Si el agua pudiera hablar,
quizá nos diría:
«¿Por qué me estáis matando,
cuando fui yo quien os dio vida?»
Llegué y les dije adiós,
les ofrecí agua,
los campos florecieron
y los sueños cobraron vida.
Me dieron calor,
escuché sus historias,
mientras corría por sus carreteras
y suspiraban junto a mis playas.
Me necesitan, ¿no?
¡Esperad! No tan rápido... ¡Estarían perdidos sin mí!
Les doy mis pensamientos para que puedan seguir soñando,
las nubes para que amen,
los océanos para que anhelen
y las saladas lágrimas de su corazón.
Ahora, dime tú: ¿cómo crees que estarán tus días,
cuando llegue ese momento,
y empiecen a buscarme por todos lados?
Cuidé de ti,
te ayudé a salir adelante;
ahora cuídame yo también.
Espero que estéis satisfechos con mi atención.
Recuerda que incluso el más pequeño de los pequeños es grande, aunque no lo parezca.
Esperemos que este mensaje te llegue antes de que sea demasiado tarde, porque mantener toda esta vida depende de ello.
Necesito que sepas cómo cuidar de mí, pero sobre todo recordar quién soy realmente.
La gente me da gracias en forma de dinero, felicidad o amor; a mí solo me hacen falta una pizca de tu atención y una oportunidad.
Quizá entonces comprendas de verdad por qué esto es lo correcto.
Quizá podamos verlo como algo bueno por fin.
Piensa en mí como en un tesoro, una prueba de vida y, desde luego, el comienzo del nuevo día.