Adherido al rectángulo causante de las llagas, hirientes, pegado a ella y a las cuatro esquinas, ardientes.
Ambos laterales largos con mis brazos abrazados, el corto inferior que a mis pies sostienen, el superior que a mi cuello ahorca.
En la esclavitud del patriarca de mi alcoba, del pecado involuntario y de los astros de mi aurora.
La duda del silencio causante de lo tragico, mi visión a corto plazo, deseando un milagro mágico.
Una causa, un chispazo de motivo, no tenue motivación, si a un fulgurante camino...
Adherido, sin motivo, causa y razón principal, delirando con la lira que no se aprendió a callar.
— Jorge Guzmán