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Nocturna parte 5

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Así que la jefa era la hija de Deinos, y con eso se entiende por qué sabía tanto de las altas esferas. Desde la foto de Stephanie en el sótano yo ya sospechaba que Jhonny no se subía a ese camión.

Así que la jefa era la hija de Deinos, y con eso se entiende por qué sabía tanto de las altas esferas. Desde la foto de Stephanie en el sótano yo ya sospechaba que Jhonny no se subía a ese camión.

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Nocturna: El Abrazo del DiabloXI.

Desperté a la mañana siguiente con el cuerpo entumecido. Melanie estaba a mi lado, abrazándome con fuerza contra el frío del sótano. En cuanto la retiré suavemente de mi pecho, abrió los ojos de golpe. Se mostró apenada y un fuerte sonrojo tiñó sus mejillas. Ambos nos apartamos de inmediato con torpeza. En un parpadeo, su rostro recuperó la máscara de la mujer diligente e inteligente de la noche anterior.—Vámonos ya de este lugar —ordenó, sacudiéndose el polvo del vestido—. Vayamos directo a la central de autobuses.—Muy bien, jefa —murmuré.Diablos, esta mujer me hacía sentir como si yo fuera el secuaz y ella la líder. Salimos de la casa abandonada y abordamos el primer transporte público. Yo quería pedir un taxi, pero ella insistió en que el autobús nos mezclaba mejor con la multitud. Incluso sugirie que nos tiñéramos el pelo o compráramos pelucas en la central.—Lo menos que quiero es tardar en salir de la ciudad —me respondío, subiendo los escalones del camión—. No vamos a infiltrarnos, Jhonny. Vamos a escapar.Temía admitirlo, pero ella era mucho mejor que yo en esto de ser detective. Quizás yo debería empezar a leer esas revistas pulp para formarme mejor.—Deja tu ego herido —me espetó ella al oído—. Tomemos el camión que nos deje más lejos de esta porquería de ciudad.La acompañé hasta los andenes de la central de autobuses, pero cuando llegó el momento de comprar el boleto, di un paso atrás. No iba a subir.—¿Pero qué haces? —me encaró ella, con los ojos abiertos por la sorpresa.—Melanie, tal vez tú seas la experta detective que yo nunca logré ser en todos estos años , pero esta ciudad y yo somos uno solo —le dije—. Tú escapa. Yo tengo que quedarme a resolver este crimen.—¡Deja el estúpido papel de detective privado, Johnny! —me jaloneó de la solapa—. En este crimen están involucradas las altas esferas de la política. Si te contara lo que yo vi en esa asquerosa ciudad... Escapa conmigo. Deja atrás todo. No le debes nada a esta gente ni a esta inmunda ciudad. Ciudad Nocturna está condenada a extinguirse. Es mejor que se queme por completo a tratar de salvar las pocas vidas decentes que merecen huir.La miré a través del humo del combustible barato.—Quizás tengas razón, nena. Pero yo no soy valiente. Quiero intentarlo... y tal vez morir.—Morir es lo único que vas a lograr —sentenció ella, con los ojos empañados—. Yo me largo.Sacó un grueso fajo de billetes que no sabía que guardaba entre sus ropas y me lo puso en las manos. La vi subir al autobús y partir hacia el norte. Me quedé solo en el andén. Sabía perfectamente que no era un héroe; era un maldito suicida que quería que la ciudad terminara el trabajo y me matara de una vez por todas. Pero si el diablo había decidido salir a comer a mis calles, yo quería intentar frenarlo.

XII. El precio del silencio

Apenas salí de la terminal, un imponente auto negro de lujo me interceptó subiéndose a la acera. La portezuela se abrió y vi salir a Timothée.—¿Pero qué haces aquí, idiota? Deja de jugar al...No pude terminar la frase. Dos matones enormes bajaron detrás de él. Uno de ellos me plantó una pesada porra eléctrica en el costado. La descarga me sacudió las vértebras y me tiró al piso del vehículo. Me arrastraron al asiento trasero.Allí, envuelto en el humo de un cigarro fino, estaba el mismísimo Maxwell Deinos. Lo reconocí de inmediato por su excéntrico traje blanco con detalles de oro y su ridículo sombrero con banda de piel de leopardo.—Lo siento, Johnny —dijo Timothée desde el asiento delantero, sin mirarme—. Pero el crimen paga mejor.—No te preocupes, Timothée —escupí, apoyando la espalda contra el asiento de cuero—. Espero que tu madre, mientras agoniza en la cama del hospital, esté orgullosa de su hijo doble cara.—¡Cállate, Johnny! ¡Tú no sabes nada! —gritó el muchacho, girándose para asestarme un brutal puñetazo en el vientre.Me doblé del dolor, pero levanté la vista hacia los ojos fríos de Maxwell Deinos.—Sé que estabas con mi hija —dijo el magnate, con una voz extrañamente calmada—. Quiero saber a dónde se dirige.—Con que Satanás decidió presentarse en persona... —sonreí con los dientes manchados de sangre—. Hasta donde yo sé, el diablo solo tiene un hijo, y se parece a ti, no sabía nada de una hija .Deinos hizo una leve señal con la mano y el matón me hundió el puño de nuevo en el estómago. El aire se me escapó de los pulmones.—Mira, chico, o me lo dices o mueres aquí —dijo Deinos, acomodándose los anillos de oro—. El heroe nunca mueren en las historias. No sé qué cuentos de hadas conozcas, pero los héroes mueren todo el tiempo. Mueren en las trincheras, como tu padre, por los caprichos y los negocios de gente como nosotros. Da igual si no me lo dices; igual la encontraré. Y haré que comparta el mismo destino de lo que vio hace dos noches. Considero eso una confesión, mi querido Maxwell... O tal vez no - comtesto. -Yo no me ensucio las manos con la basura. La ciudad es muy grande, y las personas pueden perderse... tal como se perdió tu exesposa-.El nombre de Stephanie detonó una bomba en mi cabeza. Todos los recuerdos, la sangre y el dolor de hace siete años regresaron de golpe. Exploté. Intenté abalanzarme sobre él a pesar de las cadenas y los golpes.—¡Cerdo imbécil! —le rugí, sintiendo los hilos de mi cordura romperse—. ¡Si tuviste algo que ver con ella, te juro que te mataré a ti y a todos los que están en este maldito auto!El matón de la derecha me acomodó otro golpe en el vientre que me hizo arrodillarme en la alfombra del coche.—Mira, cerdo capitalista —le siseé, tragándome el dolor—. Yo apoyo a los rojos trabajadores como mi padre. Vas a tener que arrancarme la información de mi propio cadáver.—Esa es la idea, Johnny —respondió Deinos con una sonrisa gélida—. Preguntarte ya muerto. Tu cuerpo será parte de algo mucho más grande que tú y yo. Chicos, terminen con esto.La porra eléctrica volvió a hundirse en mi cuello. El chispazo azul cegó mis ojos y la mente se me quedó completamente en blanco por segunda vez.

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