La memoria es como un logro,
una especie de mundo amorfo
hasta entonces insospechado.
Su voz es la mímica del sol,
un articulado silencio
capaz de enturbiar los ojos.
El olvido, en cambio, es una canción.
Deambula por el tiempo incansable,
es como lluvia nocturna
que no sabes si llega tarde
con fragmentos disperso de acordes
o es un naufragio de campanas.
El olvido (verás) es una lección inevitable.