Me pediste que hablara de nuestro amor,
y no sé por dónde empezar,
porque hay amores que no caben en una historia,
ni en una fotografía,
ni siquiera en las palabras que uno intenta pronunciar
cuando el corazón todavía conserva
la memoria de haber sido feliz.
Y nosotros fuimos felices…
Dios sabe cuánto.
Fui feliz en tus ojos,
en tu manera de llamarme,
en las conversaciones que parecían no tener final,
en los días sencillos que, sin saberlo,
terminaron convirtiéndose en los recuerdos
que más voy a cuidar de mi vida.
Fui feliz contigo de una manera
que quizá nunca vuelva a explicar correctamente.
Porque no solamente te amé;
también aprendí a vivir una parte de mi vida a tu lado.
Y durante tanto tiempo
mi felicidad tuvo tu nombre,
tu risa, tus gestos,
tus abrazos y hasta esas pequeñas cosas
que alguna vez parecieron insignificantes
y que hoy valen más que cualquier cosa.
Si algún día dudas de lo que significaste para mí,
recuerda esto:
hubo un hombre que te miró
y durante mucho tiempo sintió
que había encontrado su lugar en el mundo.
Por eso hoy no quiero hablarte solamente del dolor,
ni de aquello que pudo romperse entre nosotros.
Quiero hablarte del amor que sí existió,
del que fue verdadero,
del que me hizo crecer,
del que me enseñó que amar a alguien
también significa querer verlo llegar
mucho más lejos de donde uno mismo puede acompañarlo.
Continúa tus estudios.
No abandones tus sueños por ningún miedo,
ni permitas que las dificultades
te hagan olvidar de qué estás hecha.
Ama.
Ama sin reservas,
ama bonito,
ama como nunca antes hayas amado.
Y cuando encuentres a alguien que pueda caminar contigo,
sé feliz…
pero sé feliz de verdad.
Protégete.
Cuida tu corazón,
cuida tus sueños,
cuida esa parte de ti que quizá yo conocí
mejor que muchas personas.
Y, sobre todo,
sueña en grande.
Sueña con una vida que te haga sentir orgullosa,
con caminos que todavía no conoces,
con lugares que todavía no has visto,
con metas que hoy parecen demasiado lejanas.
No reduzcas tus sueños
para que quepan en las posibilidades de nadie.
Vuela tan alto como puedas.
Y si alguna vez, desde algún lugar de tu vida,
te detienes a mirar hacia atrás,
espero que no recuerdes solamente
cómo terminó nuestra historia.
Recuerda cómo comenzó.
Recuerda cómo nos quisimos.
Recuerda todas las veces que fuimos felices
sin imaginar que algún día
esos momentos se convertirían en recuerdos.
Porque yo, cuando piense en ti,
no quiero quedarme únicamente con la ausencia.
Quiero recordar a mi niña,
a mi chocorramito,
a la mujer que durante tanto tiempo
fue mi casa, mi alegría
y una de las partes más bonitas de mi vida.
Y aunque el tiempo cambie nuestros caminos,
hay algo que nadie podrá quitarme:
haber sido feliz contigo.
Eso también fue amor.
Y quizá esa sea la forma más pura de amarte ahora:
desearte una vida inmensa,
aunque en ella ya no me corresponda caminar a tu lado.
Así que estudia, crece, ama, ríe,
protégete de aquello que pueda apagar tu luz
y nunca, jamás, dejes de soñar.
Porque si alguna vez te amé de verdad,
entonces también tengo que querer
que la vida te dé todo aquello
que alguna vez soñaste.
Sueña en grande, mi niña.
Y sé feliz.
Por mí, por ti,
y por todo aquello hermoso
que alguna vez fuimos.