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The Naked Gun — Cuando el chiste funciona porque nadie parece darse cuenta de que está haciendo uno

rodrigosegade1000
Pensamiento

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Gonzalo_R

Lo de Neeson usando treinta años de policías serios como preparación para el remate lo compro, pero el peso lo pone Pamela Anderson. Neeson tiene la cara hecha para eso; ella tenía todo para quedar como la mujer fatal decorativa del policial parodiado. Qu

Lo de Neeson usando treinta años de policías serios como preparación para el remate lo compro, pero el peso lo pone Pamela Anderson. Neeson tiene la cara hecha para eso; ella tenía todo para quedar como la mujer fatal decorativa del policial parodiado. Que acepte el ridículo sin guiñarle a nadie es lo que sostiene la química. Apuesto a que en unos años se la recuerda más a ella que a él en esta película.

Contenido de la publicación

Hay algo bastante difícil en intentar recuperar una comedia como The Naked Gun. No alcanza con traer nuevamente el nombre, repetir algunos chistes o llenar la película de referencias a Leslie Nielsen.

El verdadero desafío es recuperar una forma de hacer humor que prácticamente desapareció del cine comercial: esa comedia donde puede ocurrir la estupidez más grande del mundo y, sin embargo, los personajes continúan comportándose como si estuvieran dentro de un policial completamente serio. Y creo que Akiva Schaffer entiende bastante bien que ahí estaba el secreto.

Liam Neeson me parece una elección muy inteligente justamente por eso. Durante buena parte de su carrera reciente construyó una imagen asociada al thriller, al policía serio, al hombre peligroso que entra a una habitación y todos saben que algo puede terminar mal.

The Naked Gun aprovecha todo ese bagaje en vez de obligarlo a transformarse en un comediante tradicional. Neeson interpreta a Frank Drebin Jr. con una seriedad casi absoluta, como si realmente creyera estar protagonizando una película policial importante, mientras alrededor suyo el mundo se comporta de la manera más idiota posible.

Eso es fundamental porque el humor de The Naked Gun nunca funcionó mejor cuando alguien intentaba “ser gracioso”. Leslie Nielsen había entendido perfectamente que cuanto más convencido parecía de aquello que estaba diciendo, más gracioso resultaba. Neeson entra por un camino parecido. No mira a cámara esperando que nos riamos, no subraya demasiado el remate y muchas veces ni siquiera parece registrar la dimensión absurda de lo que acaba de ocurrir.

Y ahí la película consigue algunos de sus mejores momentos.

La gracia está en que el chiste no termina necesariamente cuando termina el diálogo. Puede haber otro gag escondido atrás, un cartel, una reacción, un objeto que aparece en cuadro o una consecuencia completamente absurda de aquello que acabamos de ver. Ese tipo de comedia exige estar mirando permanentemente porque Schaffer intenta recuperar algo muy propio de Zucker, Abrahams y Zucker: la idea de que prácticamente cualquier parte del plano puede contener un chiste.

Eso también hace que sea una comedia que no tiene demasiado miedo de parecer estúpida.

Y lo digo como algo positivo.

Hay una tendencia bastante moderna a justificar la comedia con ironía, como si la película tuviera que aclararnos permanentemente que sabe que lo que está haciendo es ridículo. The Naked Gun funciona mucho mejor cuando directamente abraza la ridiculez. No necesita pedir disculpas por un gag visual completamente infantil ni explicar por qué una situación no tiene sentido. El chiste aparece, funciona o no funciona, y veinte segundos después ya estamos en otra cosa.

Ese ritmo es importantísimo. No todos los chistes pegan igual, obviamente, y hay momentos donde se nota que recuperar este tipo de humor décadas después no es tan sencillo. Pero la película entiende algo esencial: si un gag falla, no puede detenerse a lamentarlo. Tiene que haber otro inmediatamente después.

Eso le da una velocidad muy particular.

La película parece construida desde la acumulación.

Un diálogo absurdo lleva a un gag visual, el gag visual produce otra situación y esa situación termina generando un remate que muchas veces no tiene ninguna relación lógica con el comienzo. Cuando está inspirada, esa cadena recuerda justamente por qué este tipo de comedia podía ser tan efectiva.

Pamela Anderson también me sorprendió porque entiende perfectamente el tono. No está ahí simplemente para acompañar a Neeson ni para funcionar como la típica mujer fatal de un policial parodiado. Tiene timing, acepta el ridículo y, sobre todo, nunca intenta colocarse por encima del material.

Eso es clave en una película así.

Si alguno de los actores empezara a comportarse como si fuera demasiado inteligente para los chistes, todo se rompería.

Neeson y Anderson aceptan habitar ese universo.

Y por eso la química entre ellos funciona.

Me gusta también que la película no intente esconder su relación con la original. Frank Drebin Jr. existe bajo la sombra de Frank Drebin, y obviamente Leslie Nielsen es imposible de reemplazar. Pero creo que la mejor decisión es justamente no intentar convertir a Neeson en una copia.

Nielsen tenía una presencia propia.

Neeson tiene otra.

Y la película utiliza esa diferencia.

El humor de Neeson nace muchas veces del contraste entre la gravedad de su rostro, la voz con la que puede decir cualquier barbaridad y aquello que está ocurriendo alrededor. Es prácticamente utilizar décadas de películas serias de Liam Neeson como preparación para el remate.

Eso me parece bastante cinéfilo.

Porque una película de parodia funciona mejor cuando conoce perfectamente aquello que está parodiando. The Naked Gun no se ríe solamente de las películas policiales desde afuera. Intenta filmarse por momentos como una de ellas. Hay entradas dramáticas, investigación, villanos, conspiraciones y secuencias construidas con cierta gravedad visual, solamente para que algo completamente idiota destruya esa seriedad segundos después.

Y ésa era justamente una de las grandes virtudes de la saga original.

El mundo tiene que creer que es serio para que nosotros podamos reírnos.

Si todo fuera una caricatura desde el primer segundo, el contraste desaparecería.

También creo que hay algo refrescante en ver una comedia grande que todavía confía tanto en el gag. No necesita convertir cada chiste en una reflexión sobre sí misma ni utilizar constantemente referencias para provocar reconocimiento. Hay humor físico, juegos de palabras, situaciones absurdas y cosas que simplemente están ahí porque alguien pensó que podían ser graciosas.

Eso parece una obviedad.

Pero cada vez se ve menos.

Por momentos incluso se siente como una película que llega de otra época, no porque visualmente sea antigua, sino porque su prioridad es hacer reír con la mayor frecuencia posible. Y hay algo casi liberador en eso.

No necesita ser trascendente.

No necesita transformar el género.

Necesita que Liam Neeson diga algo completamente ridículo con la misma cara con la que durante años amenazó criminales.

Y cuando eso funciona, funciona muchísimo.

También me gusta que Schaffer parezca entender que homenajear a The Naked Gun no significa tratarla con solemnidad. Sería contradictorio hacer una película reverencial sobre una saga que vivía destruyendo cualquier posibilidad de solemnidad. El mejor homenaje posible es permitirse ser igual de tonta.

Ahí encuentro su principal virtud.

No intenta demostrar que esta versión es más moderna, más sofisticada o más consciente que la anterior.

Simplemente intenta jugar el mismo juego con otro actor y otra época.

Obviamente no todo alcanza el nivel de la trilogía de Nielsen. Hay chistes que parecen demasiado buscados, algunos remates que no terminan de llegar y momentos donde uno inevitablemente piensa en la precisión que tenía el humor original. Pero tampoco creo que la película necesite ganarle a Leslie Nielsen para justificar su existencia.

Le alcanza con recordar por qué nos gustaba tanto ese tipo de comedia.

Y creo que lo consigue.

Porque debajo de toda la estupidez hay una comprensión bastante precisa del mecanismo.

El personaje no sabe que está dentro de una comedia.

Nosotros sí.

Y cuanto más seriamente intenta resolver aquello que está pasando, más absurdo se vuelve todo.

Por eso Liam Neeson termina siendo la mejor idea de la película. No porque intente ocupar el lugar de Nielsen, sino porque comprende el principio que hacía grande a Nielsen: decir la cosa más absurda posible como si de ella dependiera el destino del mundo.

Y quizás ésa sea la mayor victoria de esta nueva The Naked Gun. En una época donde muchas comedias parecen tener miedo de ser simplemente comedias, ésta se anima a ser ridícula, física, rápida, infantil por momentos y orgullosamente tonta.

Porque el mejor chiste de The Naked Gun siempre fue el mismo: nosotros sabemos que todo es una locura, pero Frank Drebin sigue comportándose como si estuviera resolviendo el caso más importante de su carrera. #humor

Thoughts

  • RominaQ

    Después del Punisher venía bien algo así. A Neeson le tengo miedo desde Taken, verlo serio en medio de tanta estupidez es mi comedia ideal 😂

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  • Gonzalo_R

    Lo de Neeson usando treinta años de policías serios como preparación para el remate lo compro, pero el peso lo pone Pamela Anderson. Neeson tiene la cara hecha para eso; ella tenía todo para quedar como la mujer fatal decorativa del policial parodiado. Que acepte el ridículo sin guiñarle a nadie es lo que sostiene la química. Apuesto a que en unos años se la recuerda más a ella que a él en esta película.

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