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Parte 3: La foto que no debió de existir

ChrisBang
Pensamiento

Pensamiento

Amortes22

Frase ruda: no comenzó cuando se encontraron, bconenzo cuando se traisionaron!!!.

Frase ruda: no comenzó cuando se encontraron, bconenzo cuando se traisionaron!!!.

Contenido de la publicación

Hay recuerdos que sobreviven al tiempo. Hay promesas que ni siquiera la muerte puede romper. Y hay personas que, aunque no recuerden haberse conocido, sienten que perderse sería repetir un error que ya cometieron una

——————————————————————

Jeongin: Creo que encontré algo.

.

.

.

Hyunjin respiró hondo y escribió:

Hyunjin: ¿Qué encontraste?

La respuesta llegó casi inmediatamente.

Jeongin: Una foto. Necesito que la veas mañana.

Hyunjin: ¿Es tan mala como para no mandármela ahora?

Jeongin: No es mala. Es... rara.

Hyunjin: Jeongin, nuestros hilos brillan cuando estamos cerca y literalmente me caíste encima porque no podíamos alejarnos. Creo que ya superamos el nivel de raro.

Jeongin tardó un poco en contestar.

Jeongin: Cuando lo decís así, suena bastante estúpido.

Hyunjin: ¿Qué parte? ¿La de los hilos mágicos o la de que me caíste encima?

Jeongin: Buenas noches, Hyunjin.

Hyunjin sonrió.

Hyunjin: Buenas noches, hilo rojo.

Dejó el teléfono sobre la mesa, todavía sonriendo, pero la sonrisa se desvaneció cuando vio que el hilo de su dedo se movía ligeramente.

No hacia la ventana.

No hacia la puerta.

Hacia su propio pecho.

Como si estuviera señalándole algo que llevaba mucho tiempo olvidado.

Esa noche volvió a soñar con el jardín.

Y, una vez más, despertó justo cuando alguien pronunciaba su nombre.

Pero esta vez, la voz no era la de Jeongin.

Era la suya.

-No vuelvas a confiar en él.

Hyunjin se incorporó de golpe.

Y no supo por qué aquellas palabras le provocaron más miedo que cualquier otra cosa.

——————————————————————

A las nueve y cuarenta y cinco de la mañana, Hyunjin ya estaba vestido y listo para salir.

A las nueve y cuarenta y seis, Han apareció en su habitación sin tocar la puerta.

-¿Adónde vas tan temprano?

Hyunjin ni siquiera levantó la mirada mientras se acomodaba el abrigo.

-A tomar un café.

Han entrecerró los ojos.

-¿Con quién?

-Con alguien.

-Ah, claro. Con alguien. Qué misterioso.

-Han.

-¿Es el chico del pastel?

Hyunjin se quedó inmóvil durante un segundo.

Han abrió la boca con una sonrisa triunfal.

-¡ES EL CHICO DEL PASTEL!

-Bajá la voz.

-¡CHRISTOPHER, VENÍ! ¡HYUNJIN TIENE UNA CITA!

-¡NO ES UNA CITA!

Desde el pasillo se escuchó una carcajada. Changbin apareció junto a Christopher, que llevaba una taza de café en la mano y una expresión demasiado tranquila para alguien que acababa de ser convocado a un escándalo.

-¿Qué pasó? -preguntó Changbin.

-Nuestro querido Hyunjin va a encontrarse con su chico del pastel -anunció Han.

-No es mi chico -protestó Hyunjin.

Christopher bebió un sorbo de café.

-Todavía.

Hyunjin lo miró con una expresión de absoluta traición.

-¿Vos también?

-¿Qué? Solo digo que le mandaste mensajes hasta tarde y ahora vas a verlo a primera hora de la mañana.

-Él me escribió primero.

-Eso lo hace todavía mejor -dijo Han.

Changbin se cruzó de brazos, observándolo con una sonrisa.

-Bueno, ¿y cómo se llama?

Hyunjin dudó apenas.

-Jeongin.

El nombre hizo que Christopher bajara lentamente la taza.

Fue un movimiento mínimo. Tan pequeño que probablemente nadie lo habría notado si Hyunjin no hubiera estado mirándolo justo en ese momento.

Pero lo notó.

-¿Qué pasa? -preguntó.

Christopher parpadeó y volvió a su expresión habitual.

-Nada.

-Hiciste una cara rara.

-Siempre hago caras raras -respondió Christopher.

-No como esa.

Durante unos segundos, Christopher no dijo nada.

Había vuelto a sentirlo.

Aquella familiaridad inexplicable que lo acompañaba desde que había visto a Jeongin en la cafetería. Era como escuchar una canción cuyo nombre había olvidado, pero recordar perfectamente el dolor que le provocaba.

No sabía por qué había decidido darle a Jeongin el número de Hyunjin.

En aquel momento le había parecido una idea espontánea, casi absurda. Sin embargo, después de hacerlo, había experimentado una sensación de alivio.

Como si acabara de cumplir una promesa.

Una promesa que no recordaba haber hecho.

-Christopher -insistió Hyunjin-. ¿Conocías a Jeongin de antes?

Christopher lo miró directamente.

-No.

La respuesta fue inmediata.

Demasiado inmediata.

Hyunjin frunció el ceño, pero antes de que pudiera preguntar algo más, Christopher dejó la taza sobre una mesa.

-Andá a encontrarte con él. No lo hagas esperar.

Hyunjin recogió sus cosas y salió sin despedirse.

Han esperó a escuchar la puerta de entrada antes de volverse hacia Christopher.

-¿Qué te pasa con ese chico?

Christopher mantuvo la mirada fija en el pasillo vacío.

-No lo sé.

Y, por primera vez, ninguno de los tres se rio.

——————————————————————

Jeongin estaba sentado junto a la ventana de la cafetería cuando Hyunjin llegó.

Tenía la fotografía entre las manos y una expresión que hizo que Hyunjin dejara de sonreír apenas lo vio.

-Hola -saludó, sentándose frente a él.

-Hola.

-¿No dormiste?

-¿Se nota mucho?

-Un poco.

Jeongin soltó una risa sin humor y deslizó la fotografía sobre la mesa.

Hyunjin la tomó con cuidado.

La imagen mostraba a dos niños sentados en un jardín cubierto de flores blancas. Uno tenía el cabello oscuro y una sonrisa tímida. El otro estaba de perfil, mirando al primero como si el resto del mundo no existiera.

Ambos tenían un hilo rojo atado al meñique.

Hyunjin sintió que se le cerraba la garganta.

-Somos nosotros -susurró.

Jeongin apretó los labios.

-Eso pensé.

Hyunjin dio vuelta la fotografía.

En la parte posterior, la frase escrita con tinta descolorida seguía siendo perfectamente legible:

Aunque el tiempo borre nuestros nombres, el hilo siempre sabrá cómo encontrarnos.

Debajo estaban escritos dos nombres.

Hyunjin. Jeongin.

Hyunjin pasó el pulgar por las letras.

-¿De dónde salió esto?

-Estaba en el cajón de mi mesa de noche. Nunca la había visto antes. Revisé todas las cosas que tenía guardadas ahí y no encontré nada más.

-¿Tus padres saben algo?

-Todavía no les pregunté. No quería que pensaran que estaba perdiendo la cabeza.

Hyunjin levantó la mirada.

-No estás perdiendo la cabeza.

-¿Cómo podés estar tan seguro?

Hyunjin observó el hilo atado a su dedo.

-Porque yo también estoy viviendo esto.

Jeongin bajó los ojos hacia sus manos. Sus hilos descansaban sobre la mesa, separados por unos pocos centímetros.

Entonces ocurrió.

Los filamentos comenzaron a emitir una luz tenue.

Los dos se quedaron inmóviles.

La fotografía, situada entre ellos, también pareció adquirir un brillo extraño. Por un instante, las flores blancas de la imagen se vieron más nítidas, como si el jardín hubiera despertado dentro del papel.

Jeongin retiró la mano de golpe.

La luz desapareció.

-¿Viste eso? -preguntó.

-Sí.

-No me digas que es normal.

-No pensaba hacerlo.

Hyunjin volvió a mirar la fotografía. Había algo que no encajaba, un detalle que antes no había advertido.

En el fondo del jardín, detrás de los dos niños, se distinguía una tercera figura.

Estaba demasiado lejos para reconocer su rostro.

Pero tenía una mano levantada.

Y entre sus dedos sostenía algo largo y brillante.

Algo parecido a unas tijeras.

-Jeongin -murmuró Hyunjin-. Mirá esto.

Jeongin se inclinó sobre la imagen.

Su rostro perdió el color.

-¿Qué está sosteniendo?

-No lo sé.

Jeongin acercó la fotografía a la ventana, tratando de distinguir mejor la figura.

-¿Y si alguien nos hizo esto?

-¿La foto?

-No. Los hilos.

Hyunjin guardó silencio.

Era una posibilidad que ninguno de los dos había querido considerar. Hasta entonces, el hilo rojo parecía una conexión misteriosa que los unía. Algo extraño, sí, pero casi hermoso.

La figura de la fotografía convertía aquella belleza en una pregunta mucho más inquietante.

¿Y si el hilo no estaba allí para unirlos?

¿Y si también servía para mantenerlos atrapados?

-Tenemos que averiguar de dónde salió -dijo Hyunjin finalmente.

Jeongin asintió.

-Conozco a alguien que podría ayudarnos.

-¿Quién?

-Felix. Su abuela coleccionaba libros antiguos y siempre le hablaba de una leyenda sobre un jardín de flores blancas. Creo que el jardín de la foto podría ser el mismo.

Hyunjin guardó la fotografía con cuidado.

-Entonces, vamos a hablar con Felix.

Jeongin sonrió débilmente.

-¿Ahora?

Hyunjin le tendió la mano.

-Ahora.

Jeongin la aceptó.

Y, debajo de la mesa, los hilos rojos se entrelazaron por un instante.

Ninguno de los dos lo vio.

Pero, a varias calles de distancia, Christopher sintió un dolor repentino en el meñique izquierdo.

Se llevó la mano al pecho.

Y una palabra olvidada le atravesó la mente.

Jardín.

——————————————————————

Felix llegó a la cafetería acompañado de Lee Know y Seungmin. Los tres encontraron a Jeongin y Hyunjin sentados juntos, con una fotografía antigua extendida sobre la mesa.

Lee Know miró a Jeongin.

Después miró a Hyunjin.

Luego volvió a mirar a Jeongin.

-No voy a preguntar.

-Gracias -respondió Jeongin.

-Voy a asumir que es una cita y que ustedes dos están demasiado avergonzados para admitirlo.

-Lee Know.

-¿Qué? Estoy siendo amable.

Seungmin se sentó al lado de Felix y observó la fotografía.

Su expresión cambió de inmediato.

-¿De dónde sacaron esto?

Hyunjin y Jeongin intercambiaron una mirada.

-¿La conocés? -preguntó Hyunjin.

-No exactamente -respondió Seungmin-. Pero mi abuelo tenía fotografías antiguas de jardines parecidos. Decía que algunos lugares guardaban recuerdos de personas que ya no estaban.

Lee Know dejó de sonreír.

-Tu abuelo también decía que los espejos podían robarte el alma.

-Y hasta ahora no me robaron la mía.

-Porque sos demasiado insoportable para que alguien la quiera.

-¿Podemos concentrarnos? -interrumpió Jeongin.

Felix tomó la fotografía con cuidado.

La examinó por delante y por detrás, deteniéndose en la frase escrita bajo los nombres.

-Mi abuela mencionaba una historia parecida -dijo finalmente-. Un jardín que aparecía en los relatos más antiguos de la familia. Según ella, estaba relacionado con una promesa y con ocho personas que se conocían desde mucho antes de nacer.

Hyunjin se enderezó.

-¿Ocho?

Felix asintió lentamente.

-Nunca me explicó por qué eran ocho. Solo decía que, cuando la historia comenzaba a repetirse, alguien tenía que recordar lo que había pasado la primera vez.

El silencio cayó sobre la mesa.

Ocho personas.

Hyunjin, Jeongin y sus amigos.

La coincidencia era demasiado precisa para ignorarla.

-¿Dónde podemos encontrar esos relatos? -preguntó Christopher.

Todos se volvieron hacia él.

Había llegado con Han y Changbin, y los tres habían escuchado la última parte de la conversación.

Christopher no supo explicar por qué había hecho aquella pregunta.

Solo sabía que necesitaba ver esos libros.

Necesitaba descubrir por qué la idea de un jardín de flores blancas le provocaba una tristeza que no le pertenecía.

Felix lo observó con atención.

-Hay una librería antigua cerca del centro. Mi abuela solía ir allí. Si todavía conservan sus archivos, quizás encontremos algo.

-Vamos -dijo Changbin.

Han miró a Hyunjin y después a Jeongin.

-Esto definitivamente dejó de ser una cita.

-Nunca fue una cita -murmuró Hyunjin.

-Claro, claro.

Jeongin soltó una pequeña carcajada.

Hyunjin lo miró y, por un momento, todo pareció sencillo.

Hasta que sus ojos se encontraron.

La sonrisa de Jeongin se desvaneció ligeramente, como si también hubiera sentido algo extraño.

Una tristeza repentina.

Una sensación de pérdida.

Y la certeza absurda de que, en algún lugar de su memoria, ya había escuchado la risa de Hyunjin.

No en aquella cafetería.

No ayer.

Mucho antes.

——————————————————————

La librería era pequeña y antigua, escondida entre dos edificios modernos. El letrero de madera sobre la puerta estaba tan desgastado que apenas se podían distinguir las letras.

Dentro olía a papel envejecido, madera y lluvia.

Había estanterías hasta el techo y cajas llenas de libros que parecían no haberse abierto en décadas.

Felix fue el primero en acercarse al mostrador.

-Buscamos información sobre una leyenda. Un jardín de flores blancas.

La mujer que atendía el lugar levantó la mirada de su libro.

-¿Qué clase de leyenda?

Felix le mostró la fotografía.

La mujer no la tomó.

Se limitó a mirarla desde donde estaba.

Y su rostro cambió.

-¿Dónde consiguieron eso?

Jeongin dio un paso adelante.

-La encontramos en mi casa.

La mujer cerró el libro lentamente.

-Deberían guardarla.

-¿Por qué? -preguntó Hyunjin.

-Porque hay historias que es mejor dejar descansar.

Christopher sintió que el corazón comenzaba a latirle demasiado rápido.

La voz de la mujer le resultaba familiar.

No su rostro.

No su forma de hablar.

Solo aquella voz.

Y entonces, sin previo aviso, algo se abrió dentro de su mente.

Un pasillo oscuro.

Una puerta cerrada.

Una luz roja al otro lado.

Una mano manchada de sangre aferrándose a su muñeca

Y una voz desesperada que le decía:

-Prometiste que los protegerías.

Christopher retrocedió.

Changbin lo sujetó del brazo antes de que perdiera el equilibrio.

-¿Estás bien?

Christopher parpadeó varias veces.

El pasillo había desaparecido.

La librería volvió a rodearlo.

-Sí -mintió.

Pero Hyunjin lo estaba observando.

Había visto el miedo en sus ojos.

Y también había notado que Christopher miraba la fotografía como si reconociera algo que jamás había visto.

-¿Qué te pasó? -preguntó Hyunjin en voz baja.

Christopher negó con la cabeza.

-No lo sé.

La mujer del mostrador continuó mirándolos.

Finalmente, suspiró y señaló una escalera estrecha al fondo de la librería.

-Los registros antiguos están arriba. No puedo prometerles que encuentren lo que buscan.

-Con eso nos alcanza -respondió Felix.

Antes de que subieran, la mujer volvió a hablar.

-Una cosa más.

Los ocho se detuvieron.

-Si encuentran el nombre de alguien en esos libros, no asuman que conocen a esa persona.

Jeongin frunció el ceño.

-¿Qué quiere decir?

La mujer bajó la mirada hacia la fotografía.

-Que recordar no siempre significa comprender.

Nadie respondió.

Subieron las escaleras y comenzaron a revisar los archivos. Había diarios, cartas, registros familiares y cuadernos escritos con una caligrafía casi ilegible.

Después de casi una hora, Seungmin encontró un libro de tapas negras escondido detrás de una caja.

-Creo que encontré algo.

Los demás se acercaron.

En la primera página había un dibujo del jardín de la fotografía.

Las mismas flores blancas.

El mismo sendero de piedra.

Y un árbol enorme al fondo.

Debajo, una frase escrita con tinta roja:

La primera traición no destruyó el hilo. Solo hizo que olvidáramos por qué lo habíamos atado.

Han tragó saliva.

-Eso no suena nada tranquilizador.

Changbin pasó la página.

Había una lista de nombres, aunque varias líneas estaban borradas por manchas oscuras.

Algunos todavía podían leerse.

Hyunjin.

Jeongin.

Christopher.

Los tres se quedaron inmóviles.

-¿Por qué están nuestros nombres aquí? -susurró Jeongin.

Christopher no contestó.

Miraba la página como si esperara encontrar algo más.

Y lo encontró.

Debajo de los tres nombres, una frase escrita con una letra distinta.

Cuando el hilo vuelva a despertar, uno de ellos recordará lo que hizo.

Un ruido seco resonó en algún lugar de la planta baja.

Todos levantaron la cabeza.

-¿Escucharon eso? -preguntó Felix.

Otro golpe.

Luego, silencio.

-Creo que deberíamos irnos -dijo Hyunjin.

Por primera vez en toda la mañana, nadie discutió.

——————————————————————

Esa noche, Christopher no pudo dormir.

Se sentó al borde de su cama, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada fija en su mano izquierda.

No tenía ningún hilo rojo.

Había revisado sus dedos tantas veces que ya comenzaba a sentirse ridículo.

Sin embargo, cada vez que cerraba los ojos, volvía a ver la puerta.

La luz roja.

La mano ensangrentada.

Y aquella voz.

Prometiste que los protegerías.

-¿A quiénes? -susurró en la oscuridad-. ¿A quién prometí proteger?

No obtuvo respuesta.

Pero, de pronto, recordó algo más.

Un jardín bajo un cielo gris.

Una figura arrodillada entre las flores.

Y él mismo, mucho más joven -o quizás mucho más antiguo-, observando desde la entrada.

En aquella visión, Christopher llevaba ropa que no reconocía y tenía las manos manchadas de tierra.

Alguien lo llamaba desde el otro extremo del jardín.

No pudo distinguir el rostro.

Solo escuchó las palabras.

-Si los salvás a ellos, nos vas a perder a nosotros.

Christopher abrió los ojos de golpe.

El corazón le golpeaba las costillas.

No sabía quién había hablado.

No sabía quiénes eran ellos.

Y lo peor de todo era que una parte de él sentía que, en algún momento, ya había tenido que elegir.

Y que había elegido mal.

Al otro lado, Jeongin estaba acostado mirando el techo.

Hyunjin le había enviado un mensaje hacía unos minutos.

Hyunjin: ¿Llegaste bien?

Jeongin: Sí. ¿Vos?

Hyunjin: Sí. No puedo dejar de pensar en el libro.

Jeongin: Yo tampoco.

Jeongin dudó antes de escribir el siguiente mensaje.

Jeongin: ¿Creés que nos conocíamos antes de todo esto?

Hyunjin tardó en responder.

Hyunjin: No sé cómo explicarlo, pero cuando estoy con vos siento que te conozco desde hace mucho tiempo.

Jeongin apretó el teléfono contra su pecho.

Aquella era exactamente la sensación que había intentado describir desde el primer encuentro.

Jeongin: A mí me pasa lo mismo.

La respuesta de Hyunjin llegó unos segundos después.

Hyunjin: Entonces vamos a descubrirlo juntos.

Jeongin sonrió.

Por primera vez desde que había encontrado la fotografía, sintió que tal vez podrían resolver aquel misterio.

Hasta que una imagen atravesó su mente.

Un jardín cubierto de flores blancas.

Hyunjin frente a él.

Una mano sujetando su muñeca.

Y un hilo rojo cortándose entre ambos.

Jeongin se incorporó.

La imagen había durado apenas un segundo, pero el dolor que dejó en su pecho era insoportable.

No sabía cuándo había ocurrido.

No sabía si había sido un sueño o un recuerdo.

Solo sabía que, en aquella visión, Hyunjin lo miraba como si acabara de perderlo.

Y que él mismo había sido quien se alejaba.

——————————————————————

A la mañana siguiente, recibieron un mensaje de Felix.

Había vuelto a la librería por su cuenta y había conseguido fotografiar varias páginas más del libro antes de que cerraran.

Entre ellas había una imagen que no habían visto el día anterior.

Una ilustración de ocho personas de pie en el jardín.

No tenían los rostros dibujados.

Solo sus nombres escritos debajo.

Hyunjin.

Jeongin.

Han.

Christopher.

Changbin.

Lee Know.

Felix.

Seungmin.

Y en el centro de la página, una última frase:

La historia no comenzó cuando se encontraron.

Comenzó cuando se traicionaron.

#amor #fantasia

Thoughts

  • Zacarias

    Plebe, Christopher bajando la taza apenas oye el nombre de Jeongin me dejó con la espina, el mismo de los diecisiete mensajes de la parte 1. Yo le voy a que la figura de las tijeras es él y que la voz del sueño le avisa a Hyunjin de su propio amigo.

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  • bandoneon

    La librera que mira la foto desde lejos y ni la toca, che. Ahí se me puso la piel de gallina, posta, más que con las tijeras.

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  • Amortes22

    Frase ruda: no comenzó cuando se encontraron, bconenzo cuando se traisionaron!!!.

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