Confusiones.
Decir lo que ya dijeron de forma equivocada.
Lo incomprensible como requisito para conservar la pureza
es una aberración lógica.
«Falta de precisión» es la sentencia.
«Ausencia de fundamentación».
«Uso impreciso de la terminología histórica consolidada».
Inventar y redefinir conceptos
sin ningún diálogo con la tradición intelectual
no es evolución hacia ninguna amplitud: es necedad.
Y exponer la ignorancia da mucha vergüenza,
más aún cuando esa ignorancia viene con ínfulas tan elevadas.
Para que mis pensamientos puedan convertirse en una tesis sólida,
tendría que abandonar la grandilocuente retórica
—enceguecedora por ser resplandeciente—,
ser preciso completamente,
no sacarme de la manga divagaciones rimbombantes.
Negar el libre albedrío y al mismo tiempo afirmarlo.
Es a conveniencia que yo juzgo.
Será mejor dejarlo en manos de los expertos
y no instaurar dualismos insostenibles, paradójicos,
para tratar de explicarlo todo.
Sin quererlo,
enmascaro procesos bajo determinismos imprecisos o erróneos.
Solo hago aproximaciones a lo tonto al sol de la Verdad;
creo que a la larga ni la merezco.
Exijo la quietud del universo como condición necesaria
para ser puro y no ser cooptado.
Fenómenos complejos con el menor número de supuestos:
no estar poniendo la lupa compulsivamente,
ver, entender someramente
y ya creer haber encontrado y consolidado algo sólido,
cuando lo que hiciste fue validar tu ceguera bajo el sol.
Desconozco la función adaptativa del conocimiento
al reducir sus expresiones a pereza mental y facilismo ciego.
Condiciones biológicas y cognitivas básicas para la supervivencia importan...
¿Quién soy yo para cuestionarlas?
Si todo es una elección, podemos decir que esa elección
ya posee una utilidad para nosotros:
la búsqueda de certezas simples, la pasividad, el conformismo ideológico.
Eso es la Normalidad.
No te atrevas a tratar de retratarla:
tu caricatura de niño será un calco vergonzoso
de lo portentoso de las pinturas ya creadas.
Eres un amateur y ya, no tienes la autoridad para hablar de cosas tan complicadas.
Y lo peor es que la simplicidad te escupe en la cara.
Es mejor el sofisma que la filosofía.
Y la filosofía no es para cualquiera.
¿Y yo? No solo soy un cualquiera: soy un nada.