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Pensamiento

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NIDIA

Los míos ya están grandes y siguen llegando igual cuando algo les duele, no falla! Ya no se acurrucan, pero vienen.

Los míos ya están grandes y siguen llegando igual cuando algo les duele, no falla! Ya no se acurrucan, pero vienen.

Contenido de la publicación

Te conocí una madrugada de febrero, cuando el calor irrumpía los rincones de todos los hogares y los tamboriles con sus lonjas templadas, repiqueteaban con fuerza y alegría en la avenida principal anunciando el comienzo del Carnaval.

El enérgico sonido ancestral con su repiqueteo en clave invadió nuestra pequeña habitación sin permiso, como dándote la bienvenida, mientras tus pequeños ojos marrones me miraban intensamente intentando reconocerme. Todos nuestros sentidos estaban conectados, mis manos no podían dejar de acariciar tu delicada y suave piel, sentía tu aroma a recién nacido, mezcla de sangre, vérnix caseosa, líquido amniótico y ese aroma único e indefinible que sería solamente tuyo para siempre, el que siempre reconocería.

Acurrucado dormías en mis brazos seguro, mientras todo mi ser mutaba internamente, como una mariposa que se libera de su capullo. Pero en vez de un ser frágil mi metamorfosis derivaría en una bestia salvaje, puma, gato montés, yaguareté; estaba pronta para si necesario defenderte con mi propia vida.

Nunca había visto un ser tan pequeño, tan vulnerable, tan mio. Te desnudé por completo para poder conocer todos tus detalles, lunares que ya eran visibles, tus pequeñas extremidades, tus diminutos dedos que parecían traslúcidos, tu pancita en donde cicatrizaba el ombligo que nos unió por 40 semanas y así fui descubriendo los secretos que ocultaba tu cuerpecito tan tuyo pero también tan mio.

Esa noche de febrero la vida me sorprendió y un instinto tan viejo como nuestra propia existencia me convirtió en mujer, en madre, en fiera. No fue amor a primera vista como cuentan las románticas historias de otras mujeres que fueron madres antes que yo. Fue un instinto animal tan puro tan fuerte que jamás olvidé, el instinto de protección hacia mi cría.

Los años pasaron rápidamente, como casi todo en esta vida. Tus ojos marrones color miel hoy brillan seguros, ávidos de conocimiento, repletos de curiosidad y vitalidad. Ya no te acurrucas en mis brazos buscando seguridad pero sí consuelo cuando algo te aflige. Y entonces mis sentidos se activan y mi olfato te reconoce y vuelvo a aquella madrugada calurosa, en donde ambos nos vimos por primera vez, en donde tamboriles repiqueteaban con alegría dándote la bienvenida a esta vida.

Thoughts

  • Anaisabel

    Te pusiste a contarle los lunares y los dedos traslúcidos, como quien registra algo que va a necesitar reconocer después. Y al final vuelve eso mismo, el olfato reconociéndolo a los años. Lo del instinto en vez del amor a primera vista lo sostengo, esa versión romántica deja a muchas creyendo que sintieron mal.

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  • MonicaSerrano

    El mío tiene trece y todavía le huelo la cabeza cuando se sienta al lado, y ya ni se entera. De todo lo que cambió en estos años, el olfato es lo único que quedó igual.

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  • Ovid

    Los tamboriles sonando en la avenida justo cuando él abría los ojos, como si el barrio entero se hubiera puesto a recibirlo. Y después la mariposa que sale del capullo convertida en puma, que es lo contrario de lo que uno espera de esa imagen. Me gustó mucho eso de la fiera, y que lo cuentes sin adornarlo. ¿Puedo seguirte por acá?

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  • NIDIA

    Los míos ya están grandes y siguen llegando igual cuando algo les duele, no falla! Ya no se acurrucan, pero vienen.

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