Desnutridos campos, valga la redundancia, de mi lenguaje, mi tiempo y emociones.
No conozco lugar ni tecnicatura transversal aún, en exceso adjetivación desordenada, como mi mente.
Hagamos un entretiempo sin implorar arrogancia. Hablemos de lo que suceda, del daño que nos acontezca. Cómo dirigir una voz en vela, armemos una barca de esperanza que consuele nuestra indiferencia.
Hagamos del triunfo un descenso descolocado, atento a lo próximo. Me levanto aún con cicatrices. Veamos los vidrios que dejamos enfrente de vuestras narices, despistados entre cejos, virosos. Un enfermo se aparta.
Desviemos aquella fatigosa desesperanza. Descoloquemos aquel desesperado al destierro. Desubiquemos sus arrebatos de cólera y lástima. No necesariamente descoordinar nuestros descontentos.
Hagamos de nuestro pasatiempo un desfile atento que crea nuestra juventud, trabajar hacia ella en el control del caos, en la incertidumbre, duda.
No hay más proximidad de la que hacemos juntos. Nutrimos sin soberbia vuestras voces, desafiamos el camino, fortalecemos lazos.
Hagamos de este mundo un mejor lugar desde nosotros. Partir al nuevo comienzo destellante después del diluvio.
Universalmente valoro las capas notrices del sacrificio ante el engaño.
Miguel Maglio
Nota: Deshumanizada cólera, desánimo punzante. Me domina el deseo de romper con vos, aunque en mi corazón el deseo de ayudar resonaba, me sosegaba piedrazos entre muros amedrentados, mi cansada voz de tiempo, en vano egoísta, desató el cuidado alterno: primero propio, después el resto.