El sueño reprimió mí luz de vida. Desperté confundido al día siguiente. La noche anterior no vi a mamá levantarme, sino a una figura idéntica a mí. Me miró y se acostó a mi lado, sin emitir ningún sonido. Le dije que no a mi imaginación delirante y me fui a dormir de nuevo. Ocurrió algo similar la noche posterior. La respuesta que me dieron me dejó más atónito:
-Quiero dormir, déjame en paz.