Dedos en cuerdas de acero, cansados y sangrientos.
Tres de ellos tocan el sol.
Lluvia fonica, simula el cántico del mar.
Raspan palmeras las ventanas rotas.
Estancado en una pieza, salió el sol y se oculto.
Lanzo docenas de poemas a los meses, de dos a tres escritos hago al día.
Danzo centenas de canciones en las noches, infinidad del sentimiento de alegría.
Dedos entre cuerdas comprometidos, todos trabajan.
Su recompensa es saciar mi alma.
Tormenta que pide silencio, desea ser escuchada.
Su recompensa es saciar mi alma.
Letritas que salen del alma, desean ser comprendidas.
El tic-tac del corazón se oye por el hueco de la madera, desea tranquilizarse.
Dedos en cuerdas de acero cansados, satisfechos.
Cuatro de ellos tocan la luna.
Lluvia afónica, se calló para escucharme.
Corriente sanguínea, una nota más y llego al clímax.
— Jorge Guzmán