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SÍNDROME DE LA LLUVIA.

Fer316
Pensamiento

Pensamiento

TerminosClaros

La lluvia en el techo sale dos veces, primero como canción de cuna y al final como un bebé llorando con fiebre. Para mí ahí está el síndrome del título: después del barro esa lluvia ya no vuelve a sonar igual.

La lluvia en el techo sale dos veces, primero como canción de cuna y al final como un bebé llorando con fiebre. Para mí ahí está el síndrome del título: después del barro esa lluvia ya no vuelve a sonar igual.

Contenido de la publicación

El cielo se oscureció

y el trueno aún lejano

una gran fiesta inició.

El olor de tierra húmeda

traía alivio a la siembra.

Caen gotas sobre el techo

como arrullo de canciones,

invitando al sueño

de verdes pimentones.

Siguió lloviendo,

la fiesta terminó.

Aquello que ocurrió

jamás se olvidó.

La fuerza de la tormenta

la montaña desgarró

y el eco de su rugido

el tiempo atravesó.

Bajo el barro la vida quedó.

Un pueblo con su pala

se niega a caer derrotado,

viendo enterrado aquello

que aún no está sepultado.

Aún resiste al olvido

de sus propias tradiciones,

ya sin verdes pimentones.

Las huellas de aquel día

aún están presentes

en el juego repetido

de los niños en el patio,

enterrando y salvando

sus ollitas de barro,

y en el trueno de la tarde,

callando de golpe

las voces de la calle.

Caen gotas sobre el techo

como el llanto de un bebé,

propiciando el desvelo

de una fiebre que no cede.

Thoughts

  • pasabaporaqui

    Los niños en el patio enterrando y rescatando ollas de barro me suenan a un pueblo real, con nombre. Los chicos juegan a lo que los grandes no se animan a contar.

    Permalink
  • Ovid

    Los pimentones verdes que están en la segunda estrofa y faltan en la sexta dicen más de la pérdida que el rugido de la montaña. Una tragedia así con el tiempo vas recordándola por cosas chicas como esa, la huerta, el olor a tierra mojada, más que por la tormenta misma. Y los niños jugando a enterrar y salvar ollitas me parecen el corazón de todo.

    Permalink
  • TerminosClaros

    La lluvia en el techo sale dos veces, primero como canción de cuna y al final como un bebé llorando con fiebre. Para mí ahí está el síndrome del título: después del barro esa lluvia ya no vuelve a sonar igual.

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El cielo se oscureció

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