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¡Su sangre me limpió!

Jorgeguzman
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Su sangre me sano...

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El Señor me liberó de la mujer de la sombrilla y curó las heridas de las uñas clavadas del desespero de la irrealidad.

El cielo parece tan tranquilo después de tanto, pero tan solo recordar me produce rasguños que se abren ante la luz del sol, despidiendo el olor de un cadáver y el sabor desagradable de la hiel. Hoy el Señor me ha sanado de aquella mujer; ¡oh, gran Señor! ¿Qué haría sin Él?

El Libertador, quien fortalece, quien brinda descanso: es el Cordero vencedor.

Las marcas aún aparecen en mi cintura, en mi garganta y en mis manos negras manchadas con pintura; y pienso en Cristo, y eso se disuelve en nada.

La poesía no es estable, sino lo opuesto: a veces estoy triste, otras veces contento; pero hay algo que se mantiene firme: es la promesa del Señor, firmada con su sangre y compartida al mundo entero.

Entonces, después de aquella gran tragedia, entre las afueras de la realidad y entre la frontera de la señora amarga, se iluminó un camino desde el cielo que llevaba al Evangelio. Y entonces contemplé el occidente brillando como si quince soles aparecieran solo por un costado; y aquella luz desintegró la sombrilla de la dama, me sacó de las afueras y me elevó a la realidad.

¡Cristo venció! ¡Cristo vencedor!

¡Su sangre me sanó! ¡Su sangre me limpió!

— Jorge Guzmán

Thoughts

  • solo_curioseo

    ¿La mujer de la sombrilla es alguien real o una metáfora de algo que te hacía daño?

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