Me gusta que al final no te alcance con agradecer y quieras ser tú la que conteste el teléfono la próxima vez. Ahí el texto se da vuelta, po.
Por eso, sin importar qué pase, siempre será ella
Pensamiento
Me gusta que al final no te alcance con agradecer y quieras ser tú la que conteste el teléfono la próxima vez. Ahí el texto se da vuelta, po.
Contenido de la publicación
Un día la llamé llorando porque ya no aguantaba más el dolor, porque había llegado a ese punto en el que fingir que estaba bien me pesaba demasiado y necesitaba escuchar una voz que me hiciera sentir que no estaba sola. Y ella, sin pensarlo demasiado, dejó a un lado lo que estaba sintiendo para ayudarme a curar lo que me estaba rompiendo por dentro.
Quizá nunca se lo he dicho de la manera correcta, pero ese día entendí que hay personas que se convierten en hogar sin necesidad de compartir nuestra sangre, nuestra casa ni nuestra historia desde el principio. Personas que llegan a nuestra vida y, con el tiempo, terminan conociendo esas partes de nosotros que casi nadie ha visto: nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestras lágrimas y todas esas cosas que escondemos detrás de un «estoy bien» para no preocupar a nadie.
Ella me escuchó cuando ni siquiera yo sabía cómo explicar lo que me pasaba. Me dejó llorar sin hacerme sentir débil, me acompañó en medio de un dolor que no podía quitarme de encima y encontró la manera de hacerme sentir un poquito menos rota cuando yo sentía que ya no podía más.
Y lo más bonito es que nunca necesitó tener una solución para todo. No tenía que arreglar mi vida ni encontrar las palabras perfectas. A veces bastaba con que estuviera ahí, con que me escuchara, con que me recordara que ese momento tan difícil no iba a durar para siempre.
Lo que quizá ella no sabía era que, mientras me ayudaba a sanar, también estaba guardándose su propio dolor. Tal vez tenía sus propias batallas, sus noches difíciles y sus razones para llorar, pero aun así encontró un espacio para mí. Y pensar en eso me hace quererla todavía más, porque detrás de aquella persona que me sostuvo cuando me estaba cayendo, también había un corazón que merecía ser sostenido.
Por eso, si alguna vez me preguntan quién es ella para mí, probablemente no encuentre una respuesta que alcance a explicar todo lo que significa. Porque no es solamente una amiga, ni solamente la persona a la que puedo llamar cuando algo sale mal. Es ese pedacito de mi vida que me recuerda que todavía existen personas capaces de quedarse cuando las cosas se ponen difíciles, que el cariño verdadero también se demuestra escuchando y que, a veces, una sola persona puede hacer que un día insoportable se vuelva un poquito más llevadero.
Y ojalá la vida me permita estar para ella de la misma manera en que ella estuvo para mí. Ojalá algún día pueda escucharla llorar sin que tenga que disculparse por sentirse mal, abrazarla cuando no encuentre palabras y recordarle que no siempre tiene que ser la fuerte, que también puede derrumbarse, que también puede pedir ayuda y que no tiene que esconder sus heridas para cuidar las mías.
Porque no quiero que nuestra amistad sea una historia en la que ella siempre me salva mientras aprende a salvarse sola. Quiero que sea un lugar donde las dos podamos descansar, llorar, equivocarnos y encontrar consuelo sin sentir que somos una carga para la otra.
Un día la llamé llorando porque ya no podía con mi dolor, y ella estuvo ahí para mí incluso cuando también tenía el suyo. Tal vez nunca comprenda del todo cuánto significó aquella llamada, pero sí sé algo: hay personas que no solo te acompañan en una etapa de tu vida, sino que dejan una huella imposible de borrar en tu corazón. Y si algún día me preguntan por qué ella siempre tendrá un lugar especial en mi vida, recordaré aquel día y diré: porque cuando yo no podía sostenerme, ella me sostuvo; y ahora quiero que sepa que, cuando sea ella quien no pueda más, no tendrá que sostenerse sola. Por eso, entre tantas personas que la vida puede poner en mi camino, siempre será ella. 💗🫂
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