No sabía el poder de lucha que tenía realmente. Sabía que dentro de mí había una fuerza que me hacía alejarme, sin mirar atrás, de todo lo que dañaba mi paz mental; una capacidad para superar las pruebas de la vida. Y es que a todo lo malo que me ocurrió lo veo como un desafío a la capacidad humana de sobrevivir. Como si los sufrimientos hubieran sido impuestos solo para probar hasta dónde somos capaces de soportar... o quizás esa fue la idea que me ayudó a atravesar mis propios infiernos. Tendría que entrar en un análisis más profundo, pero no es el momento.
A lo que quiero aludir es a que uno no comprende lo que ha logrado superar hasta que llega alguien más y te lo remarca.
Sucedió con un familiar que me mandó un mensaje después de años de tenerme en Facebook. Cuando le pregunté en qué podía ayudarle, me lanzó la pregunta directamente:
—Solo quería saber cómo hiciste para sobrevivir. Cómo hiciste para simplemente alejarte de la familia, de todos los que no te creyeron, y marcharte. A pesar de todo lo que sufriste, no volviste. ¿Cuál fue la fuerza interior que te ayudó a soportar la soledad sin una familia de apoyo y a luchar sola contra un matrimonio con violencia? Quiero saberlo —me dijo—, porque estoy en una situación parecida a la tuya y no encuentro las fuerzas para alejarme. Quiero saber cómo se hace para exiliarse sola.
Fue ahí cuando lo entendí: poseía una fuerza que ni yo misma sabía que existía. Y aunque en su momento no sabía exactamente cómo lo había hecho, hoy me pregunto si esa es, en verdad, la respuesta al propósito de los retos: demostrar que podemos sobrevivir a cualquier cosa sin perder nuestra esencia, y servir de espejo para que otros vean que también pueden lograrlo.