Hay algo que me gusta mucho de The Punisher de 2004 y es que, aunque venga de Marvel, casi nunca se siente como una película de superhéroes.
Jonathan Hensleigh la filma más cerca de un policial de venganza, un western urbano y una película de acción de los setenta que de aquello que hoy asociamos automáticamente al género. Frank Castle no tiene poderes, no tiene una gran tecnología y ni siquiera parece interesado en convertirse en símbolo de nada. Es simplemente un hombre al que le destruyeron absolutamente todo y que decide que, si la justicia institucional no puede alcanzar a quienes lo hicieron, él va a construir otra cosa.
Y Thomas Jane me parece fundamental para que eso funcione. Su Frank Castle no es particularmente carismático ni busca serlo. Hay algo permanentemente apagado en él después de la muerte de su familia. No estamos viendo a alguien que encuentra un propósito y vuelve a sentirse vivo gracias a la venganza. Muchas veces parece exactamente lo contrario: un hombre que ya murió emocionalmente y simplemente sigue caminando porque todavía le queda algo por hacer.
Eso diferencia bastante a The Punisher de muchas historias de origen. Normalmente el protagonista pierde algo, transforma el dolor en una misión y encuentra una nueva identidad. Acá la identidad nueva nace de una ausencia. Frank no se convierte en Punisher porque descubre quién quiere ser. Se convierte en Punisher porque prácticamente todo aquello que era antes dejó de existir.
La masacre de su familia es justamente lo que establece el tono de la película. Hensleigh no la trata como un evento rápido necesario para que empiece la acción. Se toma el tiempo suficiente para que entendamos la dimensión de lo que se pierde. Y eso hace que después la violencia de Frank tenga un peso distinto. No necesariamente la vuelve moralmente correcta, pero sí comprensible dentro de la lógica emocional del personaje.
Lo que más me interesa es que Frank no se lanza simplemente a dispararle a todo el mundo. Su verdadera venganza contra Howard Saint tiene bastante más de manipulación que de fuerza bruta. Empieza a destruirle la vida desde adentro. Investiga sus vínculos, entiende dónde están sus puntos débiles y consigue que Saint empiece a desconfiar de las personas que tiene más cerca.
Ahí la película encuentra algo bastante interesante: Frank quiere que Saint sienta una versión del mismo vacío que él sintió.
No le alcanza con matarlo.
Quiere quitarle primero aquello que ama.
Y eso vuelve la venganza mucho más oscura porque Frank termina adoptando una lógica muy parecida a la de sus enemigos. Ya no se trata únicamente de castigar al responsable de un crimen. Se trata de diseñar sufrimiento.
John Travolta funciona bien precisamente porque Howard Saint no es un villano particularmente extravagante. Es un hombre poderoso acostumbrado a controlar todo a su alrededor y a resolver cualquier amenaza utilizando dinero y violencia. Y Frank descubre que la mejor forma de destruirlo no es atacarlo frontalmente, sino hacer que esa necesidad de control empiece a volverse contra él.
La parte donde Frank manipula la relación entre Saint, su mujer y Quentin Glass me parece de las cosas más crueles de la película. Frank prácticamente deja que Saint haga parte del trabajo por él. Planta información, genera sospechas y observa cómo un hombre desconfiado destruye personalmente aquello que todavía tenía.
Eso es mucho más Punisher que cualquier tiroteo. Porque Frank no quiere simplemente ganar. Quiere castigar.
Y ahí está la diferencia central del personaje con un héroe tradicional.
Batman puede asustar criminales, Spider-Man puede detenerlos y Superman puede entregarlos a la justicia. Frank Castle ya no cree demasiado en ninguna de esas instancias. Para él hay personas que cruzaron un límite después del cual solamente queda una sentencia.
Por eso el símbolo de la calavera funciona tan bien. No es únicamente un logo cool. Frank lo utiliza como una declaración de aquello en lo que se convirtió. Ya no es policía, agente o soldado. No representa una institución. Es algo que aparece cuando todas las demás instancias fallaron.
También me gusta el tono físico de la película. Las peleas tienen peso. Frank recibe golpes, queda destruido y sangra. No parece invulnerable. La pelea contra The Russian funciona especialmente bien porque durante gran parte del enfrentamiento Frank está siendo demolido. Kevin Nash es enorme, prácticamente no reacciona a los golpes y la escena tiene incluso momentos de humor muy extraño, pero lo más importante es que vemos a Frank sobrevivir utilizando resistencia e improvisación más que una superioridad física imposible.
Eso humaniza mucho al personaje.
Frank puede matar a varias personas, pero no parece un superhombre.
Cada pelea le cuesta algo.
Y Thomas Jane vende muy bien ese cansancio.
También creo que la película funciona mejor cuando se aleja de la trama criminal y se queda un poco con los vecinos del edificio. Joan, Bumpo y Spacker Dave representan casi la última conexión de Frank con una vida cotidiana. Son personajes raros, medio rotos y bastante solos, pero empiezan a construir alrededor suyo una especie de comunidad.
Eso es interesante porque Frank insiste en comportarse como si ya no tuviera nada que perder, pero progresivamente la película demuestra que no es completamente cierto.
Todavía puede importarle alguien.
Todavía puede proteger a alguien.
Todavía existe una pequeña parte del hombre que era antes.
La escena donde Dave es torturado y se niega a revelar información sobre Frank me parece especialmente importante por eso. Frank está acostumbrado a pensar que su cruzada lo separó definitivamente del resto del mundo y de repente descubre que alguien está dispuesto a sufrir por él.
La venganza le había dado una misión. Esas personas empiezan a recordarle que todavía puede existir algo después de la misión. Y ahí creo que The Punisher tiene más corazón de lo que suele reconocérsele.
También me gusta mucho que la película tenga cierta estética de western. Frank llega prácticamente como un hombre muerto a una ciudad dominada por alguien poderoso, empieza a desmontar su imperio y finalmente se enfrenta a él. Hay duelos, amenazas, espacios abiertos y una idea muy clásica del hombre solitario que llega para ajustar cuentas.
Solamente que Frank no se marcha exactamente convertido en héroe. Se marcha convertido en Punisher. Y eso hace que el final sea bastante más amargo.
Porque mata a Howard Saint, destruye su organización y consigue la venganza que buscaba, pero nada de eso cambia lo fundamental.
Su familia sigue muerta.
Eso es lo que me gusta de la escena posterior. La película podría haber terminado celebrando que Frank ganó. En cambio deja claro que ganar no solucionó su dolor, la venganza puede cerrar una misión, pero no necesariamente cerrar un duelo.
Frank incluso contempla terminar con su propia vida porque, después de cumplir aquello que lo mantuvo funcionando, tiene que enfrentarse nuevamente a la pregunta que había evitado durante toda la película: qué hacer con la vida que todavía le queda.
Y ahí decide continuar.
No porque esté curado.
No porque de repente vuelva a ser feliz.
Sino porque entiende que existen otras personas como él, otras víctimas y otros responsables a los que la justicia quizá no alcance.
Ese es el nacimiento verdadero del Punisher.
No ocurre cuando pinta una calavera en una remera.
Ocurre cuando termina su venganza personal y decide que aquello que hizo ya no va a pertenecer únicamente a su historia.
Creo que ésa es la razón por la que Thomas Jane sigue siendo una versión muy querible del personaje. Tiene la dureza necesaria, pero también una tristeza constante que evita convertirlo simplemente en una máquina de matar. Uno siente que debajo de cada amenaza todavía existe alguien que preferiría no haber tenido que convertirse en esto.
Y para mí ése es el Frank Castle más interesante.
No el que disfruta castigando.
El que ya no sabe hacer otra cosa.
The Punisher tiene algunas cosas exageradas, otras muy propias del cine de acción de principios de los 2000 y un tono que por momentos cambia muchísimo entre humor, brutalidad y melodrama. Pero justamente ahí también tiene personalidad. No intenta parecerse a las películas superheroicas posteriores porque todavía no existe una fórmula dominante que tenga que seguir.
Es una película de Marvel que puede permitirse ser sucia, violenta, triste y bastante extraña.
Y eso hoy tiene un encanto especial.
Porque The Punisher entiende algo esencial sobre Frank Castle: su historia nunca debería sentirse como la fantasía de conseguir poderes.
Debería sentirse como la tragedia de perder tanto que terminás convirtiendo el dolor en profesión.
Frank Castle consigue vengar a su familia, pero ésa nunca fue realmente la victoria. La verdadera condena es que, cuando termina de castigar a todos los responsables, descubre que todavía sigue vivo y tiene que decidir qué hacer con el hombre que quedó después de la venganza.