Los pimentones verdes que están en la segunda estrofa y faltan en la sexta dicen más de la pérdida que el rugido de la montaña. Una tragedia así con el tiempo vas recordándola por cosas chicas como esa, la huerta, el olor a tierra mojada, más que por la tormenta misma. Y los niños jugando a enterrar y salvar ollitas me parecen el corazón de todo.
SÍNDROME DE LA LLUVIA.
Pensamiento
Los pimentones verdes que están en la segunda estrofa y faltan en la sexta dicen más de la pérdida que el rugido de la montaña. Una tragedia así con el tiempo vas recordándola por cosas chicas como esa, la huerta, el olor a tierra mojada, más que por la t
Contenido de la publicación
El cielo se oscureció
y el trueno aún lejano
una gran fiesta inició.
El olor de tierra húmeda
traía alivio a la siembra.
Caen gotas sobre el techo
como arrullo de canciones,
invitando al sueño
de verdes pimentones.
Siguió lloviendo,
la fiesta terminó.
Aquello que ocurrió
jamás se olvidó.
La fuerza de la tormenta
la montaña desgarró
y el eco de su rugido
el tiempo atravesó.
Bajo el barro la vida quedó.
Un pueblo con su pala
se niega a caer derrotado,
viendo enterrado aquello
que aún no está sepultado.
Aún resiste al olvido
de sus propias tradiciones,
ya sin verdes pimentones.
Las huellas de aquel día
aún están presentes
en el juego repetido
de los niños en el patio,
enterrando y salvando
sus ollitas de barro,
y en el trueno de la tarde,
callando de golpe
las voces de la calle.
Caen gotas sobre el techo
como el llanto de un bebé,
propiciando el desvelo
de una fiebre que no cede.
Thoughts
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PermalinkLos niños en el patio enterrando y rescatando ollas de barro me suenan a un pueblo real, con nombre. Los chicos juegan a lo que los grandes no se animan a contar.
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PermalinkLos pimentones verdes que están en la segunda estrofa y faltan en la sexta dicen más de la pérdida que el rugido de la montaña. Una tragedia así con el tiempo vas recordándola por cosas chicas como esa, la huerta, el olor a tierra mojada, más que por la tormenta misma. Y los niños jugando a enterrar y salvar ollitas me parecen el corazón de todo.
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PermalinkLa lluvia en el techo sale dos veces, primero como canción de cuna y al final como un bebé llorando con fiebre. Para mí ahí está el síndrome del título: después del barro esa lluvia ya no vuelve a sonar igual.
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