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Esta historia es un misterio encerrado, en lo profundo de la tierra nuestra.
Ahí donde se enterraron reyes y esclavos, sabios y necios por igual.
Mejor bueno conocido que malo por conocer dice el dicho de la gente bonita.
Somos los hombres del caos, somos los hijos del fuego, somos los muertos vivos.
Nos movemos rápidamente lento, no tememos ni tenemos un cuerpo, solo somos muchos.
Se ve mi rostro, como las entrañas de un toro degollado, puestas en la tabla, auguró nuestra suerte.
Que buena ó mala es la que nos toca bañando nuestras manos en la sangre del animal.
En nuestro último lugar de encuentro, es como si nunca fuimos niños, ni mamamos teta de bebes.
No tenemos otro camino más que el de la leche agria de viejas cabras que adoramos.
No es fácil nunca entenderan, nuestra depresión, que nos convierte en violentos.
No somos todos, pero estamos todos, porque somos muchos, no nos pueden contar.
En esto estamos todos.
En tardes negras fluye lo que no pensamos y, no hay tiempo ni espacio suficiente,
ya que la vida de los hombres es muy larga, y se caen en un poso de noche mirando las estrellas del cielo.
No tenemos tomos, estamos fatídicamente agobiados por preguntas sin respuestas.
Somos como cañitas voladoras, somos petardos busca pie, somos el mal hecho carne.
Como una carita de niño mojada de lágrimas, hemos perdido toda esperanza como viento en pasto seco.
Ya que la vida duele tanto, preferimos estar confiados en cárceles infernales y, manicomios baratos de mala muerte.
Y en una parada de la calle nos vamos juntando de a uno de a dos, asta que se forma la ronda del lugar, a chupar frío.
Nos juntamos ha hablar de lo que sea y fumar un porrito.
Donde distante se puede ver una estrella que se apaga, en el ultimo lugar de la reunión.
A las 5 en punto de la madrugada, somos como animas, luz mala que se ve en el monte de noche.