Ser latido.
Ser pasión.
Ser gota de sudor.
Gozar
y seguir gozando.
Con reglas y sin ellas.
Con palabras y susurros.
Con caricias y pasión.
Con aceptación y gemidos.
Con gritos ahogados en las sábanas.
Con miradas profundas en la madrugada.
Con silencios hermosos que llenan el cuarto.
Con cuerpos que hablan, que tiemblan, que danzan.
Con deseos que no se explican,
un vals de sentidos.
El cuerpo recuerda,
pero también aprende.
Que puede desear.
Que puede elegir.
Que puede entregarse
sin dejar de pertenecer.
Y entonces,
gozar.
Gozar el cuerpo.
Gozar el deseo.
Gozar la libertad.
Gozar, simplemente,
porque sí.
VLF — agosto 2026