La primera respuesta al mensaje de Christopher no llegó de Hyunjin.
Llegó de Lee Know.
-¿Qué significa que uno de nosotros ya sabe lo que pasó allí?
Durante casi un minuto, el grupo permaneció en silencio. Los ocho estaban conectados al mismo chat, pero por primera vez nadie parecía dispuesto a escribir.
Hyunjin seguía mirando la pantalla, repasando las palabras de Christopher.
Creo que uno de nosotros ya sabe lo que pasó allí.
No había dicho que lo recordaba. Tampoco había dicho que lo había descubierto en los documentos. Había escrito creo, como si una parte de él estuviera intentando convencerse de algo que llevaba demasiado tiempo evitando.
Finalmente, Christopher respondió.
-Significa exactamente lo que escribí.
-Gracias por la aclaración. Ahora sí entiendo absolutamente todo -escribió Changbin.
-Changbin, por una vez en tu vida, no ayudes -respondió Han.
-Estoy intentando mantener la calma.
-Estás escribiendo en mayúsculas desde hace tres mensajes -señaló Lee Know.
-¡PORQUE ESTOY CALMADO!
Hyunjin habría sonreído en cualquier otro momento. Aquella vez apenas pudo hacerlo.
-Christopher, ¿hablas de ti o de alguien más? -preguntó.
Los tres puntos aparecieron en la pantalla.
Desaparecieron.
Volvieron a aparecer.
-No lo sé -respondió Christopher.
Hyunjin apretó la mandíbula.
-Entonces, ¿por qué nos dijiste que no fuéramos al jardín?
La respuesta tardó más.
-Porque si vamos ahora, podríamos encontrar algo que ninguno de nosotros esté preparado para ver.
-¿Y si precisamente necesitamos verlo? -preguntó Jeongin.
Hyunjin se quedó inmóvil al leer su mensaje.
No porque no estuviera de acuerdo con él, sino porque conocía aquella manera de escribir. Jeongin no estaba buscando una excusa para ir al jardín. Estaba intentando evitar que el miedo decidiera por ellos.
-No todo lo que está enterrado debería desenterrarse -respondió Christopher.
-Eso es algo que diría alguien que sabe dónde está enterrado algo -escribió Felix.
-O alguien que está asustado -añadió Seungmin.
Christopher no contestó.
Y aquel silencio fue mucho más inquietante que cualquiera de sus respuestas.
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A la mañana siguiente, Hyunjin descubrió que intentar llevar una vida normal era considerablemente más difícil cuando tenía ocho nombres antiguos rondándole la cabeza y un hilo rojo invisible que parecía tensarse cada vez que pensaba en Jeongin.
-Estás mirando el teléfono como si fuera a confesarte un crimen -comentó Han, dejándose caer en la silla frente a él.
-Estoy leyendo.
Han miró el teléfono.
-La pantalla está apagada.
Hyunjin lo giró inmediatamente.
-Estaba pensando.
-Ah, claro. Pensando en Jeongin.
-¿Puedes dejar de decir su nombre cada vez que abro la boca?
-Puedo. No quiero.
Christopher, sentado junto a la ventana, no participó en las bromas. Tenía una taza de café entre las manos, aunque llevaba tanto tiempo sin beber que el contenido ya debía de estar frío.
Hyunjin lo observó discretamente.
Desde que habían encontrado el símbolo del jardín junto al nombre de Christopher, algo había cambiado en él. No era solamente miedo. Había momentos en los que parecía escuchar algo que los demás no podían oír, como si una conversación muy antigua estuviera ocurriendo justo detrás de sus pensamientos.
-¿Dormiste? -le preguntó Hyunjin.
Christopher levantó la mirada.
-Un poco.
-¿Volviste a recordar algo?
-No.
La respuesta fue demasiado rápida.
Hyunjin no insistió, pero Christopher lo notó.
-No estoy ocultándote algo a propósito -añadió en voz baja-. Si supiera qué está pasando, te lo diría.
-¿Aunque la verdad pudiera perjudicarte?
Christopher sostuvo su mirada.
Por un instante, algo parecido al dolor cruzó su rostro.
-Especialmente entonces.
Hyunjin quiso creerle.
Lo difícil era que, desde que habían aparecido aquellos documentos, empezaba a comprender que una persona podía decir la verdad y aun así estar ocultando algo.
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A varias calles de allí, Jeongin estaba descubriendo que sus amigos tenían una capacidad extraordinaria para convertir cualquier conversación en un interrogatorio.
-Entonces, ¿vas a verlo hoy? -preguntó Felix.
-Probablemente.
-¿Y vas a contarle lo que te preocupa?
-Felix.
-¿Qué? Estoy siendo comprensivo.
Seungmin ni siquiera levantó la vista de su teléfono.
-Le has preguntado lo mismo cuatro veces.
-Estoy siendo comprensivo cuatro veces.
Lee Know dejó un plato sobre la mesa y se sentó frente a Jeongin.
-No tienes que contarnos todo lo que pasa entre Hyunjin y tú. Pero sí deberías decirnos si estás asustado.
La expresión de Jeongin se suavizó.
-Lo estoy.
Los otros tres dejaron de bromear.
Jeongin miró hacia la ventana. La luz de la mañana iluminaba los edificios de enfrente, las personas caminando hacia sus trabajos y los coches detenidos en el tráfico. Todo parecía tan cotidiano que resultaba absurdo pensar que un jardín olvidado pudiera contener una historia capaz de alcanzarlos.
-No sé qué hicimos en el pasado -continuó-. Ni siquiera sé si fuimos las mismas personas que somos ahora. Pero tengo miedo de descubrir que alguien a quien quiero hizo algo terrible.
-¿Hyunjin? -preguntó Felix con cautela.
Jeongin negó con la cabeza.
-No solamente él. Cualquiera de nosotros.
Seungmin dejó el teléfono sobre la mesa.
-Entonces no decidas quiénes somos basándote en algo que todavía no recuerdas.
Jeongin sonrió débilmente.
-Eso mismo le dije a Hyunjin.
-Por supuesto -murmuró Lee Know-. Ya están compartiendo frases profundas. Estamos perdidos.
Felix le lanzó una servilleta.
Por primera vez en toda la mañana, Jeongin se rio de verdad.
Y durante unos segundos, el miedo dejó de ocuparlo todo.
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A las cuatro de la tarde, Hyunjin recibió un mensaje de Jeongin.
Jeongin: ¿Tienes tiempo para verme?
Hyunjin: Para ti, sí.
Jeongin: No digas esas cosas tan fácilmente.
Hyunjin: ¿Por qué?
Jeongin: Porque luego me acostumbro.
Hyunjin sonrió mirando la pantalla.
Hyunjin: Esa es la idea.
Quedaron en una pequeña cafetería cerca de la universidad. Cuando Hyunjin llegó, Jeongin ya estaba sentado junto a la ventana, jugando distraídamente con la manga de su suéter.
Hyunjin se acercó y dejó su mochila en la silla.
-Hola.
-Hola.
Se miraron durante un segundo demasiado largo.
-¿Vamos a seguir haciendo eso? -preguntó Jeongin.
-¿Qué cosa?
-Mirarnos como si estuviéramos intentando recordar dónde nos conocimos.
Hyunjin se sentó frente a él.
-Quizá porque una parte de mí siente que ya lo hicimos.
La sonrisa de Jeongin desapareció lentamente.
No parecía asustado. Más bien, aquella frase había tocado un lugar que él también conocía.
-A veces, cuando estoy contigo, siento que debería saber algo -confesó-. Algo importante. Pero cuando intento alcanzarlo, desaparece.
-A mí me pasa igual.
-¿Crees que tiene que ver con las vidas pasadas?
Hyunjin miró por la ventana antes de responder.
-Creo que tenemos suficientes pruebas para dejar de fingir que todo es una coincidencia. Pero no quiero que eso decida lo que siento por ti.
Jeongin bajó la mirada hacia sus manos.
-¿Y qué sientes por mí?
Hyunjin abrió la boca, pero la respuesta no salió de inmediato.
No porque no la supiera.
Sino porque decirla en voz alta hacía que todo pareciera más real.
-Que quiero conocerte -dijo finalmente-. No al chico de los dibujos ni al de los sueños. A ti. Al que se ríe de mis mensajes, al que se preocupa por los demás aunque esté asustado, al que intenta hacerse el valiente cuando claramente no quiere estar solo.
Jeongin soltó una risa suave.
-No sabía que eras tan observador.
-Tengo mis momentos.
-Y tus momentos de idiota.
-Es parte de mi encanto.
Jeongin sonrió, pero luego volvió a ponerse serio.
-Hay algo que no te he contado sobre Christopher.
Hyunjin sintió que su cuerpo se tensaba.
-Te escucho.
-Hace unas semanas, antes de que tú y yo empezáramos a hablar, me preguntó si alguna vez había sentido que conocía a alguien sin haberlo visto antes.
Hyunjin no lo interrumpió.
-Pensé que era una pregunta extraña. Le dije que no estaba seguro. Después me preguntó si alguna vez había sentido que alguien estaba a punto de decirme algo importante, pero se arrepentía en el último segundo.
-¿Y qué le dijiste?
-Que sí. No sabía por qué, pero me recordó a una sensación que tengo desde hace tiempo. Como si estuviera esperando una conversación que nunca llega.
Hyunjin se quedó mirando la taza que tenía delante.
Christopher había buscado a Jeongin antes de que ellos dos se acercaran.
No sabía qué significaba aquello, pero ya no podía considerarlo una simple casualidad.
-¿Te explicó por qué te preguntaba eso?
-No. Cambió de tema y nunca volvimos a hablarlo.
Jeongin extendió la mano sobre la mesa y rozó los dedos de Hyunjin.
-No quiero que empieces a desconfiar de él solamente porque todo esto es extraño.
Hyunjin levantó los ojos.
-No quiero desconfiar de nadie.
-Pero lo harás si descubres algo que no te guste.
-Probablemente.
-Al menos eres sincero.
Hyunjin entrelazó sus dedos con los de Jeongin.
-Hay una cosa de la que sí estoy seguro.
-¿Cuál?
-No quiero que lo que ocurrió antes de conocerte decida lo que puedo hacer ahora que te conozco.
Jeongin apretó suavemente su mano.
-Entonces tendremos que descubrir la verdad sin dejar que nos convierta en personas que no somos.
Durante unos instantes, ninguno habló.
No hubo visiones. Ningún símbolo apareció en una fotografía. El hilo rojo no les mostró una respuesta.
Solo estaban ellos dos, sentados en una cafetería, eligiendo permanecer allí.
Y, por primera vez desde que todo había comenzado, aquello pareció suficiente.
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Esa misma tarde, Christopher recibió una llamada de un número que no tenía guardado.
Estuvo a punto de rechazarla.
Algo lo hizo contestar.
-¿Sí?
Al otro lado, una voz desconocida habló sin saludar.
-¿Sigues teniendo la caja?
Christopher dejó de respirar por un instante.
-¿Quién eres?
-Eso no importa ahora. Necesito saber si la abriste.
-No sé de qué estás hablando.
-No mientas. Si el libro apareció, la caja también acabará apareciendo.
Christopher se puso de pie.
-¿Qué caja?
La persona guardó silencio durante unos segundos.
Cuando volvió a hablar, su voz era más baja.
-La que no debía sobrevivir a aquella noche.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
-¿Qué ocurrió aquella noche?
-No la abras, Christopher.
-¡Dime qué pasó!
-Lo que hay dentro no pertenece a esta vida.
La llamada terminó.
Christopher permaneció inmóvil, con el teléfono pegado a la oreja.
No recordaba ninguna caja. No sabía quién había llamado ni cómo aquella persona conocía su nombre.
Pero una certeza horrible comenzaba a formarse en su interior: la llamada no había sido una advertencia para protegerlo.
Había sido una advertencia para proteger a los demás de él.
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Esa noche, los ocho volvieron a reunirse en el chat.
Seungmin había pasado horas comparando las páginas fotografiadas y había conseguido ordenar parte de los símbolos. No tenía todas las respuestas, pero había encontrado una diferencia importante.
-Los símbolos no parecen representar características personales -explicó en una videollamada-. Al menos, no solamente. Algunos aparecen también en los márgenes de otras páginas, junto a anotaciones que parecen describir acciones.
-¿Acciones como qué? -preguntó Changbin.
-No lo sé todavía. Pero no creo que sean simples marcas para distinguirnos.
-¿Y el símbolo de Christopher? -preguntó Han.
Seungmin miró a Christopher en la pantalla.
-Es el único que he encontrado repetido en los documentos relacionados con el jardín del norte.
Christopher no dijo nada.
Felix frunció el ceño.
-¿Eso significa que él estuvo allí?
-No necesariamente -respondió Seungmin-. Significa que los documentos lo relacionan con ese lugar. No es lo mismo.
-Gracias -murmuró Christopher-. Agradezco que alguien recuerde que no tenemos pruebas suficientes para condenarnos unos a otros.
La frase sonó más amarga de lo que pretendía.
Lee Know se inclinó hacia la cámara.
-Nadie te está condenando. Pero tampoco puedes seguir diciéndonos que no vayamos al jardín sin explicarnos por qué.
Christopher se frotó el rostro.
Quería contarles lo de la llamada. Quería decirles que alguien parecía saber más de sus vidas anteriores que ellos mismos y que una caja desconocida podía estar vinculada a una noche que ninguno recordaba.
Sin embargo, no tenía pruebas. Solo miedo y la sensación persistente de que, si hablaba demasiado pronto, podría desencadenar algo que aún no comprendía.
-Recibí una llamada -admitió al fin-. Alguien preguntó por una caja.
-¿Qué caja? -preguntó Felix.
-No lo sé. Esa persona dijo que no debía abrirla. También dijo que lo que hay dentro no pertenece a esta vida.
Han dejó de sonreír.
-Eso es inquietantemente específico.
-También dijo que, si el libro había aparecido, la caja acabaría apareciendo.
Jeongin se acercó a la pantalla.
-¿Crees que existe de verdad?
-No lo sé.
Hyunjin observó a Christopher. Recordó su figura apartada en la ilustración, mirando hacia un punto que el dibujante no había mostrado. Recordó la forma en que Christopher había reaccionado al ver el símbolo del jardín.
No era una nueva pista.
Era el mismo detalle, adquiriendo un significado más oscuro.
-¿La persona sabía algo de ti? -preguntó Hyunjin.
Christopher asintió lentamente.
-Sabía mi nombre. Y parecía saber lo que está ocurriendo.
-¿Te reconoció? -preguntó Jeongin.
Christopher tardó en contestar.
-No lo sé. Pero habló como si me conociera desde hace mucho tiempo.
El silencio se extendió por la llamada.
Entonces, Seungmin compartió un archivo con una imagen ampliada de la lista original de los ocho nombres.
-Hay otra cosa. No la había visto antes porque está casi tapada por una mancha de tinta.
En la pantalla apareció una sección del documento.
Debajo de los ocho nombres había una anotación muy pequeña, escrita con una letra diferente. No era una frase completa ni una de las advertencias que ya habían leído.
Era un registro breve, casi administrativo:
«Siete testigos. Un ausente.»
-¿Un ausente? -repitió Changbin-. Pero hay ocho nombres.
-Precisamente -dijo Seungmin-. No sé si se refiere a alguien que faltó cuando ocurrió algo, a alguien que desapareció después o a alguien que nunca estuvo realmente con los demás.
Christopher se puso nervoso.
Hyunjin lo notó.
-¿Qué pasa?
Christopher miraba la pantalla como si hubiera reconocido aquellas palabras.
-No lo sé -susurró.
Pero, por primera vez, su voz no sonó como la de alguien que simplemente estaba asustado.
Sonó como la de alguien que acababa de escuchar una frase que llevaba mucho tiempo intentando olvidar.
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Después de la llamada, Hyunjin salió al balcón de su apartamento para tomar aire.
El teléfono vibró.
Era Jeongin.
Jeongin: ¿Sigues despierto?
Hyunjin: Sí.
Jeongin: No puedo dejar de pensar en lo de Christopher.
Hyunjin: Yo tampoco.
Jeongin: ¿Crees que nos está ocultando algo?
Hyunjin apoyó los brazos en la barandilla.
Hyunjin: Creo que tiene miedo de algo que todavía no entiende. Pero eso no significa que debamos dejar de hacer preguntas.
Jeongin: ¿Y si las respuestas nos separan?
Hyunjin tardó un momento en escribir.
Hyunjin: Entonces tendremos que decidir qué hacemos cuando las conozcamos. No antes.
Jeongin respondió casi de inmediato.
Jeongin: Me gustaría que estuviéramos juntos cuando llegue ese momento.
Hyunjin sintió que el pecho se le aflojaba.
Hyunjin: Lo estaremos.
Unos segundos después, llegó otro mensaje.
Jeongin: Hyunjin...
Hyunjin: ¿Sí?
Jeongin: Si descubriéramos que en otra vida nos hicimos daño, ¿seguirías queriéndome?
Hyunjin leyó la pregunta varias veces.
No podía prometer que el pasado no dolería. No podía asegurar que la verdad sería fácil de aceptar. Ni siquiera sabía qué significaba aquel hilo rojo que parecía unirlos.
Pero sí sabía que Jeongin no era responsable de los recuerdos que todavía no tenían.
Hyunjin: No puedo prometerte que no me dolería. Pero no te culparía por algo que ninguno de los dos recuerda haber elegido.
La respuesta de Jeongin tardó un poco más.
Jeongin: Creo que necesitaba escuchar eso.
Hyunjin: Y yo necesito que recuerdes algo.
Jeongin: ¿Qué?
Hyunjin: No tienes que enfrentarte a todo esto solo.
Jeongin envió un corazón.
Hyunjin dejó el teléfono sobre su pecho y cerró los ojos.
Por primera vez, el hilo rojo no le pareció una advertencia ni una condena.
Le pareció una elección que todavía podían hacer.
Sin embargo, en algún lugar de la ciudad, Christopher acababa de encontrar algo que no recordaba haber guardado.
Una pequeña llave de metal, envuelta en un trozo de tela oscura, descansaba dentro de un cajón que llevaba años sin abrir.
Christopher no sabía de dónde había salido.
No sabía qué puerta podía abrir.
Pero, al levantarla, descubrió una inscripción grabada en uno de sus lados.
«Para cuando los ocho recuerden.»
Y debajo, casi borradas por el tiempo, había otras cuatro palabras:
«No confíes en el primero.»
Christopher cerró la mano alrededor de la llave.
Esta vez no sintió que estuviera recordando algo.
Sintió que alguien, en algún momento, había contado con que él lo olvidaría.
Y que esa persona había cometido un error.
Porque la llave había sobrevivido.
Y ahora, por fin, los ocho habían regresado.
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Nota: Si hay datos que mencioné y se me han olvidado, me los pueden recordar.