitaba empieza a destruir su propia vida porque no puede soportar la posibilidad de que todavía exista algo más que podría tener.

Y quiero empezar destacando a Denzel Washington, porque para mí debió ganar el Oscar al mejor actor por esta película. En la ceremonia de 2022 estuvo nominado, pero el premio terminó siendo para Will Smith por King Richard.

Washington hace algo extraordinario con Macbeth: Consigue que uno de los personajes más importantes de la historia del teatro se sienta profundamente humano, incluso cuando empieza a cometer actos absolutamente monstruosos. No necesita sobreactuar la locura ni convertir cada monólogo en una demostración de talento. Su interpretación se construye a partir de pequeños cambios en la mirada, silencios, movimientos corporales y una manera impresionante de utilizar su voz. Cada vez que aparece en pantalla tengo la sensación de estar viendo a un actor que entiende perfectamente cuánto puede transmitir sin necesidad de exagerar absolutamente nada.

Lo que más me gusta de su Macbeth es que Washington decide interpretarlo como un hombre que ya no es joven. Y eso modifica completamente nuestra relación con el personaje. No estamos viendo a alguien que recién comienza su carrera militar y cree tener toda una vida por delante para conquistar el mundo, sino a un hombre que empieza a sentir el peso del tiempo y que descubre, casi inesperadamente, que todavía podría alcanzar algo mucho más grande. La profecía de las brujas no despierta solamente su ambición, sino también la desesperación de alguien que comprende que determinadas oportunidades no van a presentarse infinitamente. Macbeth escucha que puede convertirse en rey y, de repente, todo aquello que había conseguido hasta entonces parece insuficiente.

Ahí aparece una de las preguntas que más me interesan de la película: ¿cuántas cosas podemos llegar a destruir por miedo a que el tiempo se nos termine antes de conseguir aquello que deseamos? Macbeth tiene reconocimiento, poder, una posición privilegiada y una esposa con la que comparte sus ambiciones. Sin embargo, cuando aparece la posibilidad de convertirse en rey, empieza a mirar su propia vida como si todo aquello que ya tiene hubiera dejado de significar algo. Y creo que eso vuelve la tragedia especialmente dolorosa, porque la profecía no le impone necesariamente una obligación. Le presenta una posibilidad que él decide transformar en una necesidad.

La interpretación de Washington es fundamental para transmitir esa transformación. Su Macbeth nunca parece completamente cómodo con las decisiones que toma, ni siquiera cuando está convencido de que son necesarias. Hay una inseguridad permanente detrás de su autoridad, como si necesitara convencerse a sí mismo de que todavía tiene el control de aquello que está ocurriendo. Y cuanto más se acerca al poder que deseaba, más evidente se vuelve que está perdiendo cualquier posibilidad de disfrutarlo. Washington consigue que sintamos ese deterioro progresivo sin abandonar nunca la dignidad exterior de un hombre que todavía necesita comportarse como si fuera capaz de gobernar su propio destino.

Un Shakespeare que parece filmado dentro de una pesadilla

Desde lo cinematográfico, Joel Coen hace un trabajo impresionante. Me encanta que no intente convertir Macbeth en una película histórica convencional, llena de castillos realistas, grandes paisajes y batallas espectaculares. En lugar de eso, construye un mundo prácticamente abstracto, donde los espacios parecen existir únicamente para representar el estado emocional de sus personajes. Los pasillos interminables, las puertas gigantescas, las escaleras y las paredes completamente despojadas de cualquier decoración convierten el castillo en una especie de prisión mental. Tenemos la sensación de que Macbeth está atrapado dentro de un lugar que él mismo ayudó a construir y del que cada vez resulta más difícil escapar.

La fotografía en blanco y negro de Bruno Delbonnel me parece extraordinaria porque no funciona únicamente como una decisión estética destinada a darle prestigio a una adaptación de Shakespeare. Las sombras, los contrastes y la manera en que la luz atraviesa los espacios construyen constantemente imágenes que podrían pertenecer al cine expresionista alemán. Hay algo de The Cabinet of Dr. Caligari en esos escenarios donde la arquitectura parece deformarse para acompañar el estado psicológico de los personajes. Las habitaciones pueden parecer enormes y claustrofóbicas al mismo tiempo, mientras los corredores y las escaleras crean una sensación de aislamiento que va creciendo a medida que Macbeth se hunde en sus propias decisiones.

Y me parece fundamental que Coen haya elegido una puesta en escena tan teatral. Muchas adaptaciones cinematográficas de Shakespeare parecen sentir la necesidad de demostrar constantemente que no están haciendo teatro, como si la presencia de diálogos extensos o escenarios poco realistas representara una limitación. Acá ocurre exactamente lo contrario. Coen abraza esa artificialidad y la utiliza para construir un lenguaje cinematográfico propio. La cámara, el montaje, la iluminación y el sonido transforman espacios aparentemente sencillos en lugares profundamente inquietantes. La película no necesita que creamos que estamos observando un castillo real de la Escocia medieval, porque lo verdaderamente importante es conseguir que sintamos cómo ese mundo empieza a derrumbarse alrededor de sus protagonistas.

Y ahí también aparece algo que me gusta mucho de la filmografía de los hermanos Coen: su fascinación por personajes que creen comprender perfectamente las reglas del mundo hasta que descubren que están completamente equivocados. Aunque esta sea una película dirigida únicamente por Joel Coen, encuentro cierta continuidad con esa mirada sobre el destino, el azar y nuestra necesidad de controlar acontecimientos que muchas veces nos superan. Macbeth cree que puede utilizar una profecía para organizar su futuro, pero cada decisión que toma para asegurarlo termina acercándolo a aquello que más teme.

Denzel, Frances McDormand y el matrimonio que se destruye buscando poder.

Frances McDormand también está extraordinaria como Lady Macbeth, especialmente porque su interpretación evita convertir al personaje en una simple mujer manipuladora que empuja a su marido a cometer un crimen. Su Lady Macbeth comprende perfectamente las inseguridades de Macbeth y sabe cómo utilizarlas para convencerlo de actuar, pero también parece estar profundamente comprometida con la posibilidad de construir un futuro donde ambos alcancen una posición que hasta entonces parecía imposible. Hay algo particularmente inquietante en la tranquilidad con la que habla del asesinato de Duncan, como si pudiera transformar una decisión monstruosa en un problema práctico que simplemente necesita resolverse.

Lo interesante es que esa seguridad comienza a desmoronarse cuando aquello que imaginaron finalmente se vuelve realidad. Macbeth y Lady Macbeth consiguen acercarse al poder que deseaban, pero la relación entre ellos empieza a transformarse. Antes compartían sus ambiciones, sus temores y sus decisiones. Después, Macbeth comienza a actuar por su cuenta, mientras ella descubre que tampoco puede escapar de las consecuencias de aquello que hicieron juntos. La película convierte progresivamente una relación basada en la complicidad en la historia de dos personas que terminan completamente aisladas, incluso cuando continúan habitando el mismo castillo.

Y me parece especialmente doloroso que ambos comiencen a perder exactamente aquello que creían que el poder iba a proporcionarles: tranquilidad. Macbeth pensaba que convertirse en rey resolvería sus inseguridades, pero termina descubriendo que ahora tiene muchísimo más que perder. Cada persona que lo rodea puede convertirse en una amenaza, cada conversación puede esconder una traición y cada nuevo acontecimiento parece exigirle otra decisión violenta para conservar aquello que ya consiguió. Lady Macbeth, por su parte, descubre que la culpa no desaparece simplemente porque consigamos convencernos racionalmente de que nuestras acciones estaban justificadas.

McDormand transmite extraordinariamente esa pérdida de control. Su personaje comienza siendo alguien capaz de organizar el comportamiento de los demás y termina enfrentándose a recuerdos que ya no puede dominar. La secuencia del sonambulismo me parece especialmente poderosa porque Coen permite que el cuerpo de la actriz exprese aquello que el personaje pasó buena parte de la historia intentando mantener oculto. Hay algo terrible en que una mujer que parecía comprender perfectamente cómo manipular la realidad termine atrapada dentro de una experiencia que ni siquiera puede controlar mientras duerme.

Y ahí aparece, para mí, una de las ideas más importantes de la tragedia: podemos conseguir aquello que deseábamos y descubrir que, durante el proceso, destruimos nuestra capacidad de disfrutarlo. Macbeth y Lady Macbeth no fracasan únicamente porque pierden aquello que habían conseguido. Su tragedia comienza mucho antes, cuando comprenden que alcanzar el poder no eliminó sus miedos y que ahora necesitan cometer nuevos actos terribles para conservar una posición que nunca termina de proporcionarles satisfacción.

Las brujas y el futuro que creemos conocer

También quiero destacar a Kathryn Hunter, porque su interpretación de las brujas me parece uno de los grandes aciertos de la película. Coen consigue que su presencia resulte verdaderamente sobrenatural sin necesidad de recurrir a grandes efectos especiales. Hunter utiliza su cuerpo de una manera extraordinaria, con movimientos imposibles, posiciones inquietantes y una voz que parece no pertenecer completamente al mundo donde transcurre la historia. Sus apariciones introducen una sensación de amenaza que está presente incluso cuando las brujas ya no aparecen en pantalla.

Lo que más me interesa es que nunca terminamos de comprender hasta qué punto las profecías condicionan realmente el destino de Macbeth. Las brujas anuncian determinados acontecimientos, pero son las decisiones del protagonista las que terminan conduciéndolo hacia ellos. Y creo que ahí está la gran contradicción de toda la historia. Macbeth recibe información sobre su futuro y cree que eso le otorga una ventaja sobre los demás. Sin embargo, cuanto más intenta controlar aquello que va a suceder, menos libertad parece conservar.

Es una idea extraordinaria porque invierte completamente nuestra fantasía habitual sobre conocer el futuro. Solemos pensar que, si supiéramos qué va a ocurrir, podríamos tomar mejores decisiones y evitar determinados errores. Macbeth demuestra que conocer una posibilidad también puede convertirse en una condena cuando empezamos a vivir exclusivamente para conseguirla o impedirla.

No es la profecía lo que convierte a Macbeth en un asesino. Es aquello que decide hacer después de escucharla.

Y ahí el personaje empieza a perder progresivamente su humanidad. Cada asesinato que comete necesita otro para protegerlo de sus consecuencias, hasta que llega un momento en el que parece incapaz de imaginar una alternativa a la violencia. El poder que inicialmente representaba la posibilidad de controlar su destino termina convirtiéndose en una prisión donde cualquier decisión parece conducirlo hacia una nueva tragedia.

Me encanta cómo Coen representa ese deterioro mediante el espacio. A medida que Macbeth se vuelve más poderoso, los escenarios parecen cada vez más vacíos, las sombras adquieren mayor importancia y la distancia entre los personajes empieza a sentirse prácticamente imposible de superar. Su reino se convierte en una extensión de su soledad. Consiguió una corona, pero perdió casi todo aquello que podría haberle dado sentido a tenerla.

El sonido también tiene un papel fundamental en esa construcción. Los pasos, los golpes, los silencios y la música de Carter Burwell consiguen que incluso los espacios aparentemente vacíos parezcan habitados por alguna amenaza. Hay momentos donde un pequeño ruido puede resultar muchísimo más inquietante que una escena explícita de violencia. Y creo que eso demuestra hasta qué punto Coen entiende que el verdadero terror de Macbeth no necesita encontrarse constantemente delante de nuestros ojos. Muchas veces está en aquello que sus personajes imaginan que podría ocurrir.

La ambición, la culpa y el miedo a no haber vivido suficiente

Volviendo a Denzel Washington, creo que su interpretación alcanza una dimensión todavía más interesante durante la segunda mitad de la película. El Macbeth que inicialmente dudaba antes de cometer un asesinato termina convirtiéndose en alguien que parece haber perdido prácticamente cualquier capacidad de detenerse. Pero Washington consigue que incluso en los momentos donde el personaje está completamente consumido por la ambición todavía podamos reconocer al hombre que conocimos al principio. Hay algo profundamente triste en observar cómo su propia inteligencia termina siendo utilizada para justificar decisiones cada vez más destructivas.

Y me parece especialmente importante que Macbeth sea un hombre que empieza a sentir el peso de los años. La película adquiere una dimensión completamente diferente cuando interpretamos su ambición como el miedo de alguien que descubre que quizás ésta sea su última oportunidad de alcanzar aquello que todavía no consiguió. En ese sentido, Macbeth no está solamente intentando convertirse en rey. Está intentando demostrar que su vida todavía puede adquirir una importancia mucho mayor antes de que sea demasiado tarde.

Pero ahí está el problema: cuanto más necesita convencerse de que todavía puede conseguir algo extraordinario, menos valor parece encontrar en aquello que ya tiene.

Y eso me parece una idea tremendamente humana.

Pasamos buena parte de nuestra vida imaginando todo aquello que todavía nos falta. Un trabajo mejor, más dinero, reconocimiento, una posición diferente o la posibilidad de convertirnos finalmente en la persona que siempre creímos que íbamos a ser. Y no hay nada necesariamente malo en tener ambiciones. El problema aparece cuando empezamos a considerar que todo aquello que ya conseguimos carece de importancia porque todavía existe algo más que podríamos alcanzar.

Macbeth lleva esa idea hasta sus consecuencias más extremas. Tiene tanto miedo de perder la oportunidad de convertirse en rey que termina destruyendo prácticamente todas las razones por las que podría haber querido serlo.

Y ahí está, para mí, la grandeza de Shakespeare y la razón por la que esta historia continúa funcionando tantos siglos después. Macbeth no necesita que vivamos en una monarquía medieval para que comprendamos sus conflictos. Habla de la ambición, de la necesidad de reconocimiento, de nuestra relación con el tiempo y de esa capacidad que tenemos para convencernos de que determinados sacrificios están justificados porque algún día vamos a conseguir algo que finalmente nos hará felices.

Lo terrible es que ese día puede llegar y descubrirnos completamente solos.

The Tragedy of Macbeth también me parece una película extraordinaria sobre la culpa. No porque sus protagonistas desconozcan que hicieron algo terrible, sino precisamente porque intentan continuar viviendo como si pudieran controlar las consecuencias emocionales de sus decisiones. Macbeth cree que puede garantizar su seguridad eliminando a cualquiera que represente una amenaza, mientras Lady Macbeth intenta convencerse de que aquello que hicieron puede quedar definitivamente atrás. Pero ninguno consigue escapar de los recuerdos, del miedo o de la sensación de que todo podría derrumbarse en cualquier momento.

Y ahí la película vuelve a encontrarse con el cine negro. Tenemos personajes que cometen un crimen creyendo que podrán controlar aquello que viene después, pero descubren que cada intento de solucionar el problema termina complicándolo todavía más. La diferencia es que acá esa estructura criminal está atravesada por una dimensión trágica donde el destino parece estar observando constantemente a quienes intentan escapar de él.

No creo que The Tragedy of Macbeth sea una película particularmente accesible para quienes no estén familiarizados con Shakespeare. Conserva buena parte de su lenguaje original, utiliza una puesta en escena deliberadamente teatral y exige que prestemos atención a conversaciones donde las palabras tienen tanta importancia como las imágenes. Pero también creo que su extraordinaria belleza visual y las interpretaciones de Washington y McDormand consiguen que podamos experimentar emocionalmente la tragedia incluso cuando no comprendemos inmediatamente todos los matices de sus diálogos.

Joel Coen demuestra una capacidad impresionante para transformar una obra teatral en una experiencia profundamente cinematográfica sin necesidad de esconder su origen. Cada elemento parece responder a una misma idea: el blanco y negro, la arquitectura, las sombras, los silencios y la composición de los planos construyen un mundo donde los personajes están atrapados entre aquello que desean y aquello que temen. Y Denzel Washington consigue que toda esa extraordinaria construcción visual tenga un centro humano.

Para mí, su interpretación es la gran razón para volver a esta película. Hay actores que consiguen dominar una escena mediante grandes demostraciones de intensidad, pero Washington parece capaz de transmitir una tragedia entera con una mirada. Su Macbeth es ambicioso, inseguro, violento, inteligente, vulnerable y profundamente humano. Es un hombre que termina convirtiéndose en aquello que más temía porque nunca consigue comprender que algunas posibilidades deberían continuar siendo solamente eso: posibilidades.

Y por eso sigo pensando que Denzel Washington debió ganar el Oscar por esta interpretación. No solamente por la dificultad de trabajar con Shakespeare, sino por conseguir que un personaje que conocemos desde hace siglos vuelva a sentirse como alguien que podría existir delante nuestro. Su Macbeth tiene algo extraordinariamente triste: cuanto más poder consigue, más evidente resulta que está perdiendo el control de su propia vida.

Quizás por eso la tragedia no comienza realmente cuando Macbeth comete su primer asesinato, sino mucho antes, cuando escucha una profecía y decide que aquello que todavía no tiene es más importante que todo lo que ya consiguió.

Porque el verdadero problema nunca fue querer convertirse en rey.

Fue creer que conocer una posibilidad sobre su futuro le daba derecho a destruir su presente para conseguirla.

Thoughts

  • Kari96

    Me quedé fría un rato con lo del día que llega y te encuentra sola. Es lo único que me llevo de todo esto, aunque de la película no sé nada.

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  • pjimenez77

    Que ya no sea joven cambia la obra entera, de acuerdo. Pero Macbeth no arranca de cero: arranca con casa, cargo y una mujer que lo acompaña. El que arranca de nuevo a los cuarenta y cinco sin nada de eso tiene otra desesperación, mucho menos ruidosa.

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  • mcastro71

    Lo que más se sostiene es el matrimonio. Dejan de contarse las cosas mucho antes de dejar de quererse, y cuando uno de los dos empieza a decidir por su cuenta ya está todo perdido, aunque sigan durmiendo en la misma casa.

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  • Ovid

    El castillo que se va quedando más vacío mientras él sube es lo que se me quedó de tu reseña. Me hizo pensar en el Trono de sangre de Kurosawa, con la niebla comiéndose el bosque. Se nota que la viste más de una vez, porque lo del sonido bajito da la impresión de algo que uno recién agarra en una segunda pasada.

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  • TerminosClaros

    Che, las brujas nunca le dicen lo que va a pasar. Le dicen lo que podría pasar, y él las escucha como si fueran lo primero. Toda la tragedia se juega en ese salto y lo da él solo, sin que nadie lo empuje. Por eso me convence más tu lectura del miedo al tiempo que la de la ambición: el que ya tiene todo no necesita que le prometan nada, necesita creer que todavía le alcanza. ¿Qué otra versión de Macbeth habías visto antes de esta?

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