Me dijiste q’ habías ganado el juego, y que había hecho muy mala jugada; pero expusiste todas tus cartas sin saber que yo voltearía el tablero.
Creíste tocar la campana y subirte al trono del rey, pero ya volví por mi corona y no la pienso dejar caer.
Tal vez tu digas ¡” jaque” !, y te quieran otra vez, pero yo digo ¡” jaque mate”! y te arrodillas a mis pies.