¡MI HUERTA, ERA MI ORGULLO!
Todas las mañanas al levantarme, lo primero que hacía era ir hasta mi huerta. Allí me cepillaba los dientes, mientras revisaba las hojas y miraba otras cosas (flores, tallos). El agua con la que lavaba el cepillo y enjuagaba mi boca, quedaba de una vez, en mi huerta. Al llegar de la escuela, guardaba mis peroles escolares y me iba a revisar mi huerta. Esta fue mi rutina siempre, estudiara de mañana o de tarde, mientras vivimos en la casa de Los Estanques. Allí tenía sembradas: tomate, ají, frijoles, maíz, patilla (sandía), auyama (calabaza), entre otros cultivos.
Estando en mi huerta imaginaba como serían los frutos de mi cosecha. Me gustaba estar en mi huerta y ver cómo mis plantas crecían desde semillas.
Que alegría ver mis plantas florecer! Y luego ver cómo comenzaban a salir frutos y crecer. Y lo mejor de todo. Cosechar los frutos de lo que sembraste. Es un inmenso orgullo. Una gran satisfacción.
Luis Ernesto Parra Nava
La Concepción, 2019.