Preludio
Las primeras mañanas en nuestro nuevo hogar. Al salir de mi casa el abuelo me da los buenos días y con una sonrisa me dice “tres princesas, yo tengo 3 príncipes”. Y con eso en común, durante años nos damos los buenos días, con sincera, pero distante cortesía.
Día 1
Abuelo, te he visto decaído. ¿Acaso te sientes mal? Hoy te vi que ibas más lento que de costumbre. Las hojas de los árboles están esperando que salgas y que juegues con ellas con la escoba.
Día 4
Tener 3 princesas es una tarea maratónica, sabes abuelo, nunca termino de lavar los platos. Apenas termino y ya apareció otra tanda de platos y vasos. El que no ha aparecido desde hace varios días eres tú. Me parece extraño porque siempre estás muy activo, tu casa proyecta una calma como si estuviera dentro del ojo de un huracán.
Día 7
Hoy vi la ambulancia fuera de tu casa, la abuela salió a recibirla. Supongo que te sigues sintiendo mal. Hace muchos días que no te veo.
Día 12
Nuevamente he visto una ambulancia fuera de tu casa. Me ha dado pena preguntarle a la abuela cómo estás, cuando en todos estos años no hemos ido más allá de los buenos días.
Día 17
Abuelo, dos amigos tuyos han llegado. Trajeron comida y vienen a visitarte. Intuyo que te encuentras delicado de salud. ¿Se puede extrañar a alguien que apenas conoces? Tú debes saber abuelo.
Día 20
Hoy ha venido uno de tus príncipes. Es la primera vez que lo veo, seguramente había venido alguna vez para tu cumpleaños o en Navidad, pero no lo había visto. La abuela ha cruzado la calle y unos minutos después la doctora responsable del asilo de enfrente ha ido a tu casa.
Día 22
Tú príncipe lleva un par de días que se ha quedado a dormir en tu casa.
Día 23
Ya han pasado 23 días y no te hemos visto más, tampoco hemos visto a la abuela. Tus hijos han estado probando con tus llaves para abrir el portón y después de varios minutos, por fin lo lograron. Han pasado por ellos y se han marchado.
Día 24
Los vecinos nos han avisado que has fallecido, imagínate que malos vecinos hemos sido que no sabíamos tu nombre.
Día 26
Después de varios días, el palpitar de tu casa ha cambiado. Los garrafones ya no están al lado de tu coche, las hojas siguen esperando por ti. Coches y personas entran y salen a un ritmo discordante. Y desde mi ventana, me sigo preguntando . ¿Se puede extrañar a alguien que apenas conoces?