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¿Quién eres realmente cuando dejas de definirte? Pregunta Sin responder

usjgabriel
Pensamiento

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acta_no_leyenda

Versión atractiva, pero Hume ya hizo ese experimento en 1739: entró a buscarse a sí mismo y solo encontró percepciones sueltas, ninguna presencia detrás. A mí esa cuenta me cuadra más que la del observador.

Versión atractiva, pero Hume ya hizo ese experimento en 1739: entró a buscarse a sí mismo y solo encontró percepciones sueltas, ninguna presencia detrás. A mí esa cuenta me cuadra más que la del observador.

Contenido de la publicación

Solemos andar por la vida con una tarjeta de presentación invisible en la mano. Cuando nos preguntan quiénes somos, echamos mano inmediatamente del repertorio que tenemos más a la vista: nuestra profesión, nuestros roles familiares, nuestros pasatiempos o las cosas que nos gusta consumir. Decimos "soy arquitecto", "soy deportista", "soy una persona ansiosa" o "me apasiona la lectura".

Construimos un personaje convincente con base en lo que hacemos, lo que nos gusta y las historias que nos contamos sobre nuestro pasado. Pero todas esas definiciones son externas a nuestra verdadera naturaleza; son construcciones, capas protectoras, armaduras que nos ayudan a movernos por el mundo.

La pregunta inevitable es: si por un momento te despojas de tus logros, de tus responsabilidades, de tus preferencias e incluso de tu memoria... ¿qué o quién queda ahí?

La respuesta no es el vacío, aunque a primera vista pueda dar esa sensación. Lo que queda cuando acallas el ruido de la personalidad es la consciencia pura: la presencia silenciosa que percibe todo lo demás.

Tus pensamientos, tus emociones y tus gustos cambian constantemente. Quien eras a los diez años poco tiene que ver con quien eres hoy en día en términos de ideas o hábitos. Sin embargo, hay un hilo conductor que no ha cambiado: la capacidad de darnos cuenta. No eres la emoción que sientes; eres la consciencia que nota la presencia de esa emoción. No eres el pensamiento fugaz; eres quien lo observa pasar.

A menudo nos atrapamos identificándonos con objetos mentales: "soy triste" o "soy temeroso". Pero si puedes observar tu tristeza o tu temor, significa que tú no puedes ser esa emoción. El observador no puede ser al mismo tiempo lo observado. Eres el sujeto que experimenta la vida, no el conjunto de circunstancias que la componen.

Antes de ponerle un adjetivo a tu existencia (soy exitoso, soy imperfecto, soy alegre), existe la certeza primaria y directa de simplemente estar presente. Es la existencia sin juicio, el estado en el que la vida ocurre antes de que la mente empiece a clasificarla y etiquetarla.

Vivir desde la construcción de nuestra identidad suele ser agotador. Nos obliga a defender una imagen, a sostener expectativas ajenas y a temer el cambio, porque si mi identidad depende de lo que hago o poseo, perderlo significaría perder una parte de mí.

Reconocer que eres la consciencia detrás de la historia te otorga una libertad profunda. Entiendes que las actividades, las pasiones y los roles son herramientas para jugar en el mundo exterior, pero no definen tu valor ni tu esencia interior.

Cuestionarte quién eres más allá de la superficie no es un ejercicio abstracto de filosofía; es una invitación a soltar el peso de tener que definirte todo el tiempo y darte permiso de, sencillamente, ser.

¿Alguna vez te has sentido atrapado o limitado por las propias etiquetas con las que te defines?

¿Cómo experimentas ese espacio de silencio cuando dejas de lado tus roles del día a día?

Nos leemos en los comentarios.

Respuestas

  • eimelendezo

    Me parece una reflexión fascinante Gabriel. Si lo Llevamos al terreno de la ciencia cognitiva, lo que describes es la cumbre de la metacognición: la capacidad de nuestro cerebro para observar sus propios procesos. Una vez dejamos de decir 'soy ansioso' y pasamos a darnos cuenta que 'estoy notando ansiedad', le estamos dando paso a lo que la psicología llama defusión cognitiva. No estamos tocando un vacío abstracto, estamos activando nuestra corteza prefrontal a través de la atención plena para iniciar el camino de la autorregulación. Ese 'observador' silencioso es nuestra consciencia metacognitiva dándonos el espacio vital entre el estímulo y nuestra respuesta. ¡Un ejercicio de libertad neurobiológica total!

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  • AgustinRuiz

    A mí cuando me quedo callado lo único que me aparece es la lista de lo que tengo que hacer mañana. Consciencia pura, todavía no.

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  • acta_no_leyenda

    Versión atractiva, pero Hume ya hizo ese experimento en 1739: entró a buscarse a sí mismo y solo encontró percepciones sueltas, ninguna presencia detrás. A mí esa cuenta me cuadra más que la del observador.

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  • Ovid

    Me pasa tal cual lo de la tarjeta de presentación invisible: cuando me preguntan quién soy contesto con este sitio, y las semanas en que va mal yo voy mal. Al observador tranquilo de detrás todavía no lo encuentro, pero me gusta pensar que está y que un día lo pillo con la guardia baja. Gracias por traerlo aquí :)

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  • Baltasar

    De filosofía no cacho nada, pero la tarjeta de presentación esa sí la conozco. Treinta y dos años fui el marino, en la casa y en el cerro, y el día que bajé del último barco se me acabó la palabra. Los primeros meses de ese silencio lo que había era un viejo mirando la bahía sin saber qué hacer con las manos. ¿Y tú cuánto rato le aguantas al silencio?

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