Parte 2: El éxodo a Tegucigalpa y la sombra de los mismos errores
Tras el escándalo y buscando un nuevo comienzo donde pudiera concentrarme, decidí cambiar de aires. Tomé mis maletas y me fui a vivir a Tegucigalpa con mi hermano Carlos y su familia. Mi objetivo principal seguía siendo terminar el bachillerato, pero la ciudad grande traía nuevas distracciones.
La historia, irónicamente, comenzó a repetirse. Me involucré en una nueva relación, esta vez con Alejandro, un compañero y buen amigo de mi hermano, aprovechando que Carlos es militar y compartían círculos cercanos. Un día, Carlos y su familia tuvieron que salir de viaje y me dejaron sola en la casa, ya que yo estaba cruzando mis semanas más pesadas de exámenes y necesitaba quedarme estudiando. Sin embargo, las tentaciones pudieron más: una de esas noches me quedé con Alejandro platicando y disfrutando hasta las 5 de la mañana, regresando de madrugada al cuarto de la casa de mi hermano. Como el mundo militar es un pañuelo y las paredes tienen oídos, no tardaron en informarle a Carlos lo que yo andaba haciendo con su compañero. A pesar del sermón y la tensión que se respiraba, logré terminar el curso con esfuerzo.