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Experta en el fallo

ArelyAlv17
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Hace unos días les compartí que estaba organizando un taller y alguien me pidió en los comentarios la actualización para conocer qué tal salió la actividad. Deben saber que han recibido la…

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Hace unos días les compartí que estaba organizando un taller y alguien me pidió en los comentarios la actualización para conocer qué tal salió la actividad. Deben saber que han recibido la advertencia del resultado con el mismo título de este escrito. Soy una experta en el fallo.

Es de esas veces en las que preparas algo con todo el amor que te cabe en el corazón; un regalo, una fiesta sorpresa o algo de ese estilo, pero la persona que va a recibirlo no lo toma como tú esperabas, así que lo desecha o solo hace un gesto reprobatorio o de bajo interés. Bueno, pues algo así me pasó con este taller.

Un día desperté y dije "no esperaré a que alguien me contrate, voy a hacer una actividad remunerable yo misma". Así que organicé un taller de escritura creativa, aun con todas las dudas que siempre se me desbordan y con la incertidumbre del futuro. Lo organicé de verdad con mucho cariño, tal y como le hubiese escrito una carta a alguien que me gusta.

Casi 15 días de preparación y de publicidad en redes y con personas cercanas debieron haber sido eficientes para mínimo llevar 10 almas a una cafetería del centro de Xalapa. Pero resulta que no fue así. Habían pasado unos dos o tres días y por fin realicé la primer inscripción a mi taller. 50 pesos por persona. Al menos ya la conocía; colega y excompañera menor de la universidad, abierta al mundo y a las ideas, conocedora de la escritura y disponible a la charla. Yo dije en mi mente que era buena persona para mi taller, así que me alegré.

Pero cuando faltaban tres días para el taller ya no había respuestas ni movimientos ni mensajes para obtener más información. "No puede ser que no venga más que una persona", pensé. Entonces fui a la cafetería y le comenté al dueño sobre la situación y él amablemente me dijo que debería hacerlo aún así, porque se volvía una actividad más intima. Me contó la historia breve de su cafetería que apenas lleva tres meses funcionando. Dijo que el primer día solo vendieron un café americano de 37 pesos, pero no por eso dejaron de abrir el local.

Yo consideré eso como resistencia y quise mantener la esperanza de tener a una o dos personas en mi taller. Pero no fue así. El día del taller, llegué a la cafetería. Pasaron 10 minutos, 15, 25, 40.

No llegó nadie.

Nada de nada.

Nadie.

Y eso me dolió.

Cuando había estado haciendo las invitaciones para el taller, comentaba: "Quiero mencionarles que al mismo tiempo de que me da gusto esto, también me da miedo de que nadie vaya, pero supongo que es parte de hacer estas cosas." Creo que eso me dio en la madre, porque hagan de cuenta que manifesté que nadie fuera.

Esa tarde me sentí más sola que nunca, con los ojos evitando una tremenda inundación sobre la barra de la cafetería. Pero miraba hacia arriba para que no se me saliera ni una sola gota. Me tomé dos affogatos (expresso con helado de vainilla), y me fui a la iglesia más cercana.

Lloré con mi Señor en el santuario y le pregunté por qúe nadie me ve.

Todavía no sé porque la gente no me ve, no conoce mi existencia y si la conoce, la ignora. No sé nada. Pero un día lo sabré. Es como el profeta Isaías (Is 49, 1-6), que hacía muchas cosas y nada le salía bien, pero cuando descubrió que Dios le tenía un camino preparado y especial, lo entendió todo. Entonces creo que algún día voy a entender.

Al día siguiente mis ojos estaban calientes de tanto llorar. En verdad me ha dolido esto, aunque me puedan decir que no es para tanto. No puedo compararlo con algo ahora mismo, pero de verdad que me dolió. En estos días no he tenido muchas ganas de hablar, será porque cualquier desatino me derrumba el estado de ánimo o porque la vida últimamente se ha puesto en ese mismo sentido. Derribándome las ganas de hacer lo que tengo que hacer.

A mí me pasa que cuando me sale algo mal, juro que no volveré a hacerlo. Si pasé tristeza en algún lugar, no vuelvo pasar por ahí, prefiero dar toda la vuelta por otra calle, pero no volveré a pasar por ahí. Prefiero encontrar más música, que escuchar a quien consideraba de mis cantantes favoritos porque me recuerda a personas y momentos desagradables.

Prefiero cambiar muchas cosas antes que volver a lo que viví. Pero no sé si esté bien después de todo. De igual forma le prometí un taller en línea a una persona. Ojalá que en esta ocasión no fracase, y si lo vuelvo a hacer, al menos piense por un momento en volverlo a intentar.

Thoughts

  • bertaenlaterraza

    Lo de que manifestaste que no fuera nadie no me lo creo ni un poco. Quince días de aviso en redes y una cafetería apartada no se caen por una frase dicha en voz alta. La gente confirma y después no aparece, y eso le pasa a cualquiera que arma algo.

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  • lecturaDeNoche

    Apuesto a que escribiste esto con los ojos todavía calientes y no semanas después. Y que quien te pidió la actualización es justo la que menos imaginabas que se iba a acordar.

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  • andres_de_noche

    Cuarenta minutos solo.

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  • MateoSilva

    No me cierra lo de la colega que sí se inscribió y pagó los 50 pesos. ¿Te dijo algo después del día del taller?

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  • Baltasar

    Cuando no llega nadie uno cree que la falla es de uno. Yo esperé una vez en un muelle de Coquimbo a que apareciera la familia para una despedida y estuve ahí parado mirando la hora hasta que se hizo de noche. Nunca supe bien qué pasó y a nadie le pareció grave. Igual armaste la cosa entera y te presentaste, y eso es harto más de lo que hace la mayoría.

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  • mediatarde

    Qué bueno que el dueño te contara lo de su primer café americano. Me gustó mucho que alguien ahí te dijera sigue igual.

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  • Ovid

    El dueño de la cafetería contándote que el primer día vendieron un solo americano de 37 pesos me hizo pensar en la gente que abre igual sin saber si va a entrar alguien. Se nota que te quedaste a escucharlo entero. Un taller en línea junta a los que están lejos, y esos sí aparecen.

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  • Teo

    Los 50 pesos y los quince días de preparación me quedaron dando vueltas. Poner precio a algo tuyo por primera vez ya es la parte difícil, y tú la hiciste igual.

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