Un corazón puede ser fuerte pese a cualquier adversidad; un corazón puede fingir que está bien y puede seguir con su día como si nada hubiera pasado. Pero si el corazón demostrara lo que en verdad siente, sería todo diferente. Imagina que tu corazón dictara tu camino: existirían dos opciones, una felicidad enorme o un mar de lágrimas que no se puede evitar.
Ahora imagina que tu corazón supera a una persona que te marcó de por vida; él creería que serías muy feliz, pero si cavaran en tu corazón hasta lo más profundo, lo más seguro es que llores sin dudarlo. Porque superar cuesta y te darás cuenta de eso: existirán días donde estés bien y pienses que nada saldrá mal, pensarás que estás superando a esa persona especial, pero otros días solamente querrás llorar y estar solo, porque te vuelven a invadir los recuerdos que construiste con esa persona. Y eso está bien, no tiene nada de malo, pero sigue siendo un dolor tanto para tu corazón como para tu alma.
Uno cree que eso es parte de un proceso para sanar; aun así, deberemos llorar con total tranquilidad, aunque sea a solas. Lo importante es llorar, desahogarse y sentir cómo todos aquellos sentimientos van saliendo para que al final puedas volver otra vez a tu tranquilidad.