Esas calles heladas y el encendedor sin gas, pata, ya te dicen cómo está la noche. El frío lo acompaña hasta la mañana, cuando Jhonny despierta en la celda oliendo a orines y sin un cigarro.
Nocturna
Pensamiento
Esas calles heladas y el encendedor sin gas, pata, ya te dicen cómo está la noche. El frío lo acompaña hasta la mañana, cuando Jhonny despierta en la celda oliendo a orines y sin un cigarro.
Contenido de la publicación
En las heladas calles de Ciudad Nocturna se cometen crímenes a diario. Los periódicos holográficos y los redactores siempre van retrasados con encabezados de brutal violencia, pero ninguno como el que sucedió el 9 de agosto de 1923.Yo me encontraba en el bar, tomando el último trago de brandy barato que el salario de un detective privado puede permitirse un sábado por la noche. Las luces de neón titilaban, creando una atmósfera de pobreza y decadencia que combinaba a la perfección con mi corbata barata y mi sombrero de veinticinco centavos. Salí a la acera para fumar el último cigarrillo de mi vieja cajetilla. Difícilmente podía prenderlo con mi encendedor, que ya carecía de combustible. En ese momento, el grito ensordecedor de una mujer se escuchó a millas de distancia. Para mí, aquello no podía ser otra cosa que otro cadáver.De repente, la luz estroboscópica, roja y azul, iluminó la calle. La policía cerró el perímetro. Mi vocación —o mi estupidez— me forzó a ir a echar un vistazo. Llegué rápido al lugar, a pesar de los gritos de la mujer que aún resonaban a lo lejos, o quizás eran mis sentidos alterados por el alcohol y esos diez gramos de polvo de ángel que frecuentaba meterle al cuerpo.Por suerte, uno de los uniformados me conocía.—¿Qué tenemos, Jhonson? El muy ingrato me contestó con una sonrisa burlona:—Jhonny, no es tu asunto. Ve a inspeccionar el fondo de otra botella de brandy barato, todos los "azules" le correspondieron la risa "Bastardos insolentes" masculle en mis pensamientos les solté un enunciado como respuesta a su falta de respeto-Yo patrullaba esta ciudad antes de que ustedes empezaran a beber leche de los senos arrugados de sus madres—, sé que soy un vulgar insensible, pero no tolero las faltas de respeto, Lo que me gané a continuación fue un golpe directo en la cara que me dolió más que mil jaquecas. Pronto escuché una voz bastante conocida desde la línea policial:—Basta de molestar a los veteranos de guerra; Y te hablo a ti, maldito bastardo de pacotilla. Jhonny, no estamos jugando a los detectives privados.Era mi antiguo compañero de trabajo cuando yo era uno de esos malditos azules, ahora vuelto teniente. Me arrojó unos cuantos dólares impresos y me dijo:—Maldita escoria italiana, lárgate a tu ratonera que llamas oficina y deja a los profesionales trabajar.—Lo haría encantado, Steve —le escupí—, pero la teibolera de tu madre descansa hoy.—Sabes, Jhonny, esa lengua tuya es la razón por la que estás de nuevo vagando jugando al detective. ¿Cuándo fue la última vez que resolviste un caso que no fuera la amante despechada de alguien?—Cuando encontré a la bruja de tu exmujer acostada en la cama del comisionado de policía "Sabía que decía la verdad"; Esa zorra se acostaba con todos en el bar; abría las piernas a cualquiera que le invitará una simple copa o una cerveza barata, o les lustraba el trofeo por algo tan simple. Una vez la encontré en el bar de siempre me platicó de sus intimidades mientras yo resolvía un caso; lo interesante es que ella confesó todo en el juzgado y yo ni tuve que esforzarme. Nancy era una joven que se escapó de la casa de su abuela por aventura y terminó en una vida promiscua. Nadie sabe dónde está ahora; abandonó la ciudad, la única cosa sensata que hizo en su vida. Al menos fue más lista que todos los presentes.—Muchachos, saquen a este parásito de mi vista —ordenó Steve.De pronto, dos uniformados me levantaron y me arrojaron a los contenedores de basura. Por suerte, fui más rápido y les planté un nano micrófono en el equipo para saber qué pasaba. Lo que escuché a través del receptor fue lo más repulsivo y vomitivo de la noche:—Parece ser una mujer joven:Decapitada, empalada y mutilada de senos y vagina —decía la frecuencia—. No se encontraron huellas ni rastro de ADN, la víctima no puede ser reconocida ni por huellas digitales, pues le cortaron las primeras falanges de manos y piernas,quizás yo no sea un experto forense, pero dudaba que las falanges fueran por pura diversión; se trataba de ocultar la identidad biológica de la víctima. Decidí entrometerme en el caso, más por diversión que por un sentido del deber. Además, en el ambiente flotaba algo tan terrorífico que me daba miedo no reconocer la naturaleza del acto. Prefería conocer al demonio que lo hizo antes que convertirme en la próxima víctima de la misma oscuridad, parecía que el mismo satanás había abandonado los infiernos para divertirse en tan vil y pestilente ciudad.Me levanté de entre la basura y me dirigí a mi oficina. Fue entonces cuando el licor barato y el polvo de ángel fulminaron mis instintos por completo. Me desplomé en el suelo y mi mente quedó en negro.A la mañana siguiente me encontré encerrado en la jefatura, con la ropa oliendo a orines. Me detuvieron por alterar el orden público; lo último que recordaba era caer en la acera. Travis, un antiguo colega, me despertó golpeando la celda con su macana y me soltó que una mujer había levantado cargos de acoso en mi contra. —Tal vez sea un asqueroso alcohólico, pero no un cerdo acosador.—Travis, quizás me veas como una basura caminante, pero sabes perfectamente que no soy un sucio pervertido —le reclamé.Su mirada fue como si jamás me hubiera conocido. Nunca fui un buen policía, pero tampoco era un santo; tenía mis vicios desde antes y no quiero mencionar desde cuándo, pero Travis me lo recordaba con su la sola mirada. Parecía que un héroe se había caído para él y para todos los uniformados de la jefatura.En ese momento escuché el grito del bastardo de Steve:—¡Vamos, largo de aquí, maloliente y desperdicio de ser humano! No sé qué rayos pagó tu fianza, pero parece que hasta los diablos tienen a sus ángeles cuidando. Lárgate de mi jefatura y no te quiero merodeando mis investigaciones. Si te vuelvo a ver, pedazo de estiércol, te golpearé.—Yo también te amo, Steve. Nos vemos para Acción de Gracias.Saqué la cajetilla de cigarros de mi gabardina, pero estaba vacía. Al cruzar la salida, vi a una linda chica que me esperaba fuera de la jefatura. No estaba interesado en ella, hasta que soltó algo directamente relacionado con el caso.—Me llamo Melanie Sinclair. Soy hija del empresario de la ciudad, Maxwell Deinos.Antes de que terminara la frase, la interrumpí de golpe:—Sabes, nena, eres sexy, pero las chicas no me van. No soy de tíos tampoco; un alcohólico como yo solo ama el brandy barato y los cigarrillos.Ella continuó firmemente, ignorando mi cinismo:—Yo vi lo que pasó anoche. Fui la mujer que gritó.Mi cara cambió por completo de expresión y la tensión del ambiente aumentó. Pero mi estupidez pudo más que mi habilidad de detective:—Nena, ahí está la jefatura de policías. Llena un informe y déjame en paz. Tuve una larga noche y no tengo tiempo para ti, primor. Me espera una botella de brandy de 1890 que tiene mi nombre y, con suerte, un pedazo de mi propio hígado.Lo que siguió me congeló la sangre:—Me temo que la policía está involucrada y no puedo hablar con ellos por temor a que me pase lo mismo. Corro por mi vida y estoy arriesgando todo al decirte esto.La miré fijamente a los ojos.—Bueno... ¿qué tal si me acompaña a mi despacho y hablamos de ello? Le invito un brandy barato, la especialidad de la casa, pero me temo que los honorarios corren por su cuenta. Ya abrí la oficina, ¿tiene auto o pido un taxi?Ella pidió un taxi y nos dirigimos a mi oficina.
Thoughts
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PermalinkMelanie dice ser hija de Maxwell Deinos pero se apellida Sinclair, y de ella no me fío. Apuesto a que la muerta sin falanges es Nancy, la que según Jhonny se largó de la ciudad.
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PermalinkEsas calles heladas y el encendedor sin gas, pata, ya te dicen cómo está la noche. El frío lo acompaña hasta la mañana, cuando Jhonny despierta en la celda oliendo a orines y sin un cigarro.
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