La gente me cuestiona por hallar poesia en el dolor,
por la belleza en tus ojos,
los ojos prestados de la mejor negación en mi cuerpo: que te amo.
Porque en la escala de Glasgow, tú eres mi mayor doliente.
Tal vez el cuerpo se enamora más lento que la mente, y olvidar es mucho peor.
No me quiten el duelo, es prueba de que fue real.
¿Y entonces llegaste tú?
El amor no se va, se lo llevan.
Nunca te llamaré error, aunque me haya equivocado al no poner distancia en mi corazón.
Arrastrame a mi pasado.
No te preocupes, casi te olvido.
Solo me faltan tres vidas más.
Porque mi riesgo de recaida es ver una sonrisa conocida al lado de un rostro ajeno.
No reclamo la vida que construiría sin mí.
Me da miedo que otro corazón se recueste en el tuyo.
¿Algún día volverás a hablar de mi?
Quise intentarlo de nuevo.
No supe cerrar la herida antes de abrir otra puerta.
Después de ti,
no es que no crea en el amor. es que ya lo conoci.
Muero por el mismo par de ojos que me miraron a los 16, y por que me digas:
«Ven aquí y descansa».
Mi pecho se cerró de por vida, con un corazón en una jaula de huesos
que busca tu amor.
Mi forma de amar se parece mucho a la obsesión.
Quiero dejar de quererte y de pensarte.
Formas de amar que no se repetirán.
Y, por una vez, decir tu nombre sin miedo a que lo oigan los demas.
Ya tiene un año desde que nuestros caminos se separaron.