Eran esas tardes donde cálido cielo de verano le regalaba sus horas para disfrutarlas, para ser libre de las horas de escuela y poder disfrutar con quien consideraba una de las personas más importantes de su vida. El traje que tenia era un mero adorno y formalidad de los tiempos, la gomina de su cabello una costumbre y el lustrar sus zapatos un lujo. Porque entre ellos eso daba igual. Pero cuando el viento corría y veía como el cabello de ella —a diferencia del resto de las chicas— se soltaba y era libre, solo podía sonreír lleno de amor. Sus ojos le miraban como si alguna vez pudiese haber mirado al sol, lleno de luz y de una calidez que solo se la brindaba ella. No comprendia mucho que pasaba, tampoco buscaba averiguarlo, solo sabia que entre ellos todo era risas fuertes, sonrisas felices y miradas. Miradas que el chico no le podía dar a cualquiera por su muymalacostumbre de no mirar a los ojos. Pero aquella tarde de un verano de quien sabe cuando, se dio cuenta que su corazón palpitaba de pura emoción y amor por ella. Porque entre tantas canciones que sonaban de fondo y el bullicio de la ciudad seguía encontrándole.
La música estaba casi a tope en un lugar que estaba lleno de jóvenes bailando diferentes ritmos, pero las faldas largas avueladas y los trajes se veian por monton. El olor a laca se sentía en el ambiente, pero ambos tenían las manos entrelazadas formando una sola. El rió cuando comenzó a sonar una canción que ambos conocian y deseaban bailar juntos. Era un lento suave, se abrazaron su mano fue a parar a su cintura mientras que las de ella rodearon su cuello, colocando su rostro a la par del otro comenzando un balanceo suave, algo torpe, muy típico de los jóvenes, y de a poco se fueron soltando, dejándose llevar entre las notas musicales y las melodías de aquellos años. Eran ese clic. Entre susurros perdidos en la música continuaron su baile.
Pero cuando el ritmo cambio y ambos se creyeron dueños de la pista, solo podían menear sus hombros y agitar sus piernas. Entre pasos de él creyéndose el mismísimo Elvis Presley y ella adueñandose de cada movimiento. Y en las sombras de los giros le veía sonreír, gozar, liberarse y dejarse llevar con los brazos en el aire mientras que se meneaban con cada ritmo nuevo. Recuerda su boca cantando cada palabra de stupid cupid como si ella fuese la cantante original entre saltos que dejaba de importar la falda o el suelo sucio. Mientras que el, en otro lento, le deletreó lo que sentía por ella entre ritmos de saxofón setentero, con una felicidad única y una forma de cantar bastante mediocre para cualquiera. Pero que importaba si se tenían a ambos. Que importaba si estaban ahí muy felices. Muy acompañados. Muy ellos contra el mundo. Muy enamorados para ser amigos pero muy amigos para ser amantes. Simplemente cómplices de ambos, del amor. Reinventando este y siendo su propia definición de amor.