Mi Saturno siempre será esa persona con la que alguna vez imaginé una vida entera, aunque al final las cosas no se dieron como las habíamos planeado.
Porque hay personas que no solamente forman parte de nuestros recuerdos, sino también de los futuros que imaginamos.
Y quizá eso es lo que más cuesta soltar.
No solamente tuve que despedirme de ti. También tuve que despedirme de todas esas cosas que imaginé a tu lado: los lugares que queríamos conocer, los días que todavía no habían llegado, las conversaciones sobre el futuro, las pequeñas promesas que en ese momento parecían tan posibles.
Había una vida que, al menos en mi imaginación, ya tenía tu nombre.
Y yo realmente creí que iba a vivirla contigo.
Por eso cuando las cosas no se dieron, no sentí que solamente había perdido a una persona. Sentí que también estaba perdiendo una versión de mi futuro.
Ese futuro que tantas veces imaginé antes de dormir.
Ese “algún día” que parecía tan lejano, pero que yo sentía seguro.
Y qué extraño es tener que aceptar que algo que parecía tan real nunca llegará a suceder.
A veces todavía pienso en cómo habría sido.
Cómo estaríamos ahora.
Qué cosas habríamos vivido.
Qué recuerdos tendríamos si la historia hubiera tomado otro camino.
Pero ya no me quedo atrapada demasiado tiempo en esas preguntas.
Porque aprendí que imaginar lo que pudo ser puede ser hermoso, pero vivir constantemente dentro de un futuro que nunca ocurrió también puede impedirte mirar el que todavía tienes por delante.
Por eso mi Saturno siempre será esa persona.
No porque siga esperando que vuelva.
No porque crea que necesariamente debíamos terminar juntos.
Sino porque representa una de esas historias que tuvieron un futuro en nuestra imaginación, pero nunca llegaron a tenerlo en la realidad.
Y quizá algunas personas están destinadas a convertirse justamente en eso:
en el recuerdo de una vida que alguna vez soñamos compartir y que, por las circunstancias, nunca llegamos a vivir.
No todas las historias inconclusas necesitan un nuevo capítulo.
Algunas simplemente necesitan un lugar donde descansar.
Y quizá ese sea el mío.
Guardaré con cariño lo que alguna vez imaginé, aceptaré que no sucedió y seguiré adelante.
Porque aunque aquella vida no haya sido la que me tocó vivir…
todavía me queda toda una vida por descubrir.