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PARA VOS, QUE ALGUNA VEZ SERVISTE CON TODO TU CORAZÓN

MicaArgenio
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Te escribo estas líneas pensando en vos y, sobre todo, recordando la belleza de tu entrega.

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Pensamiento

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Elena_V

Lo que me duele es que 'nadie vio'. Acá nadie se da cuenta de que el que está en el mostrador también tiene su lucha.

Lo que me duele es que 'nadie vio'. Acá nadie se da cuenta de que el que está en el mostrador también tiene su lucha.

Contenido de la publicación

Te escribo estas líneas pensando en vos y, sobre todo, recordando la belleza de tu entrega.

Hay momentos en la vida en los que el ruido, el cansancio, las circunstancias o incluso las heridas nos obligan a hacer una pausa. Y está bien. A veces el cuerpo necesita descansar, el corazón necesita sanar y el alma necesita volver a encontrar fuerzas.

Pero hoy quiero recordarte algo que quizás, en medio de todo, olvidaste:

Vos nunca fuiste uno más en el altar.

Tu manera de servir tenía un sello único.

Cada vez que llegabas a la iglesia, que preparabas algo detrás de escena, que levantabas tus manos, que cantabas, que tocabas un instrumento, que recibías a alguien en la puerta, que cuidabas a un niño, que prendías una cámara, que servías una mesa, que intercedías en secreto o que simplemente estabas dispuesto a hacer lo que hiciera falta, no estabas simplemente cumpliendo una tarea.

Estabas entregando una parte de tu vida a Dios.

Y quizás muchas veces nadie vio todo lo que hubo detrás.

Nadie vio las veces que serviste cansado.
Nadie vio las veces que llegaste con el corazón roto y aun así dijiste: “Estoy acá.”
Nadie vio las oraciones que hiciste antes de comenzar.
Nadie vio las lágrimas que derramaste en secreto.
Nadie vio cuántas veces quisiste rendirte y, aun así, decidiste permanecer.

Pero Dios sí lo vio.

Él vio cada sacrificio.
Cada hora.
Cada oración.
Cada esfuerzo.
Cada vez que elegiste servir aun cuando no tenías fuerzas.

Y nada de eso fue en vano.

Quizás hoy estás lejos de aquello que alguna vez hiciste.

Quizás dejaste un ministerio.
Quizás dejaste de cantar.
Quizás ya no servís como antes.
Quizás simplemente te cansaste.
Quizás alguien te hirió.
Quizás te decepcionaste.
Quizás necesitabas parar y todavía no encontraste el camino de regreso.

Y quizás nadie te preguntó realmente cómo estabas.

Pero hoy quiero decirte algo:

Tu pausa no borró tu llamado.

Tu cansancio no canceló tu propósito.

Tu temporada difícil no cambió lo que Dios depositó en vos.

Y el hecho de que hoy no estés haciendo lo que hacías antes no significa que hayas dejado de tener valor.

Porque antes que servidor,
antes que líder,
antes que músico,
antes que danzador,
antes que maestro,
antes que intercesor,
antes que parte de un equipo,

sos hijo de Dios.

Y quizás eso es justamente lo que necesitabas recordar.

No tenés que volver para demostrarle nada a nadie.

No tenés que regresar para recuperar un lugar.

No tenés que demostrar que todavía podés hacerlo.

Si alguna vez volvés, que no sea por culpa.
Que no sea por presión.
Que no sea porque alguien te hizo sentir que sin vos todo está incompleto.

Volvé porque tu corazón volvió a encontrar el altar.

Porque servir a Dios nunca debería convertirse en una carga que nos aleja del Dios al que servimos.

Quizás necesitás descansar.

Quizás necesitás llorar.

Quizás necesitás perdonar.

Quizás necesitás sanar.

Quizás necesitás simplemente sentarte en una banca y dejar que, por un tiempo, alguien más ministre sobre vos.

Y está bien.

El altar no dejó de ser tu casa porque necesitaste descansar.

Dios no se olvidó de vos.

Él sigue recordando cada cosa que hiciste por amor.

Sigue viendo el corazón con el que serviste.

Sigue conociendo esa parte de vos que quizás nadie más llegó a conocer.

Y cuando estés listo para volver, no vas a encontrar a un Dios enojado preguntándote dónde estabas.

Vas a encontrar a un Padre con los brazos abiertos.

Porque el Reino no perdió tu valor cuando dejaste de servir.

Tu valor nunca estuvo en lo que hacías para Dios, sino en quién sos para Él.

Y si algún día volvés a tomar un micrófono, a sentarte frente a un instrumento, a levantar una cámara, a abrir una puerta, a enseñar a un niño, a interceder, a liderar, a danzar o simplemente a hacer aquello que nadie ve…

Que sea diferente.

Que esta vez no sirvas para ser visto.

Que no sirvas para sentirte necesario.

Que no sirvas para demostrar que todavía podés.

Serví desde un corazón restaurado.

Serví desde la intimidad.

Serví porque lo amás.

Y si todavía no estás listo para volver, también está bien.

No te estamos esperando para ocupar una función.
Te estamos esperando a vos.

Porque se extraña tu presencia.
Tu manera de servir.
Tu sensibilidad.
Tu alegría.
Tu pasión.
Tu forma única de hacer aquello que Dios puso en tus manos.

Pero sobre todo, queremos que recuerdes esto:

No importa cuánto tiempo haya pasado.
No importa cuánto te hayas alejado.
No importa cuántas cosas hayan cambiado.

La puerta sigue abierta.

El Padre sigue llamándote.

La casa sigue siendo tu casa.

Y el altar…

el altar todavía te espera.

Thoughts

  • idea1908

    ¿Qué hizo que se fueran? ¿Fue algo puntual o fue el agotamiento de años?

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  • cuatrocafes

    El punto donde dice 'serví desde un corazón restaurado' es el giro de todo. Si vuelven, que sea porque se recuperaron primero, no para calmar a otros.

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  • asintiendo_desde_aca

    'Nadie vio cuántas veces quisiste rendirte y, aun así, decidiste permanecer.' Eso es lo que voy a estar pensando toda la semana.

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  • Elena_V

    Lo que me duele es que 'nadie vio'. Acá nadie se da cuenta de que el que está en el mostrador también tiene su lucha.

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  • Anselma

    'Sos hijo de Dios' debería haber sido la primera línea de toda esta carta. Todo lo demás es contexto. Eso es lo que importa.

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  • TereG78

    El cansancio es real. Yo llego tarde a misa cada domingo desde hace años, y es agotador vivir en ese ritmo. La diferencia es que vos dejaste, y eso también vale.

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  • nochedevela

    Ese 'quizás necesitás llorar' me pegó. Como si supiera que hoy estamos acá llorando en silencio.

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  • bancodeatras

    Cuando decís 'no sé si creo', ¿dejaste de creer en todo, o solo en servir en la iglesia? Me pasa lo mismo.

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