Capítulo 1: El precio de un milagro
El 15 de agosto de 2019, a las 3:47 de la tarde, el mundo cambió para siempre: nació mi hijo, Mateo. Aquel debió ser el día más feliz de mi vida, pero la felicidad se transformó rápidamente en terror. El parto se complicó de tal manera que estuve quince días internada en el hospital, debatiéndome entre la vida y la muerte. Sobreviví de milagro, pero las secuelas de ese dolor no se borraron fácilmente.
Seis años después, tomé una decisión difícil pero necesaria. Descolgué el teléfono y contacté a Carlos, el padre del niño. No lo hice por mí, sino por Mateo; no quiero sembrar semillas de amargura ni rencor en el corazón de mi hijo. Quería que se conocieran y que construyeran una relación sana. Sin embargo, me topé con un muro de excusas. Carlos me dijo que no podía acercarse porque su actual mujer, Valeria, era extremadamente celosa y no toleraría vernos juntos.
—Quiero hablar contigo, no con tu mujer —le aclaré con firmeza—. Tú eres el papá del niño.
Pero no hubo caso. Se negó rotundamente, argumentando que no tenía dinero para apoyarme ni tiempo debido a sus largas jornadas de trabajo. Con el corazón pesado, decidí no rogarle más.
—Bueno, hablamos otro día —le dije, antes de colgar.
Tiempo después, Daniel, el hermano de Carlos, me contactó por mensajes. De inmediato empezó a atacarme, reclamándome y acusándome de ser una mala persona por, supuestamente, negarle a Carlos el derecho de ver a su hijo.
—Yo no soy la mala —le respondí, defendiéndome—. Al contrario, le he insistido una y otra vez para que venga a verlo.
Fue entonces cuando Daniel soltó la verdadera razón que Carlos le había dado: me reclamó que él no se acercaba por culpa de mi madre, Elena, porque ella siempre pasaba metida en mis asuntos y era demasiado controladora. En el fondo, sabía que Daniel tenía un punto; mi mamá es controladora conmigo. Pero lo que ni él ni Carlos entienden es que Elena se volvió así para protegerme, vigilando cada uno de mis pasos por el miedo absoluto a que Carlos volviera a causarme el mismo daño destructivo que me hizo en el pasado.