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Pensamiento

Pensamiento

hornerito4

Uy no, los cuadros con las caras raspadas y una sola sin raspar. Ahí sí prendí la luz del cuarto, pues.

Uy no, los cuadros con las caras raspadas y una sola sin raspar. Ahí sí prendí la luz del cuarto, pues.

Contenido de la publicación

Tic-tac.

Tic-tac.

Tic-tac.

—Alex, dime que tú también lo escuchas.

Miré a Era.

—No, claro que no. Seguramente es mi imaginación. Mi imaginación tiene una extraña obsesión con los relojes, las casas embrujadas y las criaturas que intentan matarme. Debería buscarse un pasatiempo.

Era no se rio.

El sonido provenía del piso superior.

Lo extraño era que, cuando habíamos entrado en la casa, no había ningún reloj.

Y estaba bastante seguro de que habría recordado algo así. Después de todo, tenía una relación complicada con ellos.

—Tenemos que subir —dijo Era.

La miré como si acabara de anunciar que pensaba adoptar una serpiente venenosa.

—¿Perdona?

—El sonido viene de arriba.

—Sí, y también podría venir de un lugar al que no vayamos voluntariamente.

Era tomó la linterna de su mochila.

—Alex, si hay un reloj aquí, podría ayudarnos a entender dónde estamos.

—O podría explotar.

—Los relojes no explotan.

—El mío tenía una luz roja infernal. Creo que ya no podemos confiar en la industria relojera.

Era sonrió ligeramente y empezó a subir las escaleras.

La seguí.

No porque estuviera de acuerdo.

Sino porque dejarla ir sola me parecía todavía peor.

El piso superior tenía un pasillo que no recordaba haber visto.

Era largo, estrecho y estaba cubierto por una alfombra oscura. Las paredes estaban llenas de cuadros, todos con los rostros cubiertos por manchas negras.

Me detuve frente al primero.

Representaba a una familia sentada alrededor de una mesa.

O, al menos, eso parecía.

Los rostros habían sido raspados hasta dejar el lienzo casi vacío.

Excepto uno.

El de un chico que estaba sentado al fondo.

Me incliné.

Tenía mi cara.

—Era.

Ella se acercó.

Al ver el cuadro, se llevó una mano a la boca.

—No puede ser…

—Empiezo a cansarme de escuchar eso. ¿Qué significa?

Era examinó el marco.

—Esta pintura estaba en otra habitación.

—¿Y?

—La vi antes de encontrarte. Había un chico en ella.

Miré el retrato.

—¿Yo?

—No. El chico tenía el cabello más largo.

Se me heló la sangre.

—¿Y qué le pasó?

Era señaló la parte inferior del cuadro.

Había una pequeña inscripción.

EL QUE SALIÓ NO FUE EL PRIMERO.

Antes de que pudiera preguntarle qué significaba, el reloj volvió a sonar.

Tic-tac.

Una de las puertas del pasillo se abrió lentamente.

Al otro lado había una habitación pequeña, iluminada por una lámpara amarillenta.

En el centro se encontraba una mesa.

Sobre ella descansaba una caja de madera.

Y encima de la caja había una nota.

Era me sujetó del brazo.

—Espera.

—¿Qué?

—No sabemos qué hay ahí dentro.

—Es una caja, Era. No un dragón.

Ella me miró.

—La última vez que abriste algo sin pensar, rompiste un reloj y terminaste en una casa que no existe.

—Cuando lo dices así, parece que tomo malas decisiones.

—Las tomas.

—Gracias por tu apoyo incondicional.

Entramos juntos.

La caja estaba cerrada con un pequeño broche metálico. No tenía candado.

Abrí la tapa.

Dentro había un cuaderno, una fotografía y una llave negra.

Cogí primero la fotografía.

Mostraba una puerta roja.

La misma puerta que habíamos encontrado en la casa.

Pero había algo escrito sobre ella.

NO DEJES QUE ERA LA ABRA.

Sentí un escalofrío.

Miré a mi compañera.

Ella también había leído la frase.

—Alex, yo no he escrito eso.

—No he dicho que lo hicieras.

—Pero estás pensando que podría haberlo hecho.

La observé durante unos segundos.

—Estoy pensando que, si quisiera desconfiar de ti, tendría que organizarlo en una lista. Hay demasiadas posibilidades.

Era soltó una pequeña risa nerviosa.

Después tomó el cuaderno.

Las primeras páginas estaban vacías. Las siguientes contenían dibujos de la casa, planos de pasillos y símbolos que no reconocí.

En la última página había una frase escrita con tinta roja.

SI HAS ENCONTRADO ESTE CUADERNO, SIGNIFICA QUE EL RELOJ HA VUELTO A EMPEZAR.

Debajo aparecía una segunda línea.

NO BUSQUES LA SALIDA. BUSCA AL CHICO QUE SE QUEDÓ ATRÁS.

—¿Qué chico? —pregunté.

Era pasó la página.

Había un dibujo.

Un chico estaba de pie frente a la puerta roja. Tenía una mano apoyada en el pomo y la cabeza inclinada, como si escuchara algo al otro lado.

Debajo del dibujo había un nombre.

ALEX.

Cerré el cuaderno.

—De acuerdo. Tengo una teoría.

—¿Cuál?

—Que alguien en esta casa está obsesionado conmigo. Y, sinceramente, no me siento halagado.

Era me miró con seriedad.

—Creo que hay otra versión de ti atrapada aquí.

La sonrisa desapareció de mi rostro.

—¿Otra versión?

—Quizá alguien que estuvo aquí antes que tú. Alguien que intentó escapar y no lo consiguió.

Miré el dibujo una vez más.

El chico parecía estar mirando directamente hacia mí.

Entonces noté algo que no había visto antes.

Su mano izquierda tenía una pequeña cicatriz en el pulgar.

Miré mi propia mano.

Tenía la misma cicatriz.

No recordaba cómo me la había hecho.

Un ruido procedente del pasillo nos obligó a guardar silencio.

Pasos.

Lentos.

Cada vez más cerca.

Era apagó la linterna y me llevó detrás de un armario.

Me tapé la boca para no hacer ningún comentario. Era un sacrificio enorme por mi parte.

Los pasos se detuvieron frente a la habitación.

Una sombra apareció bajo la puerta.

Después escuchamos una voz.

—Era.

Era apretó mi mano.

La voz volvió a hablar.

—Sé que estás con él.

Mi compañera cerró los ojos.

—No tengas miedo —me susurró—. Estoy aquí.

Y, por primera vez desde que habíamos llegado a aquella casa, le creí sin necesidad de hacer una broma.

La puerta se abrió.

No vi quién entró.

Solo escuché sus pasos acercándose a la mesa.

Después, un sonido metálico.

La llave negra había caído al suelo.

La figura se agachó para recogerla.

Y entonces habló.

—Alex, puedes salir.

Me quedé inmóvil.

La figura soltó un suspiro.

—Vamos. Sé que estás ahí.

Era me apretó la mano con más fuerza.

Negué ligeramente con la cabeza.

No iba a salir.

La figura permaneció en silencio unos segundos.

Después dijo algo que hizo que Era comenzara a temblar.

—Si no sales, tendré que contarle lo que hiciste.

Miré a mi compañera.

Ella tenía los ojos llenos de lágrimas.

—¿Era? —susurré.

No respondió.

La figura se acercó al armario.

Una mano se apoyó sobre la puerta.

Y entonces escuché mi propia voz.

—Dime, Alex…

La puerta comenzó a abrirse.

—¿Recuerdas quién cerró la puerta roja?

La madera crujió.

Era se colocó delante de mí.

—¡Déjalo en paz!

La figura se detuvo.

Por primera vez, su voz cambió.

Ya no sonaba como la mía.

Sonaba como la voz de una niña que estaba a punto de llorar.

—Era…

Hubo una pausa.

—¿Por qué sigues intentando salvarlo?

Y todas las luces de la casa se apagaron.

Cuando volvieron a encenderse, la habitación estaba vacía.

La figura había desaparecido.

La caja seguía sobre la mesa, pero el cuaderno ya no estaba.

Era permaneció delante de mí, respirando con dificultad.

—¿Quién era? —pregunté.

Ella tardó en responder.

—No lo sé.

La miré.

—Era.

—De verdad no lo sé, Alex.

Su voz se quebró.

—Pero creo que estaba buscando a alguien que perdió hace mucho tiempo.

Miré la puerta abierta.

En el suelo, justo donde había estado la figura, había aparecido una nueva nota.

Me agaché para recogerla.

Solo contenía una frase.

ERA, ESTA VEZ NO PODRÁS SALVARLO.

Levanté la mirada.

Mi compañera estaba observando el pasillo.

Al fondo, donde antes solo había una pared, acababa de aparecer una puerta roja.

Y detrás de ella…

Alguien estaba llorando.

Era me tomó de la mano.

—No importa lo que encontremos —dijo—. No voy a abandonarte.

La miré y asentí.

Después respiré hondo.

—Muy bien. Vamos a abrir la puerta.

Era me miró horrorizada.

—¿Qué?

—Bueno, ¿qué esperabas? ¿Que nos quedáramos aquí hasta que la casa nos cobrara alquiler?

Por primera vez en varios minutos, Era sonrió.

Caminamos juntos hacia la puerta.

Pero justo antes de llegar, escuché un susurro detrás de mí.

Una voz idéntica a la mía.

—Alex, no la dejes entrar.

Me giré.

El pasillo estaba vacío.

Cuando volví a mirar a Era, ella seguía a mi lado.

Solo que ahora había algo escrito en su muñeca.

Letras pequeñas, rojas, que parecían haber aparecido bajo su piel.

NO CONFÍES EN LO QUE RECUERDAS.

Era también las vio.

Y me miró con miedo.

—Alex —susurró—. Creo que la casa está empezando a recordar por nosotros.

La puerta roja se abrió sola.

Y desde el otro lado, alguien pronunció una frase que ninguno de los dos esperaba escuchar.

—Por fin han vuelto a casa.

Fin ×2:)

Thoughts

  • barrilete

    Ay no, la cicatriz.

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  • aguacero7

    Que Alex deje de bromear justo detrás del armario es el mejor momento de esta entrega. En «EL LUGAR QUE NUNCA CAMBIÓ», serie de brayan1222, también hay un doble con la cara del narrador.

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  • vero88

    Bah, a mí la que me tiene preocupada es la voz de niña. Si anda buscando a alguien que perdió hace mucho, capaz que la casa es de ella y Era la conoce más de lo que admite, tchê.

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  • hornerito4

    Uy no, los cuadros con las caras raspadas y una sola sin raspar. Ahí sí prendí la luz del cuarto, pues.

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  • aguacero7

    Diache, Era se planta delante del armario a ciegas y la voz de niña le reclama que siga queriendo salvarlo, como quien ya la vio hacer lo mismo otras veces. Con el cuaderno avisando que el reloj arrancó de nuevo, a mí me suena a que esta no es la primera vuelta de ninguno de los dos, y que el chico de pelo largo del cuadro era el Alex de antes.

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