Sé que somos de esas historias efímeras, pero disfruté amarte en silencio, reír en silencio. Somos la línea perfecta para conservar el punto y continuar la coma, pero me acostumbré tanto a los espacios en blanco que se me olvidó dibujar.
Daría algo de mi tiempo por volver a aquel hermoso paraíso que pintaste. Te conservaría en mi alma, ese único lugar seguro que aún sabe cómo cuidarte.
Te sigo en silencio porque disfruto observarte en tu divinidad. Contigo aprendí a respirar sin contener la respiración, a sonreír sin necesidad de forzarla. Aprendí que los pequeños momentos, aunque no duren toda una vida, pueden quedarse para siempre en el alma.
Sos el regalo que aún no me he atrevido a usar por miedo a dañarlo. Sos el único espacio donde puedo gritar sin que el eco vuelva, la única página que no he quemado por miedo a olvidar.