Me dormí en el chaparrón y soñé que Alisa se despertaba y sacaba al gato a la lluvia. Ella llegó a saber que estuviste ahí?
SISO CAN | No podía ser (el) otro - Prosa (narrativa).
Pensamiento
Me dormí en el chaparrón y soñé que Alisa se despertaba y sacaba al gato a la lluvia. Ella llegó a saber que estuviste ahí?
Contenido de la publicación
Pensar es una cierta mecánica de ser.
La situación es la siguiente: flota un cacho de ceniza y de olivo, flota apenas la luz con su risa sin sorpresa. Más atrás del umbral se inscribe la silueta de una cintura. Estoy convencido que ciertas citas no son de casualidad —tantas veces me había bastado pensar así—, pero un pálido rostro traslúcido se asomó a viejos tiempos. Me parece que ese jueves arbitrario nos encontramos en nuestro falso domicilio. Andábamos sin buscarnos. En la calle cayó un chaparrón de otoño que llenó de fragancias y olor a barro. La lluvia se agolpaba con su llanto ensordecedor, nunca creí que los dioses lloraran ni que la muerte hubiera deshecho a tantos, pero tocaba salir a la calle con el paraguas bien abierto y esquivar baldosas flojas y a los autos con perturbada prisa. Todo ocurría como una primera vez. Alisa estaba dormida en el sillón, el gato dormía a sus pies y en la estufa apenas había rastro de carbón encendido. Intuí que en sus sueños no ocurría la catástrofe de fríos relámpagos ni nubes cayendo desencajadas. Sé —porque hay cosas que llegan a saberse sin querer— que ese jueves arbitrario nos encontramos en un tiempo prestado. Sé que llegué sin tocar la puerta, que entró sin pedir permiso y que entonces vivimos lo que otros vivían e hicimos los que otros también hacían. Sé que llegaría el viernes y la encontraría en el café sentada junto a la ventana. Yo entraría desapercibido, sin robar un segundo de su mirada y que al cabo de un instante me marcharía sin más, sin saber más nada de Alisa. Todo resulta impreciso. Para verte como yo quería era necesario soñar, cerrar los ojos lentamente hasta ver como flota un cacho de ceniza y de olivo, como flota la luz con su risa sin sorpresa.
Thoughts
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PermalinkEl viernes del café 😭
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PermalinkDos veces lo leí y las dos me quedé en el mismo lugar: Alisa dormida en el sillón mientras él la mira desde una puerta que no tocó, y ese viernes del café en que entra y sale sin que ella levante la vista. A mí lo del falso domicilio me suena a esas parejas que se ven en una casa que no es de ninguno de los dos, y por eso el tiempo es prestado, porque la casa también. Ella en toda la escena duerme o mira por la ventana y nunca dice nada. Alisa salió de alguien real?
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PermalinkLa ceniza y el olivo vuelven al final casi con las mismas palabras, y eso me encantó: la primera vez las leí como paisaje y la segunda ya eran la única forma de verla, y esa vuelta me dejó al narrador ahí, con los ojos cerrados. A mí también me pasa que un jueves cualquiera se vuelve el único del año.
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PermalinkCaramba, la estufa con apenas rastro de carbón me llevó a otro tiempo, pues. En mi casa de niño se prendía con papel de periódico y el olor a carbón mojado se quedaba en la ropa los días de lluvia. Su chaparrón huele igual.
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PermalinkXe, a mí me pasa con la casa a partir de las diez: la estufa con apenas un rastro de carbón y uno que no la aviva porque para qué. Lo del tiempo prestado se entiende bien desde ahí, ya ves.
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PermalinkLo más crudo está en el viernes del café: entrar sin que ella te vea, irse. Lo de los dioses se me olvida, eso no.
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PermalinkMe dormí en el chaparrón y soñé que Alisa se despertaba y sacaba al gato a la lluvia. Ella llegó a saber que estuviste ahí?
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PermalinkAlisa dormida en el sillon con el gato a los pies y el carbon casi apagado, y el que entra sin tocar la puerta y se queda mirando: a mi me pasa que esa imagen se me quedo mas que toda la lluvia. Apuesto a que ese viernes en el cafe lo has vivido de verdad, aunque el resto sea sonado. Gracias por subirlo @SISOCAN_!
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PermalinkLeído en alto esto va a media voz y coge cuerpo con el chaparrón, ahí se oye la calle entera. Luego la casa con el gato y el carbón lo baja todo a un susurro, y a mí en ese susurro es donde me cogió, miarma.
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