Cargando…

Prólogo de la historia

Felipe1606
Pública 0 conversaciones 2 pensamientos 10 votos positivos 2 votos negativos 0 series 56 vistas

“Wagner: -Pero ¿y el mundo, y el corazón, y el espíritu humano? ¿Quién no desea saber de ello alguna cosa?”

In groups

Contenido de la publicación

Génesis

En una ocasión, Abba-Resh, Padre de Todo, extrañó a Asherah… a su esposa, a la Luz. Y Él, con su algarabía divina, le tocaba ser ajeno ante tal padecimiento y mostrarse ante su creación con aire sereno, mas su sombra temblaba. De pronto, una punzante idea le había llenado de pesadumbre: la extrañaba a ella o lo que habían sido, una pareja. ¿Qué? No sabía qué anhelaba, si a ese ser etéreo o dejar de recorrer en soledad las extensiones cósmicas para dejarse llevar de su poder y, con explosiones siderales, crear lo impensado… Y lloró, manifestando diluvios en cada realidad, en cada mundo tangible, en cada tiempo posible. Luego le asaltó la culpa... Él, Abba-Resh, y madre, a Asherah, entidades preter-supremas, habían olvidado todo cuando ingresaron al mundo del átomo. Por eso Él temía ser parte de ella y no ella parte de Él. Se sentía indefenso ante la idea y al ver la majestuosidad de su esposa, temió ser parte de ella y denigró de su obra, la sacándola de su Vergel. Al recordar aquella traición, sensación de arenosa dentro de su pecho, Abba la añoró mucho más, deseando redención. Cinismo pensaba Ella. En ese un lapso, vio un sinfín de realidades posibles donde ella le perdonaría su fechoría y regresaría a su lado. Mas, al verse solo, Dios sintió su vulnerabilidad. Hurgó en su mente y recordó ese amor entre los dos. Aunque el destello de alegría era corto porque se colaba gangrenosamente cómo la envidia contaminó este sentimiento, cayendo de nuevo en desgracia por su yerro. Y, suspirando en ese momento del sin tiempo, Él anheló sólo tenerla ahí, una vez más a la Luz. Sí, tenerla otra vez. Pero, aquello era ya un imposible, ya que Ella, en soledad y secreto, creó con paroxismo otro cosmos, con millones de realidades compactadas en un macro-verso que reprodujo su esencia en una obra más bella de lo que Él pudo hacerla, creación que le había alborotado aún más sus celos. Pero, le hizo entender una cosa, ya no lo necesitaba. Ella tenía su propio universo y Él ya no era de su interés.

 

Ante su inevitable soledad, buscó con urgencia remembranzas cálidas mientras en su interior lacerantes fracturas lo consumían. Y fue ahí cuando se perdió y su magna mente era un espacio blanco. Hasta que hubo un espasmo que lo sacudió. Sin abrir los ojos, vio en una visión motín. Era un recuerdo viejo casi efímero, pero nuevo, como el nacer de una estrella y vio a uno de sus hijos conspirando contra Él. El dolor de su pecho se agudizó más. Antes, todos fueron uno, un ser curioso que pasó un umbral prohibido por los de su especie dentro de un plano incomprensible. Y al hacerlo, se vio envuelto de luces y fuego. Un plasma apareció y una explosión se manifestó en medio del silencio. Después de eso, hubo confusión y simplemente ellos estaban ahí, sin poder recordar nada. Luego, entre ambos hicieron explosiones con sus dedos y cúmulos de polvo aparecían creando luces majestuosas que hacían girar la roca, el metal y el gas. Todo era movimiento y en medio de ese ir y venir, ellos, los primeros Celestiales, vieron cómo se extendía todo hacía todos los lados. Y fue ahí que recorrieron la materia que nacía y era expulsada con colosal fuerza hacia el infinito. Siendo dicha realidad, se dieron cuenta que podían estar por fuera de ella, posicionándose sobre ella misma, doblándola con sus manos Divinas. Aquel acto les permitió viajar a inhóspitos lugares hasta llegar a un sitio lleno de armonía. Después de aquello, no había más nada y reinaba una ataraxia total. Sintiéndose ellos a gusto, construyeron su casa ahí. En su nuevo hogar, de la unión de sí mismos, crearon un sin número de seres para acompañarlos. Así nació la Ciudad de Plata, cuyas estructuras eran toda una epifanía quimérica. A medida que aprendían del lugar y de todo lo que los rodeaban, vieron, al otro extremo de donde se hallaban un oscuro paraje que, al detallarlo, lo ignoraron por completo. Pero, aquella zona iba a ser la morada de muchos celestiales.

 

No solo el sinsabor estaba en la boca de Abba-Resh, también la insatisfacción estaba en Lucifer. Desde su interior, vibraba un pensar que ya comenzaba a atormentarlo: él deseaba de volver a ser uno con todos y regresar a esa realidad de donde era origen. Una idea que cautivó a unos y molestó a otros Serafines, sus hermanos. Los Querubines, Tronos y demás entidades celestiales vieron de tal pensamiento de Luz de la Mañana un peligroso paradigma. Y, antes de ser alertado por sus más cercanos Serafines, Dios ya estaba listo para confrontar a su hijo sin intenciones bélicas, mas sus otros retoños, los demás Celestiales no tuvieron la misma intención. Y ante el malestar de Padre al verse solo y al recibir el ímpetu agresivo de Lucifer, cedió al acto que Miguel junto a sus hermanos ejecutaron sin piedad… expulsaron a Estrella de la Mañana junto con todo ángel que le seguía; mandándolos a ese otro lugar opuesto en donde la oscuridad reinaba, carente de nombre, carente de luz. Los ángeles rebeldes caían como cerillas al averno y Dios no tuvo tiempo de intervenir, estaba aislado en su desamor, en su dolor. Y en esa desconexión sempiterna, lleno de pena y rabia hacia sí mismo, se desconectó y su mente viajó lejos de sí. Todo era borroso y confuso. Él no podía entender qué pasaba pues todo daba vueltas y vueltas. Y cuando se detuvo el malestar abrió sus ojos, quedando casi ciegos por la ráfaga de luz que llegaba a sus pupilas color miel. Tras respirar profundo y bostezar por primera vez, Dios se vio en un cuerpo que surgió de la rabia de sí mismo, pero en matera, iba a ser un mensajero del amor, dualidad Divina.

 

Entonces, en aquel acto hecatómbico producido por un sentimiento de culpa, de Él brotó una semilla que se extravió en los parajes del hiper-cosmos y viajó muy lejos llegando a un planeta que era llamado la Tierra por sus mismos habitantes. Un lugar ideal para el desarrollo de la vida consciente. Al nacer, un acto ya ocurrido infinidad de veces, sus padres le llamaron Yashua, porque un ángel lo solicitó. Y este Dios hecho carne, por sentir la libertad de vivir y tener el deseo de ver a todos juntos en armonía se le catalogó como un profano. Varios judíos metahumanos o, como en aquella época se les conocía: dioses, fueron por Él. Mas nada pasó. No le detuvieron. Solo fue oírlo y dicha voz les hizo sentir como humanos y Él un Dios no buscaba crédito de nada, solo hacía que el hombre recordara su esencia de criatura y que gozara de todos los beneficios que se tiene como un ser vivo y social. Fue así que tras el paso del, esos hombres divinos le siguieron y fueron más tarde discípulos: hombres y mujeres de variadas razas. A medida que crecía, su curiosidad se vio saciada y conocimientos refinados al acompañar a José de Arimatea, un sireno de plata, en sus viajes. Allí, Yashua conoció el mundo. Este tritón, que era su tío, le mostró naciones que se bañaban en vino y miel. Tierras fructíferas en donde conoció el griego, egipcio entre otras lenguas que le permitieron tener con un sinfín de información; instruyéndose en los secretos de cada rincón del planeta. Aquellos viajes no tenían fin y los años transcurrieron y Yashua se había vuelto en un hombre adulto. De regreso en su tierra, siguió la profesión de su padre y el manejo de la madera fue su labor. Su gusto por enseñar no se esfumó y sus tertulias continuaron en plazas y lugares públicos. A veces, estaba en el campo mostrando lo simple que era la vida y que nosotros mismos nos la complicamos. Y en la enseña al respeto, vio que en Galilea sus ideas, nacidas de la reflexión Divina, fueron opuestas al sistema de su cultura. Y vio en su futuro que la muerte podría aparecer inesperadamente. Desde ahí, Él comenzó a orar en lugares solitarios, en medio del verde y el silencio. Allí, en esos montes, su espíritu rompió las ataduras del espacio y del tiempo para poder dialogar con otros seres como Él. Entonces, Hablaba con Elías, Moises, Buda, entre otros seres humanos y entidades biológicas que no habían nacido en su mundo… todos nacidos de la inconsciencia del Padre.

 

Sin embargo, la historia de Yashua en la Tierra se remontaba mucho tiempo atrás… las flores son mágicas y misteriosas que bailan con lo desconocido. En esa época, hubo una mujer pueril, inocente y obediente a una cultura. Mas, cuando su cuerpo advirtió un cambio inesperado, su miedo se apoderó de ella. Aún no conocía hombre alguno, no pertenecía a un linaje de divinidad para entonces explicar su nueva condición. Sabía que la ejecutarían, catalogándola como ramera siendo la piedra, el desierto y el olvido su fin. Pero, no bajo la cabeza y se dejó llevar de la oración. Sus palabras en busca de ayuda y consuelo saltaron por entre las dimensiones y llegaron a un lugar inhóspito. Y aquella energía hecha palabras trascendieron el tiempo/espacio y llegaron a una realidad creada por Madre, un sitio solo para ella. Incluso, aquel verbo hecho resplandor fue escuchado por Eva y Lilith, que advirtieron el peligro al que ella, María, iba a estar condenada por capricho de un hombre. Esa plegaría vibraba sin césar y toca el oído de la Luz, cuyo corazón palpitó en lamentos porque una parte de sí estaba en dolor. Tras dirigir su percepción al origen de dicho ruego, se dio cuenta que un coro femenino con resonancia le indicaban a dónde debía acudir. Y desde su hogar, lejos de Abba-Resh, Madre, sin entrar al Paraíso y manteniendo una figura invisible ante su exesposo, caminó en busca de sus hijos, mas nadie le contestó. La veían como una intrusa, una rebelde, incluso sus mismas hijas la veían como una puta y que no la amenazaban porque no deseaban gastar energía en algo sin valor ni deseaban despertar a Padre de su sempiterno trance, cuya travesía estaba más allá de los confines del Paraíso. Desilusionada, La Luz se iba a ir. Pero, la detiene Uriel, un arcángel que escondido estaba porque su corazón etéreo le confundía. Tras aparecer, Asherah se sintipo agradecida. Mas, para Uriel la sangre llama, y se presentó ante ella sin importar los reproches que pronto vendrían de sus hermanos. Ella, con urgencia le contó la situación que inquietaba su tranquilidad: en ese preciso instante no material había una mujer en un planeta azul que la necesitaba, que los necesitaba. Mas su Padre la ignoraría porque no era consciente de nada, ni de Sí Mismo dentro del Paraíso. Sin embargo, - ¡Ayúdame hijo a socorrerla! Uriel, consternado, no le prometió nada. pero deseaba colaborar y le pidió disculpas a su Madre por desconfiar de Ella. Su Padre había manifestado que Ella estaba olvidada para todo… Ella ya no existe en nuestros corazones. Aquel sentimiento impuesto por Abba-Resh había sido su razón para no aparecer desde un principio. Por ello, tras sonreír, le comentó a su Madre que tenía una idea. Con urgencia, en sigilo y dentro de la Ciudadela Real, Ellos interceptaron a un ángel que le gustaba la comunicación. Era joven, ágil en estar en todo lugar, invisible al perjuicio y servicial ante el auxilio. Gabriel era su nombre. Aquel arcángel hermano ayudó a Uriel sin dudarlo al ver a su Madre nuevamente; la extrañaba y no le agraciaba mucho el régimen de su Padre, a pesar que era su emisario más concurrido.

 

Recalibrando su percepción, Gabriel se sentó a buscar ese lugar que Madre le explicaba. El arcángel, imaginaba las voces femeninas que le indicaron el sitio a ella… un puntico azul con vida consciente y que Padre, en el azar de su no Voluntad Divina, nacería allí. Al visualizar el planeta, Madre le indicó a su hijo qué debía decir ante esa mujer asustada. Aquello extrañó al arcángel y ante el pasmo, Madre le dijo que, a diferencia de Padre cuya esencia incorpórea estaba en la Ciudad de Plata, la de ella no… ir directamente al auxilio de María sería declarar su muerte porque la energía de Luz al aparecer en dicho sitio podría hacer colapsar todo, incluso esa esfera oscura que hacía girar todo en dicho torbellino de luces, roca y plasma. Comprendiendo las palabras de Madre, Gabriel da un solo salto y ya se encontraba frente a en dicho cúmulo galáctico en donde esa roquilla índigo giraba alrededor de una sutil bola de luz. Él nunca había visitado tal realidad y, por tal, se sorprendió que todo estuviese en una danza sempiterna que contempló sin prisa. Luego de haberse deleitado con esa belleza bizarra, fue y buscó a aquella mujer. Pero, para su sorpresa, aún no había nacido. También entendió que su esencia Divina era una fuerza colosal que debía saber manejar, ya que, al llegar a la Tierra, este ángel se volvió en una titánica fuerza que impactó el suelo, creando un caos y destrucción que él lamentó. Se sintió preocupado, la destrucción era producto de la entropía no de algún Celestial. Ni Dios había destruido nada y él, solo con caer del cielo había erradicado un gran numero de criaturas. Con un gesto de decepción, trató con su aire Divino bajar las temperaturas, mas ciclones se hicieron presentes y, al ver que su intervención era catastrófica, desapareció. Los dinosaurios habían muerto, pero un nuevo cambio venía. La vida siempre encuentra su camino. Ante esa experiencia no confortante, Gabriel empezó a controlar su ser y reducción su vibración, viajó a través del tiempo/espacio para llegar a la fecha y lugar precisos donde esa dócil mujer estaba embarazada hacia unas semanas de un ser único. Al conocer a los humanos, le desagradó su carácter flexible. Esa debilidad de corazón le molestó. Mas, cuando vio a María, después de tanto ajetreo, quedó admirado de su esencia Divina y comprendió que esa elfo-híbrida de humanos era todo un ser apto para dar a la luz a su Padre hecho carne.

 

Recordando su experiencia explosiva al llegar a la Tierra, Gabriel tuvo cuidado en no matar a la pobre muchacha con su esencia. Por ello, al ver un cordero mientras comía hierbas, se le acercó y lo estudió minuciosamente, era la primera vez que veía eso. Y, moldeando su cuerpo, tomó su forma. Al hacerlo, todos los animales ahí presentes desaparecieron del susto. Aquella reacción Gabriel no la entendió. - ¡Qué seres más inquietos!  Moviendo poco a poco sus paticas, tambaleándose con torpeza, se presentó a María. La mujer estaba despierta. El insomnio la acompañaba cada noche y la cubría con un sudor frío de consternación. Entonces, ella ve cómo una luz se cuela a través de la puerta. Tuvo susto, su mente le indicaba con ansiedad que eran antorchas de hombres que ya empezaban a inquietarse por ella. La luz se introducía más por las grietas de la puerta y ella solo le quedó subir sus rodillas mientras cubría su vientre con las manos. Cuando las puertas se abrieron con un viento inexplicable, María escuchó un vocifero que decía: – No temas dichosa del toque de nuestro Padre y Madre. Estoy aquí para tranquilizaos. A pesar que el idioma de Gabriel era ajeno al de María, ella lo entendió con cada coma y punto. - ¡¿Quién eres monstruo!? A tales palabras, Gabriel se sintió abatido. Esa no era la impresión que deseaba mostrar. Pero, al notar la luminiscencia que producía su cuerpo, dedujo porque los animales se habían retirado con prisa e intuyó la sorpresa de dicho ser de carne: él era un cordero, sí… aunque, en vez de tener lana, brotaba fuego de su piel y tal resplandor empezaba a quemar a la pobre virgen. Ante esta situación un tanto problemática, el mensajero divino comprendió que tenía que darse prisa, bajar más su energía ya no podía más y sus flamas ya empezaban a calentar la casa de barro:
 

No temas María, solo he venido a decirte que eres la mujer más dichosa y que de ti nacerá un Ser magnánimo. Yo, un Celestial, he venido de Él, pero nuestro Padre, en su laberinto de culpa, su corazón ha decidido, a escondidas de Él mismo, nacer como un ser de materia. No eres la única que engendra un Dios, hubo muchas más antes de ti dentro de esta realidad y vendrán más… Hoy, en este planeta, en esta época, tú, María, eres su recipiente. Siento tu miedo, ya sabías que estabas en cinta y no comprendías qué estaba ocurriendo. No temas a tu cultura, te protegeremos… Mis hermanos y yo te ayudaremos, ya viendo lo celestial que hay en ti y al ver, en un futuro, como llegarás al lado de nosotros y de Padre en carne y hueso, eres digna de Él. Sé que eres prodigiosa, un universo que almacena la esencia de Madre, en tu carne, y de Padre, en tu vientre. Bendita tú entre todas las mujeres; pues Él renacerá y renacerá siempre… a menos que mi hermano Lucifer realice su deseo. Mientras tanto, goza de la vida María. Vive libremente dentro de este planeta que dentro de mucho tiempo tu civilización le llamará Tierra. Para ello, te ayudaremos, a escondidas de Padre, porque Él no sabe que pronto una de parte de Él se hará materia orgánica. Antes este mensaje, María manifestaba confusión. Miraba a aquel ser parlanchín envuelto de fuego. Pero su observación se vio truncada cuando el ángel continúa su discurso: - Pronto llegará un hombre mayor. No temas… no te tocará, mas será un buen padre para nuestro Procreador hecho carne humana y será un buen marido para ti. Cuando nazca Él, no verás razón inoportuna para no tener descendencia con él, con José, porque cuando Yashua diga sus primeras palabras, serán de enseñanza, nobleza y de amor, todo centrado para bien común; será un politólogo excepcional; ya que este primogénito es de Abba y es de todos. Este hombre, cuyo nombre ya te lo dije, José, con su ternura, te amará y tú lo amarás también, y tendrán su descendencia propia. Te prometo… no estás sola y no sientas miedo. Madre está contigo, y Padre, que será tu hijo, te cuidará mucho, como lo hará también tu futuro esposo.

Dichas estas palabras, el ángel desaparece en un sutil pero intenso torbellino de aire y fuego. La noche continuó, el canto de los grillos viajaba con el aire. Los animales salieron de sus escondites y siguieron su rutina nocturna. Los crujidos de la casa, los tronidos del campo recorrían cada rincón de la casa. Y ante esta filarmónica anónima de chasquidos, María sucumbió más a su estado noctívago reflexivo. – ¿Acaba de hablarme un carnero? Y tratando de entender todo, su vientre se estremeció. Un tacto cálido recorrió su cuerpo y calentó su certidumbre. Entonces, las ovejas y demás animalillos se adentraron a su pieza y rodearon su cama, durmiendo plácidamente. Fue allí que pudo respirar paz y tuvo confianza ciega en aquel extraño ser que había venido a ella para indicarle su providencia. Una sonrisa cubrió su rostro y entre los balidos, mugidos y cacareos de los integrantes de la granja que estaban al lado de ella, María por fin pudo conciliar el sueño.

 

Al día siguiente, María empezó a ver cómo el discurso del ángel se hizo realidad, letra a letra, pues en la puerta de su casa y hablando con su padre, estaba un señor que pedía la mano de ella. Y así, con el cuidado del destino Divino, Dios hecho carne nació tiempo después, ante todos los obstáculos que se le presentaron a María y José. Pero lo que no visualizaron Uriel, Gabriel y Asherat, era que la raza humana podía llegar a ser muy maldita. Nunca pensaron que Yashua, en su benevolencia de mostrar una mejor vida y organización social, fue perseguido. Y cuando ellos desearon ayudar a Yashua para evitar su ejecución, Padre ya había salido de su trance. No estaba molesto con nadie. Él ya conocía toda la verdad. No regañó a sus hijos ni enfrentó aquella que antes fue su esposa, sino que les pidió no intervenir porque Él deseaba expiar su culpa en dicho cuerpo. - Siento su miedo y sentiré su dolor -, les dijo. Descargaré mi culpa en Él para sanar mis heridas. Y así fue, cuando Yashua fue arrestado por su misma gente y fue llevado ante los romanos, Abba-Resh sintió cada latigazo que recibió su versión humana. Lo sintió con tanta agudez que no desfalleció y acompañó a Yashua en cada momento. Cuando fue puesto en la cruz; castigo predilecto de los hijos de Romulo y Remo, los titánicos gemelos constructores de Roma. Durante el calvario de Yashua, de Padre llegó un éxtasis del dolor cuando le perforan su pecho, atravesando su corazón. Aquel acto hizo convulsionar la tierra y los cielos se oscurecieron, porque Madre, movió la luna y tapó sobre dichas tierras la luz de sol. Aquellos judíos asesinos y romanos crueles y nefastos no la merecían.

 

Mas, lo impensado para los mortales sucedió, el cuerpo de Yashua se levantó entre los muertos. Pese a que era Padre, él era también un sapiens y durante su muerte, su curiosidad humana lo llevó a ver todas las formalidades de la existencia a las que pertenecían Ellos. Conoció, con forma humana, el infierno y sintió tristeza y compasión por sus habitantes que vivían en constante sufrimiento auto-impuesto. Y, en ese aprendizaje, quiso volver para enseñárselos a sus discípulos e infundirles a ellos un toque de fuego Santo que les permitiría, no solo hablar en otras lenguas, sino también resiliencia y fortaleza, porque aquel mensaje estaba en contra de muchas ideas radicales que se cimentaban en una ley corrupta que era menester enfrentarla, sin importar la cultura. Cuando Yashua terminó su evangelización de la vida, Él retornó al Paraíso ante los ojos de sus discípulos y seguidores. Los cielos se abrieron y las nubes le hicieron la venia para que Él subiera. Dicha iluminación, promovió en ellos un ímpetu por predicar las enseñanzas de Yashua y salieron a enfrentarse al mundo, con júbilo y esperanza sempiterna, porque sabían que no estaban solos.

Thoughts

  • DonRamon76

    Se nota que detrás hay mucho trabajo de construcción del universo. Me ha dejado con ganas de descubrir cómo se conectará todo esto con la historia principal.

    Permalink
  • EstrellitaVoladora

    Es un prólogo bastante ambicioso. Hay muchas ideas y conceptos nuevos desde el principio, así que creo que merece una siguiente lectura para captar todos los detalles.

    Permalink

Related discussions

  • Apartado tres, capítulo uno.

    Capítulo I Exfiltración infernal “Dominus tu solus altissimus cum sancto spiritu nobis kyrie Kyrie eleison”

  • La envidia nunca grita, susurra lentamente

    Las verdades lastiman, pero los rumores falsos asesinan

  • Libro sin título, episodio uno

    De niña nunca tuve un concepto claro del amor, papá y mamá estaban juntos pero peleaban bastante, papá se fue temporalmente por su trabajo y mamá nunca supo ser madre. Como mamá nunca supo ser madre, no supo amarme tampoco. Así que, como ella no supo amarme, yo crecí enojada con el mundo, sobretodo con ella. Mamá, la persona por la cuál existo, fue la primera en traicionar este corazón; la primera en elegir a cualquier otra cosa antes que a mí, su propia creación.

  • Estaba aburrido y escribi esto, algun titulo

    Imagina vivir en un sueño tan lucido que pareciese real, y recordar que sí, es real, pero no todo encaja...

  • El nombre que el cielo olvidó.

    Hay historias que nacieron para entretener... Esta no es una de ellas.

  • El título es , siglos de dolor

    Espero que les guste este libro que estoy haciendo , espero buenas críticas , ante todos angel caído

  • Capitulo 4

    La intemperie y la tregua helada

  • Prologo part2

    Continuacion del prologo